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Actualidad de «Ámbito». El primer libro de Aleixandre

Leopoldo de Luis

Agotado desde años, mucho satisfará a los lectores de Vicente Aleixandre y, en general, a cuantos amen la Poesía, esta nueva edición del primer libro de nuestro gran poeta1.

¿Qué significa este libro en la obra de Aleixandre? El lector que en 1928 lo tomara en su mano, si bien reconocería la indudable existencia de un auténtico e indiscutible poeta que en estos versos está patente, no hubiera podido presuponer lo que años arriba -o años abajo- sería su genial obra. Porque el curso de la personalidad de un poeta es imprevisible, y el de Aleixandre revolucionó su recién nacida corriente de poesía que llamaríamos tradicional, para escribir ese libro de apasionado fuego telúrgico, ese acervo de materia poética en libertad que es Pasión de la tierra, en el que se cortan todas las amarras visibles con lo tradicional. Y de Pasión de la tierra, de su ovillo superrealista, ya devanándose el hilo prodigioso de la sucesiva obra aleixandriana.

Pero no olvidemos que, como el mismo Vicente ha dicho, en poesía, muchas veces, la línea revolucionaria, si de veras genuino, acaba mostrando ser, haber sido, la única línea tradicional.

La evolución, siempre ascendente en perfección y belleza de la poesía de Aleixandre, nos sitúa hoy en un punto desde el que podemos leer y comparar su primer libro con elementos de juicio muy útiles para relacionarlo dentro del conjunto de su obra. Si establecemos fácilmente una perfecta secuencia desde Pasión de la tierra a Sombra del Paraíso, tal vez tendríamos que dejar desconectado, extraño, este libro Ámbito. Pero si desde una emoción directa y humanísima que alienta en algunos poemas de Sombra del Paraíso (tales, por ejemplos, «Padre», «Ciudad del Paraíso», «Adiós a los campos»), miramos otros poemas de Ámbito, veremos que la relación existe, y que el poeta ni se niega ni se desconoce, sino que, identificado en su obra con una línea vital, está presente en uno y otro polo de su producción.

El poeta, a través de sus tres libros cronológicamente centrales (Pasión de la tierra, Espadas como labios, La destrucción o el amor), ha creado un mundo extraordinario, mágico, caótico, en el que apasionadamente intervienen las fuerzas vitales en una concepción unitaria y cósmica. Ha empleado para ello un material onírico y peculiarmente superrealista. Luego se ha clarificado, ordenado todo ese mundo, y ha creado la prodigiosa visión de Sombra del Paraíso, de una pureza expresiva y una entraña poética impresionantes. Al mismo tiempo, como ha escrito con su acostumbrada penetración el maestro de la crítica Dámaso Alonso, la emoción siempre viva en la obra de este poeta, que opera generalmente sobre las grandes fuerzas de la vida, se concreta en muchos poemas de Sombra del Paraíso a pormenores de ambiente humano. Y por aquí, según apunté antes, podríamos conectar con el acento de su primer libro, que ahora comentamos.

En sí, Ámbito es un libro en la tendencia de la llamada «poesía pura», que culminaba por la época a que pertenece. Predomina un sentido del paisaje, hasta el punto de ser muchos de los poemas líricamente descriptivos, como, por ejemplo, «Riña» o «Alba». Otros poemas, tales, «Retrato» y, singularmente, el delicioso poema «Adolescencia», están transidos de una emocionada ternura. Una vaga tristeza, como efluvio lírico, trasciende y nos contagia. Con razón ha escrito el propio Vicente Aleixandre que para él la poesía no consiste tanto en ofrecer belleza, cuanto en alcanzar comunicación profunda del alma de los hombres. Lo cual está logrado desde estos primeros poemas.

Otras composiciones de Ámbito tienen una finura y aparente levedad, una sutil gracia, como «Amante». El poeta no ha trascendido aún hacia esa «comunión con lo absoluto» que es el amor, razón de su obra, pero en sus poemas, del más puro lirismo, ya logra un entrañable, un hondo acento. Dámaso Alonso hace notar cómo se encuentra ya en Ámbito la preferencia del poeta por el gran paisaje, sencillo e inmenso, y cómo en la imagen se insinúa la relación de formas y seres de la Naturaleza, que es luego predominante en la obra siguiente.

La mayor parte de estos poemas que constituyen el volumen comentado, se engarza bellamente en el hilo del asonante. Más tarde, empleará Vicente el verso libre, decidida y casi exclusivamente. Unos romances casi tradicionales, unas composiciones romanceadas, predominan aquí. Y desde el primer momento, desde esta obra de juventud, se evidencia, en los endecasílabos, en las diferentes combinaciones, como la de versos de diez sílabas con los de seis, el sentido del ritmo que el poeta posee, y que luego llevará, con singular acierto, a su verso libre. Curioso de factura es, por ejemplo, el romance «Cruzada», en que dos poemas van entrelazados, unidos y exentos a la vez.

Constituye un acierto la reedición de este libro inaugural de la poesía de Aleixandre. Por muchos motivos. Porque se facilita a una generación joven que sigue al maestro, la oportunidad de conocer una fase de su obra poco leída, a causa de la escasez de ejemplares. Porque podrá comprobar esa juventud cómo el poeta que lo es de verdad está manifiesto aún en las fórmulas más sencillas y cómo además de en el versolibrismo, el poeta ha de saber moverse holgadamente en el rigor silábico. Porque da ocasión para conexionar una serie de valores permanentes en la obra del poeta, siguiendo su solución y desarrollo. Y, por fin, porque difunde un libro hoy «raro» -como muchas de las ediciones de su época- que constituye una obra bellísima y muy valiosa de nuestra poesía contemporánea, en la que se encierran los primeros versos de uno de los más grandes y significativos poetas españoles de todos los tiempos.