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Carta de Ramón Sijé a Miguel Hernández. Orihuela, 29 de noviembre

He ido recibiendo tus cartas y las he guardado en el montoncito silencioso de las cartas incontestadas. Pero no por dolerme nada como tú piensas; por resentimiento, por malhumor, por amistoso odio... Es terrible lo que has hecho conmigo. Es terrible no mandarme Caballo Verde... Por lo demás, Caballo Verde no debe interesarme mucho. No hay en él nada de cólera poética, ni de cólera polémica. Caballo impuro y sectario; en la segunda salida, juega al caballito puro y de cristal. Vais a transformar el caballo de galope y perdido un caballo de berlina y paseo... Quien sufre mucho eres tú, Miguel. Algún día echaré a alguien la culpa de tus sufrimientos humano-poéticos actuales. Transformación terrible y cruel. Me dice todo esto la lectura de tu poema. «Mi sangre es un camino». Efectivamente, camino de caballos melancólicos. Mas no camino de hombre, camino de dignidad de persona humana. Nerudismo (¡qué horror, Pablo y selva, ritual narcisista e infrahumano de entrepiernas, de vello de partes prohibidas y de prohibidos caballos!); aleixandrismo; albertismo. Una sola imagen verdadera: la prolongación eterna de los padres. Lo demás, lo menos tuyo. ¿Dónde está Miguel, el de las batallas?...