381
52-11. S. omite «ay».
382
52-14. S.: «aldeano». (N. del E.)
383
52-15. S.: «postura». (N. del E.)
384
52-22. S.: «diga, Silvia mia». (N. del E.)
385
52-27. S.: «esta fiera tigre». (N. del E.)
386
52-28. S.: «y atraerle». (N. del E.)
387
53-3. Así S. El manuscrito: «al». (N. del E.)
388
53-5. Aquí termina en S. la jornada tercera. Lo que sigue en el manuscrito, excepto la escena del encanto de Fátima, que se intercala luego, falta en S., donde la jornada cuarta comienza con la salida de los muchachillos moros. (N. del E.)
389
53-11. Muchos ejemplos de estas descripciones de «la edad dorada» se encuentran en los poetas del renacimiento, y ninguno deja de ser imitación de autores clásicos. (Véase a R. Schevill, Ovid and the Renascence in Spain, págs. 149, 153, 187 et al.) (N. del E.)
390
56-14. El manuscrito: «curso». Rosell escribe «ancho». (N. del E.)