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Cambios en las periferias residenciales históricas de baja densidad en Asturias

Ramón Alvargonzález Rodríguez


(Departamento de Geografía de la Universidad de Oviedo.)

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Resumen

A comienzos de siglo, cristalizan en Asturias cuatro periferias residenciales de baja densidad en torno a las ciudades más dinámicas, Oviedo y Gijón, y a las estaciones balnearias de Salinas y Ribadesella. Absorbida la primera por un crecimiento urbano denso, las restantes se convirtieron en áreas residenciales permanentes de vivienda unifamiliar, con los correspondientes cambios en sus rasgos morfológicos.




Abstract

At the beginning of the century, four low-density residential boundaries crystallized in Asturias, around the busiest cities of Oviedo and Gijón, and the spa towns of Salinas and Ribadesella. The first of these was absorbed by dense urban growth, the others became permanent single-family residential areas, with corresponding changes in their morphological characteristics.





Como en otras regiones españolas, el esbozo de unas periferias de baja densidad tiene lugar en Asturias en la segunda mitad del siglo XIX en el entorno de las ciudades que muestran un mayor dinamismo, Oviedo y Gijón. Y, una vez que mejoran las comunicaciones terrestres, también en algunos núcleos costeros de veraneo, configurados como periferia no sólo de las ciudades asturianas sino de otras del interior, incluida la capital del Reino.

Prosiguiendo una tradición de la nobleza del Antiguo Régimen, la burguesía emergente del siglo XIX sembró de quintas de recreo suburbanas los alrededores de las principales ciudades españolas, toda vez que, ante la falta de una red ferroviaria que lo posibilite, no existe el veraneo de gran radio. A mediados del XIX, Madoz indica la proliferación de casas de recreo de la nobleza y la burguesía capitalinas en Chamartín y los Carabancheles; aparte la capital, también en Valencia, Jerez de la Frontera, Alicante, Zaragoza y Barcelona, cuyos contornos de Gràcia, Sarrià y Sant Gervasi tienen «infinitas» torres1.

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En la España cantábrica, las principales periferias suburbanas de baja densidad en torno al cambio de siglo tuvieron mucho que ver con el balnearismo litoral. Así, los ejes de conexión del ensanche santanderino con las playas del Sardinero, así como su propio entorno, se poblaron de hotelitos y palacetes. En Bilbao, la margen derecha del Abra, en las Arenas y Neguri, se configuró también como una ciudad-jardín balnearia, y en San Sebastián se consolidaron las colonias de veraneo de Igueldo, Ayete, Miraconcha, Ulía y Ategorrieta2.

En Asturias, las primeras periferias urbanas de baja densidad aparecieron en la segunda mitad del XIX en torno a Oviedo y Gijón, las dos ciudades con mayor dinamismo, la primera por su inicial industrialización y la asunción de funciones terciarias a escala regional, y la segunda por la consolidación de una función industrial portuaria y balnearia. En el Plano de la ciudad de Oviedo y sus arrabales (1917), de Landeta y López-Dóriga, el casco urbano está flanqueado al este de un eje constituido por la carretera de Gijón y la línea del ferrocarril vasco-asturiano por un conjunto de grandes quintas que, de norte a sur, son las de Velarde, Ríos, Candamo, Longoria y Montes, cuyo origen parece estar en la desamortización eclesiástica de Mendizábal. En el arranque de la carretera de Galicia, en los altos de Buenavista, entre el hospital provincial y la Silla del Rey, aparecen cinco medianas posesiones de recreo pertenecientes a familias de la burguesía local. El cinturón rural de Oviedo quedó salpicado, además, entre 1919 y 1936, por trece colonias de casas baratas promovidas por el Ayuntamiento y cooperativas de obreros y empleados; y en la falda del monte Naranco se trazaron tres parcelaciones de ciudad-jardín: Ciudad-Naranco, Colonia Astur y La Matorra3.

