1
Desde aquí defenderemos la necesidad de contemplar la Generación del 98 desde un marco más general y abarcador, trascendiendo los límites espaciales y temporales que, normalmente, ha impuesto la crítica. Así, considerando el modernismo, no únicamente como un movimiento literario, sino también como una fuerte corriente de pensamiento que transgrede los límites puramente artísticos, enriqueceremos el estudio y la aportación de este grupo de escritores. Desde aquí emplearemos la denominación de «Generación del 98» únicamente por motivos prácticos. Este término precisa de una reformulación que rompa con los estrechos lindes que caracterizan su estudio.
2
Quiñones (1985: 23).
3
Es sobradamente reconocida por la crítica la influencia de la teoría de Bergson en la obra y pensamiento machadiano. Antonio Machado tuvo la oportunidad de asistir a varias de sus conferencias impartidas en el Colegio de Francia en 1911, que marcarían su producción literaria posterior.
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Partimos de la noción de sistema literario, defendida por J. Tinianov (1970: 91), como método de estructuración y análisis de la literatura: «es necesario convenir previamente en que la obra literaria constituye un sistema y que otro tanto ocurre con la literatura. Únicamente sobre la base de esta convención se puede construir una ciencia literaria que se proponga estudiar lo que hasta ahora aparece como imagen caótica de los fenómenos y de las series heterogéneas».
5
Seguimos aquí la distinción de Claudio Guillén (1989: 220) entre sistema, que «denota o bien el conjunto que estas interrelaciones logran reunir o amalgamar, o bien la configuración más vasta que abarca un conjunto tras otro a lo largo del devenir histórico», frente a estructura, donde se «designa especialmente interrelaciones (de dependencia muy significativa) entre unidades constituyentes».
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Uspenski (1993: 54).
7
Cursiva del autor. El término de «duraciones intermitentes» pertenece a George Kubler (1988: 37).
8
La asimilación de lo apócrifo conlleva una transgresión de los límites estipulados. Así, el juego de lo apócrifo no es más que una forma de romper con una tradición inmovilista y un sistema temporal puramente lineal. Esta práctica será uno de los rasgos más sobresalientes de la modernidad literaria. Un ejemplo de ello es el análisis que Fernando Cabo (1997) realiza sobre el replanteamiento de la picaresca en Cela, presente en sus obras La familia de Pascual Duarte y Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes.
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George Kubler (1988: 77) resalta que «cuando una obra de arte ha desaparecido totalmente por demolición y dispersión, todavía podemos percibir sus perturbaciones sobre otros cuerpos en su campo de influencia».
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Un excelente ejemplo del juego del apócrifo es el poemario de Los Complementarios (1912), que Antonio Machado atribuye al profesor Abel Martín.