Colliure, 1959
Blas de Otero
(Por Radio París)
Uno de mis días más cordiales y reconfortantes desde hace muchos años, ha sido el 22 de febrero en el Pirineo oriental, frente al Mediterráneo.
Es cierto que una lenta pena latía en el fondo: nuestro más grande, nuestro más querido poeta quedó allí, serenamente fiel hasta su final. Pero nadie quiere remover ni avivar otro triste tiempo de nuestra patria. Nadie, y menos que nadie las nuevas vidas que desde entonces fueron pujando. Ninguno de ellos vuelve la cabeza hacia el hacha y el tajo. Todos miran, desean, exigen el retoñar de un tronco único. Abierto al libre aire de una justicia ineludible. Como lo soñó siempre don Antonio Machado.
Silencioso, grávido de misteriosa luz, que el ciprés se seque y puje el olivo.