Alocución que dirigió el ilustre americano General Guzmán Blanco a los venezolanos al encargarse del Poder Supremo en 26 de febrero de 1879
Venezuela
Guzmán Blanco, Ilustre Americano, Pacificador y Regenerador de Venezuela y Supremo Director de la Guerra, a los venezolanos:
Retirado de la escena pública desde el 20 de febrero de 1877, época en que terminó mi mandato constitucional, y haciendo votos, los más patrióticos, por la libertad, el orden y el progreso de mi Patria, llegaron a conturbar mi espíritu las noticias de que el Jefe del Gobierno del 2 de marzo, volviendo la espalda a todos sus deberes, acometía la más traidora usurpación del Poder público.
A poco, sacome de la sima del desconsuelo, del desaliento y, pudiera decir, del escepticismo, de todas las esperanzas y de todas las ilusiones patrióticas, la noticia de que con el ínclito Carabobo a la cabeza, todos los Estados de la Unión, con insólita unanimidad popular, habían apelado a las armas para reivindicar los derechos de la Nación, llamándome con el carácter de Supremo Director de la reorganización política y administrativa.
La uniformidad del voto popular, nunca vistos en los anales de mi Patria, lo inminente de la situación actual y lo solemne de los futuros intereses que el país entero quiere salvar, me hicieron oír el llamamiento, me han hecho aceptar el compromiso y me hacen prometer hoy que corresponderé a los deseos y esperanzas de todos mis conciudadanos.
El Gobierno del Septenio fue un Gobierno de combate: su primordial deber fue fundar la paz y poner las bases de la regeneración moral, intelectual y material de la República. Por eso tuvo que ser siempre represivo: a no haberlo sido de una manera inflexible, los enemigos, de continuo en armas, no nos habrían dejado edificar cosa alguna.
Tocaba, como lo dije constantemente, y como siempre lo prometí, al Gobierno subsiguiente, salido de las elecciones libres, apoyado por todos los intereses y todos los partidos latentes, realizar la segunda faz de la regeneración, que era y es fundar el Gobierno impersonal y el régimen constitucional y de la ley.
En lugar de este patriótico resultado quiso sustituirse el imperio personal de un soldado tan ignorante como violento e inmoral, prescindiendo de toda Constitución y derogando de hecho todas las leyes.
Hoy, después del triunfo nacional, colocado a la cabeza del Gobierno político y administrativo, creo interpretar el sentimiento y aspiraciones públicas, consagrándome a reorganizar la Administración nacional, a equilibrar el presupuesto, a revivir la instrucción popular, a recomenzar las obras públicas, a restablecer la inmigración, a refundar el crédito público interior y exterior, a hacer nuevos tratados públicos que den valores a nuestros productos en los grandes mercados del mundo; y a modificar las instituciones, sustituyendo el derecho público de la Confederación Helvética, al derecho público de los Estados Unidos de la América del Norte que hasta ahora nos ha servido de norma, sin el buen éxito alcanzado por nuestro modelo.
Cuento para tamaña empresa con el concurso de todos los hombres patriotas e inteligentes de Venezuela.
Dada en el Capitolio de Caracas, a 26 de febrero de 1879.-Guzmán Blanco.