En Gijón, el auge de una burguesía industrial y de negocios, más la fijación, a partir de la década de 1880, de una función balnearia que captaba residentes estacionales foráneos llegados por ferrocarril, originó la construcción de quintas de recreo en las parroquias fronterizas al casco urbano en un semicírculo que, desde la parroquia de Jove al oeste, llegaba hasta la de Somió, al este. En Jove estaban las quintas de las familias Costales, Moriyón y Cienfuegos-Jovellanos; en La Pedrera, la de Rodríguez Sampedro; en Roces, la del Conde de Canga Argüelles; en Cabueñes, las de Cifuentes, Valdés, Polo, Vereterra y Duro. En Deva tenía su palacio el Conde de Revillagigedo, el mayor terrateniente del concejo; y en Somió   —247→   estaban las quintas del obispo de la diócesis, del Duque de Tarancón y del Marqués de Pidal.

Pero la periferia suburbana de baja densidad de Gijón, por los efectos repulsivos de la industria, el puerto y los ferrocarriles, localizados en las parroquias occidentales de Jove y Tremañes, acabó ceñida a la mitad oriental del concejo, muy marcada por los usos del suelo rurales hasta bien entrada la década de 1960, y dentro de aquélla a la parroquia de Somió, la más accesible, por haber contado con una línea de tranvía desde 1890.

En torno al cambio de siglo, cuando la comunicación ferroviaria de Asturias con la Meseta, en vigor desde 1884, permitía el desplazamiento de veraneantes foráneos a nuestra región, cristalizan las periferias balnearias de Salinas y del arenal de Santa Marina, que lo eran no sólo con relación a las villas de Avilés y Ribadesella, sino también respecto a las ciudades de la región, o de fuera de ella, de donde procedían sus veraneantes. Similar papel cumplieron, en la misma época, otras dos periferias estacionales, en las que los capitales indianos tuvieron un papel determinante: la de Somao, en Muros de Nalón, y la de Villar, en Luarca, ambas enhebradas por una carretera de primer orden, la de la costa, que garantizaba su accesibilidad.

Estas periferias residenciales históricas han llegado hasta hoy muy transformadas, convertidas en áreas residenciales permanentes. Salvo en Oviedo, donde el crecimiento denso del último cuarto de siglo las absorbió y desnaturalizó; sólo ciertos vestigios de vivienda unifamiliar de las colonias de casas baratas, de las parcelaciones del Naranco, o del Prado Picón, rodeadas de bloques multifamiliares, o los topónimos de algunas quintas que hoy encierran urbanizaciones de bloques, nos recuerdan la existencia de una periferia suburbana histórica. Sin embargo, la potencia de las funciones terciarias derivadas de la capitalidad regional ha originado en los concejos limítrofes de Llanera y Siero dos periferias permanentes de baja densidad alimentadas por vecinos de la capital, La Fresneda y Soto de Llanera.

También en esta etapa reciente algunas zonas litorales se han convertido en periferias residenciales de predominio estacional respecto a las ciudades mayores del centro de la región, pero también con relación a la demanda madrileña o de otras ciudades del interior. Las más cercanas, mejor comunicadas y de mayores valores naturales en primer término, como la costa de la comarca del cabo Peñas y la ría de Villaviciosa; pero también otros ámbitos litorales dotados de excepcionales paisajes como los de los concejos orientales de Caravia, Colunga y Llanes, o los occidentales de Tapia de Casariego y Castropol.

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Mapa de la provincia de Asturias

Figura 1. Localización de las periferias residenciales de baja densidad en Asturias.

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La periferia de la ciudad industrial de Gijón

Durante la segunda mitad del XIX las quintas suburbanas de la nobleza y la burguesía aureolan, en semicírculo, las parroquias rurales contiguas al casco urbano; de oeste a este, Jove, Tremañes, Roces, Granda, Bernueces, Somió, Cabueñes y Deva. La industria tiene, todavía, una localización intraurbana mayoritaria; y puerto y ferrocarriles no han desnaturalizado, con sus servidumbres, los paisajes rurales de las parroquias occidentales del concejo.

De entre las parroquias rurales, la de Somió, al este del casco urbano, gozó desde 1890 de una mejor accesibilidad al haberse trazado en ese año una línea de tranvía, abierta hasta 1960, que facilitó un más intenso poblamiento suburbano bajo la pauta de ciudad-jardín, aunque manteniéndose unas fuertes reminiscencias rurales.

