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    La poesía de Rosalía de Castro
     © Marina Mayoral
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La poesía de Rosalía de Castro

Marina Mayoral Díaz



Portada



A mis padres, que, por tantas razones, hicieron posible este libro.



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ArribaAbajoPrólogo

Bienvenido sea este excelente libro sobre Rosalía de Castro, escrito por una gallega de muy fino sentido poético, penetrante y objetiva. Ser mujer y gallega supone dos condiciones favorables para ver desde dentro la obra de Rosalía, comprenderla mejor e identificarse con muchas de sus reacciones y actitudes; pero encierra también el riesgo de incurrir en la mera emotividad, en la alabanza desorbitada o en la mitificación. Ahora bien, Marina Mayoral, con su cabeza clara, su ponderación y su afán de llegar al fondo de los problemas con que se enfrenta, es refractaria al sentimentalismo. Su amor a Galicia y a Rosalía no le impide ahondar en aspectos que no responden a la imagen de la santiña, calibrar aciertos poéticos y caídas, tratar de explicarse a qué obedecen unos y otras. Surge así una Rosalía vigorosamente humana, contradictoria, enigmática y mucho más atractiva, que se esfuerza por creer y no lo consigue, se siente víctima del destino y se revuelve contra él, se abraza con el dolor y odia a los dichosos; compasiva y llena de resentimientos; intimista y comprometida en poesía social; a veces iluminadora de las más profundas cavernas del alma, a veces moralista y retórica, con oro y escoria en sus versos. Para mostrar hasta qué punto comparto esta interpretación, transcribiré aquí pasajes de una conferencia que di fuera   —10→   de España, en 1948 y que han permanecido inéditos hasta ahora:

«Rosalía es uno de los espíritus que en nuestro siglo pasado experimentó con más hondura lo que Unamuno habrá de llamar "el sentimiento trágico de la vida". Lucha entre la fe y la duda; mejor dicho, consciente de haber perdido la fe, quiere recobrarla, sin que su alma atormentada lo consiga plenamente. Se pregunta por qué, existiendo Dios, es posible la victoria del mal; protesta por la eternidad del infierno como castigo del pecado y manifiesta su descreimiento respecto a la vida futura. Como don Miguel, dirá que la esperanza en la otra vida es ilusión, es sueño; pero, también como don Miguel, quiere abrir una puerta a esa ilusión, siquiera sea con un "¿quién sabe?"... En Rosalía la duda no había nacido de una razón insatisfecha y meditadora; era producto de la resistencia a apurar el cáliz de la amargura, grito ("el insolente grito", según sus palabras) de rebeldía contra la tribulación. Por eso los lenitivos más eficaces le llegan por la vía del sentimiento: la fe renace en su espíritu acongojado cuando, en la soledad de la catedral aromada de incienso, un rayo de luz ilumina la bella imagen de Santa Escolástica. El camino de la estética era, desde luego, seguro para quien vivía añorando la "hermosura sin nombre, pero perfecta y única". También era eficaz recordar el padecimiento de Cristo: la lección del Maestro de dolores tenía que actuar poderosamente sobre un espíritu dispuesto siempre a participar en la aflicción ajena; por eso no es de extrañar que, mientras la idea de la grandeza divina anonada a Rosalía y le quita la esperanza de sobrevivir, la imagen del Crucificado sea para ella, como para Unamuno, prenda de inmortalidad...

