Volumen 8 - carta nº 164
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De JUAN VALERA |
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A MARCELINO MENÉNDEZ PELAYO |
Bruselas, 5 diciembre 1886
Mi querido amigo Menéndez: Aseguro con sinceridad, esto es, sin artificio retórico para hacerle sentir la grave falta en que incurre no escribiéndome, que estoy con algún cuidado por su salud, viendo que no recibo contestación a mis últimas cartas, por más que ansioso la aguardo.
Envié a Vd. las obritas del Sr. Van Weddingen y deseo saber si llegaron a manos de Vd. o se extraviaron.
Le pedí que me enviase media docena de barajas españolas para jugar al tresillo con D. Luis y D.ª Carmen, y las barajas no llegan.
Y, por último, mi artículo VI ha salido en la Revista, y yo, que necesito que Vd. me anime para seguir escribiéndolos, noto que me falta algo cuando Vd. no me estimula. Así es que el artículo 7.º está ya en Madrid, pero el 8.º está sin empezar.
He buscado por todas partes la disertación de Monseñor Namèche sobre Luis Vives, y nadie da con ella. El mismo Monseñor Namèche, a quien ha preguntado el amo de la Librería Católica de aquí, dice que está agotada su disertación impresa. Yo no pierdo aún la esperanza de dar con ella; pero digo esto para que Vd. no extrañe la tardanza.
Creo que tal vez se venderían aquí algunos ejemplares de la Historia de Vd. de los Heterodoxos. Ya diré a Vd. el nombre del librero católico y sus señas para que Vd. si gusta, envíe ejemplares de muestra, si él antes no los pide a Madrid; pues el otro día me pidió nombres de novelistas para pedir novelas; le di los de Alarcón, Pérez Galdós y D.ª Emilia; y le dije, además, que mejor podría vender libros graves y cité los de Vd., que él apuntó. Veremos si los pide.
La verdad es que alguien entiende o va entendiendo el español por todas partes. Aquí hay un librero que vende libros alemanes e ingleses. Ha hecho venir novelas mías y las va vendiendo.
Yo creo que si nuestros editores fuesen más listos, hábiles y desprendidos, difundirían por el mundo nuestras letras y nos abrirían más rico mercado que en España, en los Estados Unidos, en Alemania y tal vez aquí. Aquí se lee bastante y no dejan de venderse libros de todas clases.
La ocasión es propicia, sobre todo para los libros de entretenimiento españoles, porque los franceses, con sus extravagancias y suciedades trágicas, tienen disgustada y con asco a la gente comm'il faut.
En cuanto al provecho material individual de los autores voy perdiendo la esperanza. Los editores son unos tunantes en todos los países, pero la honra y el gusto de que nos lean y de que contemos por algo, son cosas fáciles de lograr, si hacemos algo.
Digo esto porque los Appleton siguen sin resollar; pero yo sé que han vendido enormemente mi libro. Ya están en la cuarta edición. Y las ediciones son allí de muchos ejemplares. También sé que, sin decirme nada, van a imprimir en español, con mi retrato, una Pepita Jiménez muy de lujo.
Esto me lo escribe el Cónsul de España. Los Appleton, repito, que no resuellan.
Como Monseñor Van Weddingen vive a unas leguas de aquí (materialmente y sin exageración a una legua), no le he vuelto a ver. Aquí nieva, hiela y hace un tiempo tal ahora, que casi queda justificado Moratín de haber llamado al belga el aterido.
Como quiera que sea, yo siento no ver, más a menudo, a dicho Monseñor, que es un bendito, docto y candoroso. Envíele Vd. algún libro suyo, que yo se le daré, y me encargaré de que lo pague con un libro de él.
Aquí se ocupan mucho de historia, y los ultracatólicos, o católicos sin ultra, muy en pro de la época española. Hay sobre esto obras extensísimas. Si ahí no se conocen, debieran conocerse y consultarse.
Recomiendo a Vd. la obra del dinamarqués Jorge Brandes, sobre las Principales corrientes de la literatura europea en el siglo XIX. Está hecha con gran saber y sentimiento literario, aunque con criterio malo, revolucionario por demás. Yo la leo en alemán. Aun no está traducida en francés, que yo sepa. Ya en mi artículo 7.º cito a este autor.
Y de Marc-Monnier, ¿qué piensa Vd.? Yo le hallo de agradable lectura, pero harto ligero. Su erudición, sobre todo, la española, es muy de segunda mano. Se conoce que los autores que sigue hasta fin del siglo XV nos son favorables (Vieux Castel, por ejemplo), y él hasta entonces nos ensalza. En los siglos XVI y XVII, se deja guiar por Sismondi y por Ticknor, y nos deprime y achica.
El mismo Monseñor Namèche tiene, sobre la Casa de Austria en Bélgica, seis tomos o más escritos.
Hay otro señor (Kervyn creo que se llama), cuya obra Les Huguenots et les gueux, dicen que nos es muy favorable. Son seis tomos gruesos en cuarto, y celebran su buen criterio y copia de datos.
Si Cánovas no tiene estos libros, debiera tenerlos.
Adiós. Escríbame y créame su afmo. y buen amigo
Juan Valera
Valera-Menéndez Pelayo, p. 323-325.