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1

El paisaje que este acto refleja lleva nuestra memoria al prólogo tantas veces citado de El pedigree, de Ricardo Baroja (1926), donde Valle desentierra sus recuerdos: la Infanta Isabel, presente en todos los actos y durmiéndose en algunos. Echegaray, Cavestany y su halo de fama... «El Conde de Casa Valencia esplendía en la Real Academia Española.» Vemos ahora el acierto de esplender frente a «brillar, relucir, resplandecer». Casa Valencia -innumerables medallas, deslumbradores agremanes dorados en su uniforme y él mismo un dechado de afectada expresión idiomática- debía de representar para Valle-Inclán lo más caduco de la sociedad de fines del siglo XIX.

 

2

Según la lista-registro de las solicitudes, Valle-Inclán entregó la suya el 31 de enero de 1902. El error de la fecha puede ser, simplemente, una anticipación sicológica del mes que llamaba a la puerta; se le cruzó por la mente en el momento de cerrar el escrito, al que hemos de suponer redactado bajo un evidente malestar, preocupación, etc. De todos modos, en un hombre que vivía literariamente, las interpretaciones pueden multiplicarse. Añadamos que, al final de la lista, aparecen algunos rezagados. Se cierra la presentación en 28 de febrero de 1902, con la instancia número 106. Pero aparecen dos añadidos, quizá excesivamente rezagados. (No se exponen motivos para el retraso): Josefa Padilla (n.º 107), en 22 de mayo. Parece que ya tuvo socorros en 1901. Y otro, Francisco Ruiz, n.º 108, en 7 de noviembre de 1902 (ya habían sido otorgados los socorros). También Francisco Ruiz había sido favorecido en 1897.

 

3

Probablemente, tras los nombres que solicitan el auxilio de la Fundación pueden esconderse, con cierta facilidad, descendientes de personalidades del siglo XIX, familias a las que la constante mutación política llevaba del bienestar a la ruina total. Las cesantías, la pérdida de los últimos territorios ultramarinos, los destierros políticos, etc., etc., acarrearon miserias disimuladas o muy visibles. No obstante, algún nombre se reconoce y hasta es declarado con legítimo orgullo aquí y allá en las sucesivas listas. Así, nos tropezamos con Francisca Martínez de la Rosa, hija natural del literato y político (y director perpetuado de la Academia entre 1839 y 1862). Su hija es auxiliada varias veces desde 1897. En 1905 se pierde su rastro. Reconoce no tener pensión ni ayuda oficial alguna por haber nacido cuando su padre ya había cumplido los sesenta años... Apoya su petición, en 1897, nada menos que don Francisco Pí y Margall («me consta que judicialmente ha sido reconocida la exponente hija de D. Francisco Martínez de la Rosa...»). Igualmente fue ayudada Blanca González Bravo y Romea, hija de Luis González Bravo, Ministro de Isabel II, muerto en el destierro tras la revolución de septiembre del 68, y académico... Hay asimismo rastro de ayuda a un nieto de Arriaza, etc., etc. Quizá sean los casos más claros entre los fines de la Fundación y su aplicación práctica.

 

4

La Sra. Gaztambide aparece en la lista de propuestas llegadas al Pleno, añadida fuera ya de la suma, y agraciada con 300 pesetas. Podemos deducir que su ayuda, acordada a última hora, se logra rebajando 100 pesetas a los agraciados con 500. Uno de estos es nuestro Valle. Ver lámina V, con los descuentos a Valle, Lucía Pinzón y Florencio Moreno.

 

5

Véase Carmen Simón Palmer, Escritoras españolas del siglo XIX, Manual bio-bibliográfico, Madrid, Castalia, 1991.

 

6

Véase Eliane Lavaud-Fage, La singladura narrativa de Valle-Inclán (1888-1915), La Coruña, Fundación Pedro Barrié de la Maza, Conde de Fenosa, 1991.

 

7

Es la ocasión en que Satanás, no premiado, llamó la atención de Valera. El cuento apareció en Nuestro Tiempo, enero. 1903. Ese mismo año pasa a Corte de amor, transformado en Beatriz.

 

8

Véase Valentín Paz Andrade, La anunciación de Valle-Inclán, Buenos Aires, Losada, 1967. Allí se recuerdan la devoción joven hacia el autor consagrado y el deslumbramiento sufrido por Valle ante la belleza de la esposa de Echegaray.

 

9

En el concurso de 1902, segundo de El Liberal, el primer premio quedó desierto. El segundo fue para Malpocado. Constituían el jurado, José Echegaray, Eugenio Sellés y José Nogales, este último premiado en el primer concurso.

 

10

Ya E. Lavaud, ob. cit., pág. 536, intuye que Beatriz se incluyó en Corte de amor a última hora y por ello no figura en la enumeración de las heroínas.