En la década de 1930, el comienzo de la explotación del pozo hullero de La Camocha, en la parroquia de Vega, marcó el arranque de la transformación del entorno rural al sur de la ciudad, acentuado en ese enclave, durante los años 40 y 50, por la cristalización de un poblado obrero a pie de pozo, de iniciativa patronal. También en algunas parroquias contiguas al casco urbano, como en Jove y Roces, se levantaron en los años 50 bloques multifamiliares de vivienda obrera de iniciativa pública y empresarial. Pero los cambios más radicales se suceden, sin solución de continuidad, desde la década de 1960.

En ella se articula un complejo industrial de base portuaria, que absorbe el suelo de las parroquias más inmediatas al puerto del Musel a poniente de la ciudad: Jove y Veriña. Sus piezas principales son la planta siderúrgica integral de ENSIDESA-Este (actual CSI), levantada en la llanada de Veriña sobre una extensión de 500 has., y el valle del Aboño, donde se ubican una planta cementera, una central térmica, y los parques de carbones y minerales de la planta siderúrgica contigua.

Las fábricas de localización intraurbana de la etapa inicial de la industrialización y de la autarquía, comienzan entonces a ser desmanteladas o desplazadas. En un proceso de desconcentración industrial, prolongado hasta hoy desde la década de 1960, primero la parroquia de Tremañes y luego la de Roces se convierten en los escenarios de los nuevos polígonos industriales. Al oeste de la ciudad, se dibuja desde el desarrollismo un ámbito industrial consumidor de espacio, en una gradación que va desde la industria pesada de las parroquias más alejadas hasta la ligera de los polígonos más cercanos a la ciudad. También las nuevas infraestructuras de comunicaciones devoran espacio, como ocurre con la autopista A-66, en servicio desde 1976, que atraviesa el concejo por las parroquias más occidentales bordeando su zona industrial.

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La incrementada solvencia de las capas medias urbanas, en un marco legal no restrictivo, el de la Ley del Suelo de 1956, que permitía la edificación en medio rural con la sola disponibilidad de 2.000 metros cuadrados al libre albedrío del propietario del suelo, marcó, también desde la década de 1960, la invasión residencial de las parroquias donde la ocupación industrial no había degradado de forma irreversible las condiciones ambientales, o donde no existían medianas o grandes explotaciones ganaderas que mantuviesen un uso rural excluyente.

La ocupación residencial se dirigió, así, hacia las parroquias a la vez más próximas a la ciudad pero más alejadas de los focos contaminantes de la actividad industrial; las del cuadrante nororiental del concejo, tradicionalmente bien comunicadas, y donde además se había iniciado en los años 50 y 60 la ubicación de servicios docentes (Universidad Laboral), sanitarios (Residencia sanitaria de la Seguridad Social de Cabueñes), y donde se localizaba un ocio de proximidad de fuerte arraigo traducido en la proliferación de merenderos, salas de fiestas, restaurantes, y en la localización de las instalaciones deportivas de primera entidad en Asturias, el Grupo de Cultura Covadonga.

Dentro del grupo de cinco parroquias (Somió, Cabueñes, Deva, Santurio y Bernueces) que cubren el cuadrante nororiental del concejo, la ocupación residencial más intensa la experimentó la de Somió, por su proximidad, por su emplazamiento litoral, y por su imagen histórica de periferia residencial de grupos sociales acomodados. En las restantes, los usos residenciales del suelo coexisten con unos usos rurales tradicionales cada vez más marginales, habida cuenta de la demanda creciente de suelo para vivienda unifamiliar, que tiende a cubrir la mitad oriental del concejo4.




Las periferias de Avilés y Ribadesella en torno a los antiguos enclaves balnearios de Salinas y Santa Marina

El arenal del Espartal, o de Salinas, emplazado en la margen izquierda de la ría de Avilés, formó parte de los comunes del concejo de Castrillón hasta 1854, año en que fue enajenado a la Real Compañía Asturiana de Minas (RCAM), empresa de capital belga que a partir de tal fecha comenzó la producción de zinc en el contiguo emplazamiento de Arnao, donde desde 1833 había explotado una mina de carbón submarina.

Para garantizar el aprovisionamiento de la blenda que, por vía marítima, llegaba hasta San Juan de Nieva, la RCAM trazó una línea de ferrocarril a través   —251→   del campo de dunas de la playa de Salinas, y la necesidad de fijarlo para impedir el aterramiento de los raíles fue la causa de la citada compra y del posterior plantío de pinos. La propiedad mayoritaria del arenal por parte de la empresa belga explica, asimismo, su papel pionero en su ocupación, traducido en la construcción de viviendas obreras en el ángulo noroccidental del mismo, muy próximo a la fábrica de Arnao.