»...Rosalía declara que el odio la ha atormentado tanto como el amor. Y no hemos de entender que se refiere sólo   —11→   al odio recibido de los demás. Su alma recelosa ve a su alrededor la burla constante de los hombres; imagina que las fuerzas naturales murmuran de ella o juegan con su dolor; hasta la negra sombra que nunca la abandona se ríe al colocársele junto a los cabezales del lecho. Y Rosalía reacciona con la hostilidad contra la hostilidad; lo que en un tiempo quiso, se le convierte en objeto de aversión: "dudo si el rencor adusto / vive unido al amor en mi pecho". No en primera persona, pero sí con la violencia del propio sentir, expresa envidia ante la felicidad de los otros ("A sus plantas se agitan los hombres..."). En cambio tiene siempre una mirada compasiva para la miseria circundante, lo que explica el carácter "social" de muchas creaciones suyas con más o menos quilates poéticos. En su obra entran niños ateridos de frío, mendigos, "piadosas samaritanas" desamparadas tras la seducción, emigrantes, mujeres de emigrantes -"viudas dos vivos"-, fracasados, suicidas. Cuando una vez pretende cantar egoístamente la dicha, los "pensamientos de alas negras" no le dan libertad, y las angustias de la humanidad doliente le inspiran una impresionante enumeración:



   ...Y en los mundos luminosos penetremos
en donde nunca resuena la débil voz del caído,
en donde el dorado sueño para en realidad segura
y de la humana flaqueza sobre la inmensa amargura
y sobre el amor que mata, sus alas tiende el olvido.

   Ni el recuerdo que atormenta como horrible pesadilla,
ni la pobreza que abate ni la miseria que humilla,
ni de la injusticia el látigo, que al herir mancha y condena;
ni la envidia y la calumnia, más que el fuego asoladoras,
existen para el que siente que se deslizan sus horas
del contento y la abundancia por la corriente serena.
—12→

   Allí donde nunca el llanto los párpados enrojece,
donde, por dicha, se ignora que la Humanidad padece
y que hay seres que codician lo que, harto, el perro desdeña...



Insatisfecha y humanitaria, Rosalía experimenta la atracción de la poesía progresista y civil. A veces con gastada retórica; a veces con acentos que hacen pensar en algo más cercano a nosotros...»



Estos fragmentos, que Marina Mayoral no ha conocido hasta después de haber escrito -¡con cuánta agudeza y profundidad!- sus capítulos sobre la visión del mundo y los temas poéticos de Rosalía, explicarán que yo me alegrase viendo crecer su libro. Con independencia absoluta, sus puntos de vista coincidían con los míos; pero lo que en mi ignorada conferencia no pasaban de ser observaciones de un lector atento, eran en el estudio de Marina parte de la caracterización lograda tras un análisis exhaustivo y probatorio. Fuera de la métrica, deliberadamente excluida, ningún problema de la poesía rosaliana ha sido soslayado o tratado a la ligera por su exegeta. Marina se los plantea con decisión, los examina a fondo, precisa sus diversos aspectos; intenta explicarse las contradicciones que frecuentemente ofrecen las actitudes adoptadas por Rosalía ante ellos; revisa las interpretaciones formuladas por otros, nos da la suya y nos convence. Obra de su claridad mental son las distinciones entre las sombras, familiares y evocables, de los muertos, la «negra sombra» y la «sombra tristísima», ambas simbólicas e indefinibles; entre las penas y el dolor; entre los varios aspectos de religiosidad o entre los diferentes matices de la saudade. Aunque no hace investigaciones biográficas, tiene en cuenta los datos conocidos que pueden arrojar luz sobre las creaciones literarias, y no vacila en aplicar métodos psicoanalíticos, que abren inquietantes y aclaradoras perspectivas;   —13→   así, da sentido a La hija del mar, novela juvenil inexplicada antes. El estudio de la expresión poética no oculta cuanto en Rosalía es retórica, prurito didáctico o manida herencia romántica, pero también pone de relieve el fragmentarismo, la vaguedad y la elusión que acentúan el misterio y anuncian, a veces con estremecedor acierto, los logros mejores del simbolismo.

Marina Mayoral no echa en saco roto las aportaciones de la crítica rosaliana anterior: las examina con ecuanimidad y acepta lo que de cada una le parece aprovechable; pero no se siente obligada a suscribirlas, y encuadra lo aceptado en su propia visión personal, integradora y autónoma. Su libro marca hoy un hito señero. Mi prólogo termina felicitándola sin reservas.

