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Volumen 7 - carta nº 496

De JUAN VALERA
A   MARCELINO MENÉNDEZ PELAYO

París, 3 mayo 1886

Mi querido amigo Menéndez: Ayer, a la una de la tarde, llegué a esta gran ciudad, después de once días de navegación, en el Labrador, durante los cuales hemos tenido hermosísimo tiempo: cielo sereno, sol brillante y mar rica en colores y suaves armonías.

A bordo venía gente divertida y musical también: la Judic con toda su compañía de comediantes, gente alegre y regocijada siempre, y más en esta ocasión, en que volvían a la patria con muchos laureles y sobre 70.000 duros, recogidos en su excursión de siete meses por América. Así es que hemos tenido a bordo conciertos, canciones, más o menos verdes, y muchos paliques, risas y bromas. Ya en París tuve el gusto de ver y de abrazar en la estación a mi hijo Luis, que ha venido a recibirme, y a quien he hallado espigado, guapísimo y fuerte. Como mi mujer estará aquí dentro de dos o tres días, iré luego con ella y demás familia a Bruselas y dejaré para más tarde mi visita a Madrid.

Claro está que el nuevo puesto no me agrada mucho, y sobre todo no me lisonjea nada; pero yo soy poco económico; gusto de hacer bien mi papel de Ministro, y como la vida es cara y los sueldos son mezquinos, he salido de Wáshington más apurado y con mayor necesidad de tomar nuevo turrón que cuando fuí allí. Estas razones crematísticas lo explican todo. A no ser por ellas, donde estaría yo desde pasado mañana sería en Madrid de caballero particular, académico y literato.

Ayer me entregaron la carta de Vd. del 29 de abril y me alegré al ver por ella que las notas críticas a mis versos están ya hechas. Supongo, pues, que el tomo no tardará en salir. Estoy impacientísimo por verle.

Luego que salga, que envíe Catalina 60 ejemplares a Nueva York a García, Director de Las Novedades, que los pagará y que los venderá sin duda.

Con los Appleton no hice nada respecto a ediciones en castellano, porque ofrecían poco. Estos editores de extranjis se lo quieren ganar todo.

Sólo hice trato, que firmamos, para la traducción. [1] Aunque gane poco, eso me hallo, pues ni ley ni tratado me conceden derecho alguno. Hay, con todo, cierta esperanza de sacar algo, porque los yankees leen y compran libros a millares. Me dan el 10 por 100, y como esperan vender 50.000 ejemplares lo menos, a 10 rs., dicen que sacaré yo 50.000 rs. La traducción de Pepita Jiménez, que había presentado, no gustó y los Appleton han encomendado otra traducción, que se está haciendo.

Yo les he dejado escrito un prólogo, que creo que gustará. Tiene algo a modo de interpretación auténtica de la obra.

Si Pepita Jiménez tiene éxito en inglés, me parece que de seguro vuelvan los Appleton a insistir en publicar libros en castellano, y ya entonces ofrecerán más; pero en América el éxito de un libro tiene condiciones que ahí parecen imposibles: se requiere la venta de centenares de miles de ejemplares.

Vengo con mucho deseo de no perder ya mi tiempo como hasta aquí, sino de aprovecharle para decir mucho que quiero decir antes de morirme. En fin, allá veremos. Dios quiera que no se oponga a mi buen propósito la pereza de siempre.

Adiós. Haga Vd. porque salga pronto a luz el tomo de versos. Mil expresiones cariñosas a los amigos y créame suyo afmo. y agradecido

J. Valera

 

Valera-Menéndez Pelayo, p. 258-259.

[1] Con la carta se conserva un recorte de periódico en inglés, en el que, además de una breve bibliografía de Valera se dice más o menos lo mismo que en la carta sobre la edición de Pepita Jiménez por Appleton.