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Cicerón a quien Oliva conocía a fondo, lo explica así en su De inventione: «Conquestio est oratio auditorum misericordiam captans. [...] Id locis communibus efficere oportebit, per quos fortunae vis in omnes et hominun infirmitas ostenditur; qua oratione habita graviter et sententiose máxime demittitur animus hominum et ad misericordiam comparatur, cum in alieno malo suam infirmitatem considerabit» (I, 55,107). Salta a la vista el paralelo entre esta faceta de la oratoria y la catarsis del teatro trágico.

 

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DEMETRIO: Sobre el estilo [y] «Longino», Sobre lo sublime, trad. José Garda López, Madrid, Editorial Gredos, 1979, págs. 88-89 (Demetrio, párr. 193).

 

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Se trata de una figura que en el setecientos aprovecharán tanto los ilustrados como los neoclásicos. Verbigracia, el fuerte entusiasmo del padre Feijoo al describir el brillante éxito de un autodidacta se traslada al papel merced a los dos asíndetones contenidos en el período siguiente: «El se aplicó, él estudió, él arribó a la inteligencia de la más sublime geometría y del cálculo, sin maestro, sin conductor, sin otra guía que su propio entendimiento» (Cartas eruditas y curiosas, nueva impresión, Madrid, Joachim Ibarra, 1770, tomo IV, carta 10, pág. 109).

 

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Longino, ed. García López, págs. 184-185 (XX, 2; XXI, 2).

 

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Como ejemplo del estilo suelto en Raquel pueden citarse los versos siguientes, que forman parte de un parlamento de la hermosa heroína dirigido al rey: «...ni el tiempo, / destierro, ausencia, penas, ni martirios, / recelos, amenazas, ni desastres, / ni de la muerte el riguroso filo, / serán bastantes a borrar del pecho, /de tanta fe depósito y archivo, / la imagen vuestra, que por tantos años / labró el amor, el trato y el destino» (H, 53-54).

 

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Longino, ed. García López, págs. 169-170 (XI, 2).

 

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Una muestra de la amplificación unida a lo sublime en la Raquel, que pudiera compararse con las del Agamenón vengado reproducidas arriba en el texto, la encontramos en una ardorosa defensa de Alfonso VIII por su leal concubina: «¿Y su honor restauráis cuando, atrevidos, / muerte le dais? ¿Sabéis que se aposenta / su alma con la mía? ¿que es mi pecho / de su imagen altar? ¿que de las fieras / puntas que penetraren mis entrañas, / es fuerza que el dolor las suyas sientan? / ¿No veis que él morirá si yo muriere?» (H, 87)..

 

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LARRA, Mariano José de: «De las traducciones», Artículos completos, ed. Melchor de Almagro San Martín, Madrid, Aguilar, 1944, pág. 492.

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