Agosto, 1972.

Rafael Lapesa



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ArribaAbajoIntroducción

Durante muchos años el silencio de la crítica envolvió la obra de Rosalía de Castro. Como ejemplo de este olvido citó Azorín -y desde entonces se cita siempre- su ausencia de las antologías de Valera y Menéndez y Pelayo. Entretanto, Rosalía se iba convirtiendo en algo más que una figura histórica y literaria. Se iba haciendo un símbolo, una encarnación del alma de Galicia. Cuando la crítica volvió los ojos hacia ella, el proceso había llegado a su fin: Rosalía era -es- ya un mito. Silencio y mitificación han hecho de ella una figura mal conocida. La complejidad de su obra y sus circunstancias biográficas aumentaron las dificultades para su conocimiento.

Rosalía escribe en gallego la mayor parte de su obra poética, y el emplear una lengua que no es la oficial de la nación y el haber sido la primera que la usó con auténtica categoría literaria tras un silencio secular, fue un grave inconveniente para la crítica. Hoy nos parece ridículo, pero todavía se sigue separando en los estudios críticos su obra castellana de su obra gallega, como si no nacieran de la misma fuente. Pero no sólo escribe en gallego, sino que habla de Galicia. No es una poeta puramente lírica, sino que posee una fuerte tendencia social: no es sólo la poeta quien se refleja en sus versos; es también un pueblo. Hay que   —16→   conocer las condiciones históricas y sociológicas de Galicia para aquilatar en qué medida Rosalía representa a ese pueblo.

Además, escribe novelas. Unas novelas extrañas, desconcertantes, de escaso valor literario, pero interesantísimas en cuanto a que son la versión en prosa de las mismas vivencias que se hicieron poesía.

A las dificultades del bilingüismo, de la vinculación a un pueblo y de la doble condición de novelista y poeta se unen las que dimanan de su biografía. Muy poco sabemos de su vida íntima. Hija de madre soltera y de padre sacerdote, recogida primero por la familia paterna y más tarde por su madre, poco se ha escrito sobre sus relaciones con ambos progenitores durante su infancia. Poco también de su vida matrimonial. El crítico echa en falta el apoyo de la biografía para ratificar o rectificar algunas hipótesis que sus poemas sugieren.

A todo esto vino a sumarse la aureola mítica: Rosalía, voz del pueblo, encarnación del alma galaica, de la raza celta...

Este estudio es un intento por acercarse a Rosalía de Castro teniendo en cuenta todos los aspectos citados. He estudiado su obra poética, atendiendo a la radical unidad del autor y no a la diversidad del instrumento lingüístico empleado. Por igual razón, a pesar de que el presente estudio se centra en la poesía, he recurrido repetidas veces a la obra novelesca, demostrando la relación existente entre ambas. He analizado circunstancias históricas y sociológicas del pueblo gallego para ver en qué medida Rosalía refleja o recrea la realidad circundante. Y me he acercado a su poesía con sentido crítico, viendo lo que la poeta debe a la época en que vivió y lo que es creación original, lo caducado y lo que ha sobrevivido, sus aciertos y sus   —17→   errores. También he intentado delimitar la base real sobre la que se construyó el edificio mitificador: en qué medida es o no consciente de su papel de voz del pueblo, o, en términos modernos, si fue o no voluntaria y conscientemente una poeta comprometida.

Partiendo de esta actitud crítica, he prescindido de aspectos parciales sobradamente estudiados. He separado, para mayor claridad, su visión del mundo y los recursos expresivos de que se vale para plasmarla; por supuesto que esta distinción es puramente metodológica y no implica separación tajante de dos aspectos profundamente enlazados. Tanto en lo que se refiere a la temática como al estilo, he procurado siempre mantener la mayor objetividad crítica. No he seleccionado siguiendo criterios previos, sino que he recogido todo el material disponible y sólo a la vista de este material he dado una interpretación o valoración personal. Por supuesto, no pretendo que sea la única ni la definitiva, pero sí puedo afirmar que ningún prejuicio condicionó mis conclusiones y que éstas nacieron de un estudio exhaustivo de la obra y de la escritora.