La belleza del paraje, su accesibilidad desde la apertura de la carretera de la costa Ribadesella-Canero y la cercanía a la capital regional explican las primeras concesiones de balnearios de mar en la década de 1880, y la aparición de una reducida colonia de veraneantes que empezaron a construir sus casas de recreo en el flanco occidental del arenal.

Su afianzamiento como estación balnearia se confirmó tras la construcción de un nuevo balneario, por Antonio Treillard, en 1909, de un club náutico en 1916; y por la fijación, desde 1908, de las colonias escolares de extensión universitaria por parte de un grupo de profesores de la Universidad de Oviedo que veraneaban en Salinas5.

En el tercio occidental del arenal, al pie del acantilado de San Martín de Laspra, entre la carretera nacional y el mar, apareció, pues, un embrión de ciudad-jardín formada por las primeras viviendas obreras de la RCAM, los chalés de los veraneantes fijos y las fondas y hoteles de los ocasionales. Entonces es ya un enclave balneario, más accesible desde 1903, en que entra en funcionamiento un tranvía de vapor procedente de Avilés, al que en 1918 se añade un segundo de tracción eléctrica. De las 46 casas de 1887 se saltó a las 106 de 1900 y a las 217 de 1920.

El auge de la clientela veraniega introdujo a la RCAM en la promoción inmobiliaria, de suerte que en 1923 puso en venta 35.467 metros cuadrados repartidos en 44 parcelas emplazadas en el borde marítimo, en la carretera de Salinas a San Juan de Nieva; borde ocupado poco a poco entre 1930-1950 por suntuosos chalés de veraneantes de Avilés o de la capital regional.

En la década de 1950, la construcción de la primera planta siderúrgica de ENSIDESA en Avilés y su posterior entrada en funcionamiento desató un rápido crecimiento demográfico de la villa, y una intensa demanda de vivienda que afectó también a los cuadros medios y superiores de la empresa estatal; lo que para Salinas tuvo la consecuencia de mutar una estación veraniega con predominio de la residencia secundaria en una periferia urbana de residencia permanente. Sólo entre 1950 y 1960 se pasó de 396 a 594 edificios construidos.

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Este crecimiento se tradujo en una renovación del viario de la colonia. Sobre la caja del antiguo tranvía de vapor, que rodó hasta la Guerra Civil, abriose un eje viario, la «variante», que partía en diagonal desde la N-632 hasta el centro histórico. También se trazó una nueva calle, la Ronda, que bordeaba el límite acantilado de San Martín de Laspra, flanco occidental de Salinas. En 1961 se acometió la construcción de un paseo marítimo, previa cesión de terrenos por parte de la RCAM.

Cesión no desinteresada, porque, en el marco de una demanda inmobiliaria creciente y de la formulación del primer Plan General de Ordenación del concejo, una filial de la RCAM, Constructora de Castrillón S. A. (CONCASA), levantó en el borde marítimo oriental seis bloques multifamiliares de entre 9 y 13 plantas, que supusieron la ruptura del modelo histórico de ciudad-jardín vigente hasta la fecha. Tras una agria polémica entre propietarios tradicionales y nuevos intereses inmobiliarios aliados con el poder local de la época, la edificación en bloque fue acantonada, en el planeamiento, al pie de los bordes acantilados meridional y occidental; y un plan parcial aprobado en 1968 (Plan parcial del polígono B) consagró la baja densidad al este del núcleo histórico6.

Transformada en periferia residencial permanente de baja densidad, con las excepciones citadas, prosiguió la ocupación a través de viviendas uni y multifamiliares en la década de 1970, con el resultado de 2.118 edificios construidos en 1981, y el agrupamiento de algunas manzanas donde se levantaron edificios de uso colectivo: mercado de abastos, escuelas e instituto de enseñanza secundaria. En los años 80, la presión del uso residencial siguió proyectándose sobre el frente marítimo del campo de dunas en dirección a San Juan de Nieva, donde tras la promulgación de la vigente Ley de Costas de 1988 y el correspondiente deslinde del dominio público marítimo-terrestre, realizado en 1991, se redujo el suelo urbanizable en el polígono 05-201 del vigente Plan General a 3 has., que acogerán 243 viviendas, de las que 143 están ya construidas7.