Para la realización de este trabajo, he contado con la generosa ayuda y orientación, que agradezco muy sinceramente, de don Rafael Lapesa y don Ramón Piñeiro.



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ArribaAbajoAdvertencia preliminar

Los textos de Rosalía difieren enormemente de unas ediciones a otras, especialmente en la ortografía, signos de puntuación, acentos y formas contractas. Pero incluso las variantes se extienden a la morfología y al léxico, dando lugar a distintas lecturas que, en algunos casos, poseen sentidos muy diferentes.

Hasta ahora, la edición de conjunto más utilizada es la de Obras completas, carente de todo rigor en la fijación de los textos. A pesar de eso, la seguiré citando en alguna ocasión por tratarse de la más abarcadora.

Hace muy poco ha aparecido la edición titulada Poesías, publicada por el Patronato Rosalía de Castro, en edición preparada por la Cátedra de Lingüística y Literatura Gallega de la Universidad de Santiago, con prólogo de su titular, Ricardo Carballo Calero. Esta edición es la que sigo para todas las citas, mientras no se indique lo contrario. Por primera vez, se ha planteado críticamente la edición de los textos rosalianos fundamentales (Cantares gallegos, Follas novas y En las orillas del Sar). Como explica el prologuista, ha partido siempre de las ediciones hechas en vida de la autora, procurando respetar al máximo los textos de Rosalía. En general, la ortografía es la académica vigente, salvo cuando exigen otra cosa razones de métrica o el deseo de conservar   —20→   el sabor original de algunos dialectalismos. Se ha revisado a fondo la puntuación, que muchas veces era incongruente. Esta edición me parece un avance muy notable en los estudios rosalianos y retrasé la entrada en imprenta de este estudio para seguir sus lecturas. Sin embargo, hay que recordar que no es completa, pues no recoge los primeros libros de Rosalía ni los poemas añadidos a sus obras después de muerta su autora. En estos casos, recurro a la edición de Obras completas.

Para las lecturas dudosas, he hecho el cotejo con las primeras ediciones:

  1. Follas novas. Versos en gallego por Rosalía de Castro de Murguía, precedidos de un prólogo de Emilio Castelar, editor, La Propaganda Literaria, Habana-Madrid, 1880.
  2. En las orillas del Sar, poesías de Rosalía de Castro de Murguía, Madrid, Establecimiento tipográfico de Ricardo Fe, 1884.
  3. Las variantes de la primera edición de Cantares gallegos se han tomado de las notas a la edición hecha por Fermín Bouza Brey, Vigo, ed. Galaxia, 1970.

También se han tenido en cuenta dos ediciones anotadas:

  1. Cantares gallegos, ed. de Ricardo Carballo Calero, Salamanca, ed. Anaya, 1963.
  2. En las orillas del Sar, ed. de J. Alonso Montero, Salamanca, ed. Anaya, 1964.

Todas estas aclaraciones no me parecen erudición ociosa. Sin una fijación adecuada de textos, la crítica más brillante puede desmoronarse. Y la poesía de Rosalía de Castro posee -creo- la importancia suficiente como para que su estudio se acometa desde bases lo más sólidas posible. Sólo después vendrá -quizá- el talento interpretativo del crítico: lo que ninguna Salamanca enseña.



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ArribaAbajoSiglas utilizadas

O. C. = Obras Completas, Madrid, ed. Aguilar, 5ª ed., 1960.

C. G. = Cantares Gallegos (en Poesías, ed. Patronato Rosalía de Castro, Vigo, 1973).

F. N. = Follas Novas (en Poesías, ed. citada).

O. S. = En las orillas del Sar (en Poesías, ed. citada).






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