La construcción, entre 1892 y 1898, de un nuevo puente metálico diseñado por el ingeniero J. E. de Ribera con motivo del trazado de la carretera Ribadesella-Canero, que venía a sustituir un vetusto puente de madera levantado en 1868, marcó el arranque de la urbanización del arenal de Santa Marina, en la margen izquierda de la desembocadura del Sella, que en el plano de Coello aparece como emplazamiento del mercado de ganados de Ribadesella. Ya en   —253→   1869 un particular, Santos Fuentes, había comprado al Estado 1,7 has. del arenal, ante la mejora de la accesibilidad derivada del trazado del primer puente de madera.

Las obras del ferrocarril de vía estrecha por la costa, que llegó a Llanes en 1905, mejoraron aún más la accesibilidad de Ribadesella, circunstancia que, ante la posibilidad de negocio, desató la apropiación del arenal, enmarcado entre el riachuelo de San Pedro, al pie del monte Somos, y el mar. En 1896, una llamada Sociedad de Saneamiento del Río San Pedro obtuvo una concesión de 8,8 has. para desecar sus marismas y convertirlas en labradío; en 1907, los marqueses de Argüelles obtuvieron una segunda concesión de 4,7 has. en la punta este del arenal, confirmada en 1910.

A través de concesiones y de compras, entre 1895 y 1921 los marqueses de Argüelles se hicieron con la propiedad de 14,2 has. del arenal, aproximadamente el 33% de su extensión, y se convirtieron en los propietarios únicos de su extremo oriental. Cumplieron análogo papel al de la RCAM en Salinas, pues muy pronto iniciaron negocios de promoción inmobiliaria, a la vez que mantenían en reserva una parte de su patrimonio, en una estrategia de larga duración que culminó durante el período desarrollista.

En el extremo nororiental del arenal, en primera línea de playa junto al recodo del Sella, construyeron los marqueses de Argüelles un suntuoso chalé de veraneo en un perfilado estilo old english, así como un edificio de dos plantas de viviendas adosadas, otro de apartamentos (la «Vecindad Vieja»), y dos chalés gemelos. En la década inicial de siglo obtuvieron también la concesión de un balneario marítimo, emplazado en el centro de la línea de playa, en actividad entre 1913 y 1935, por lo que fueron los artífices de un pequeño enclave balneario consolidado en las décadas siguientes8.

Las obras de construcción de un muro frente a la playa, de accesos desde la carretera de la costa y de saneamiento de la marisma del río San Pedro se prolongaron hasta 1925; a la vez, el espacio más cotizado por sus vistas, el del frente de playa, fue cubriéndose de suntuosas residencias unifamiliares de veraneo pertenecientes a destacados miembros de la burguesía y aristocracia regionales, con el resultado de la formación de una diminuta ciudad-jardín integrada por una treintena de suntuosos chalés en siete manzanas en línea de playa, espléndidos ejemplos de las corrientes arquitectónicas en boga. Si en la mitad oriental del arenal el protagonismo de la urbanización fue asumido por los marqueses de Argüelles, en la occidental lo tuvo entre 1910 y 1920 Miguel   —254→   Ángel García-Lomas Somoano, arquitecto con estudio en Madrid, quien atrajo, entre familiares y amigos, a una selecta colonia de veraneantes, cuyas casas, incluida la suya, él mismo proyectó.

En sus orígenes, el arenal de Santa Marina no fue sólo un espacio residencial. La abundancia de suelo, y su accesibilidad, explican la localización, en una banda interior paralela a las manzanas de playa, de dos fábricas de salazones, y otra tercera de sidra achampanada, construidas entre 1900 y 1905. La franja agrícola de las marismas del río San Pedro separaba de la carretera de la costa el nuevo barrio periférico de Ribadesella.

Como en Salinas, la secuencia posterior en la evolución de esta periferia tuvo lugar durante el período desarrollista, con el efecto de su transformación en un área de residencia permanente. A la vez que la iniciativa oficial creaba en ambas márgenes del río un «cinturón» de vivienda obrera, la promoción inmobiliaria privada urbanizaba la punta oriental del arenal de Santa Marina, El Campin, propiedad de los herederos de los marqueses de Argüelles, que en 1958 lo vendieron a la Inmobiliaria del Sella, manteniéndose en parte la morfología de ciudad-jardín. El contraste morfológico entre la zona anterior a la Guerra Civil y la desarrollista se traduce en una disminución de la superficie de la parcela, en un aumento de la relación parcela/superficie construida, y en un descenso de la calidad de los estándares constructivos.

También, como en Salinas, se rompe entonces la baja densidad por la aparición de una pantalla de bloques multifamiliares que cierra el barrio por el flanco suroriental, y parte de las mansiones de la línea de playa se terciarizan y desnaturalizan por transformarse en hoteles. Es el caso del complejo hotelero añadido a la antigua residencia de la Marquesa de Argüelles.

La evolución más reciente está caracterizada por la presencia cada vez mayor de hoteles en el frente de playa, algunos de nueva factura, que rompen con las trazas modernistas y regionalistas previas a la Guerra Civil. En la parte oriental del arenal continúa la edificación en bloque, tras la construcción en los últimos años 80 de un nuevo Instituto de Enseñanza Secundaria sobre el solar de la antigua fábrica de sidra achampanada de Blanco, Saro y Cía. Tipología edificatoria que también reaparece en áreas de nueva urbanización, hacia poniente del área consolidada. En las manzanas de segunda línea de playa, en contacto con las marismas del río San Pedro, comienza a proliferar el adosado. La estación balnearia aristocrática del cambio de siglo parece en camino de quiebra irreversible.



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Otras periferias estacionales: el Villar (Luarca), Somao (Pravia) y El Pito (Cudillero)

La emigración asturiana a Ultramar, que alcanzó su mayor auge entre 1870 y 1930, supuso la difusión de un tipo arquitectónico específico en ese período dentro de la región: la casa de indiano, edificio singular que el emigrante enriquecido levantaba a su retorno como símbolo de estatus social. En unas 3.000 pueden cifrarse las existentes en Asturias, y la mayoría, salvo los núcleos interiores de Alles, Arenas de Cabrales, Campo de Caso, San Juan de Beleño, Boal y la Pola de Allande, se ubicaron en la Marina, dominio en que alcanzan una especial concentración en los tramos comprendidos entre Llanes y Ribadesella, y Luarca y Navia.

La casa de indiano se ubicó, por regla general, en las afueras de las capitales municipales, o de los principales núcleos de poblamiento emplazados a la vera de carreteras de primer orden. Eran, por su localización y por su función, casas de recreo suburbanas o enquistadas en un medio rural del que procedían sus propietarios. Pero, en un número limitado de casos, aparecieron, alejadas de núcleos preexistentes, «colonias de americanos» de nueva planta, rentabilizando emplazamientos privilegiados por su soleamiento, sus vistas y su accesibilidad.

Son los casos de Somao, a 2 km. de Muros de Nalón; de El Pito, a distancia similar de Cudillero, y del barrio de El Villar, contiguo a Luarca junto al antiguo camino real sobre la rasa. El primero, muy cerca de la carretera de la costa Ribadesella-Canero, rentabiliza unas excepcionales vistas sobre la desembocadura del Nalón a la vez que, por su emplazamiento, es un escaparate de la arquitectura indiana de estilo firmada por arquitectos titulados. Se configura como un pequeño núcleo integrado por un número reducido de suntuosas mansiones de uso estacional que, en términos generales, mantienen sus trazas originarias9.

El Pito y El Villar son dos barrios periféricos de Cudillero y Luarca respectivamente, emplazados sobre la rasa, fuera de la escotadura en que se ubican ambas villas, que surgieron en torno al cambio de siglo como un agrupamiento de casas de indianos entreveradas con edificios asistenciales promovidos también por el capital ultramarino: un hospital en El Villar y un grupo escolar en El Pito. La importancia de Luarca como centro terciario de la Marina occidental explica las transformaciones morfológicas de El Villar, manifestadas en la proliferación reciente de la residencia unifamiliar y del adosado; y en la aparición de equipamientos como polideportivo, centro de salud, piscina municipal y escuelas.







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