—286→
SAN LUIS
Éste era un joven que salió en busca de trabajo, y llegó a la casa de un señor. Que le dice:
-Buenas tardes, señor.
-Buenas tardes, amigo -que le dice el señor.
-¿No sabe quién ocupará algún pión?
Y que dice el señor:
-Sí, yo -que dice-. Váyase y desensille, y pase para acá.
Se bajó éste, desensilló y pasó para adentro, ande 'taba el señor.
En lo que 'tán conversando, que le dice el joven:
-Digamé, señor, ¿para qué será el trabajo?
Que le dice el señor:
-Mañana se va a ir a ese cuadro que tengo ahí, y va a agarrar el arado. Lo va a atar con animales y me va sembrar maíz. Y para pasado mañana me va a tener choclos tiernos.
-¿Y cómo voy a poder hacer eso?
-¡Ah, amigo, acá tiene que cumplir o sinó le va a ir muy mal!
—287→Que ésta era la casa de unos diablos, ande había caído.
Bueno, el joven quedó muy triste. No hallaba qué hacer, él. Al otro día se va al cuadro, a sembrar el maíz. Y va y da una vuelta con el arado, y se sienta muy triste. Se va, se sienta y se pone a llorar. En lo que 'taba áhi, llorando, que llega una niña, hija del patrón, y que le dice al joven:
-¿Porque llora, joven?
Y que le contesta el joven:
-Y cómo no voy a llorar, si su papá me ha ordenado que siembre maíz y que mañana tengo que darle choclos tiernos. ¡Cuándo le voy a dar choclos tiernos para mañana si el maíz no se va hinchar, ni el grano, siquiera!
Y que dice la niña:
-Mire -que le dice-, no se le dé cuidado. Are no más y siembre que para mañana va a tener choclos tiernos. Y cuando vaya mi padre, le va a decir:
-¡Ah, no sé porque me parece que Blanca Flor anda por acá!
Y usté le contesta: Blanca Flor no me mira a mí ni yo la miro a Blanca Flor. A Blanca Flor la lleva el diablo y Blanca Flor no me lleva a mí.
Bueno. Al otro día vino el patrón, y que le dice:
-Y, amigo, ¿ya tiene los choclos tiernos?
-Sí, señor -que le dice el joven.
Entonce que le dice:
-¡Ah!, no sé porque me parece que Blanca Flor anda por acá.
Le contestó el joven, entonce:
-Blanca Flor no me mira a mí, ni yo la miro a Blanca Flor. A Blanca Flor se la lleva el diablo y Blanca Flor no me lleva a mí.
—288→Bueno. Pegó la güelta el patrón y se fue.
Al otro día que le dice el patrón al joven:
-Ahora me va a ir a sembrar sandías y melones, y mañana me va a tener sandías y melones maduros.
El joven agarró el arado y se fue al cerco155, ése, a sembrar; dio una güelta con el arado y se sentó a llorar. En seguida llegó Blanca Flor y le dice:
-¿Porque llora, joven?
Y que él que le dice:
-Cómo no voy a llorar, si me ha mandado el patrón a sembrar sandías y melones, que le tengo que dar para mañana sandías y melones maduros.
-No se le dé cuidau -que le dice-, que mañana va a tener sandías y melones maduros. Cuando venga mi padre y vea que ha cumplido, le va a decir:
-¡Ah!, ¡no sé porque me parece que Blanca Flor anda por acá!
Y usté le contesta:
-Blanca Flor no me mira a mí ni yo la miro a Blanca Flor. A Blanca Flor se la lleva el diablo y Blanca Flor no me lleva a mí.
Al otro día viene el patrón y ya estuvo el joven con melones y sandías maduras. Y que el patrón dice:
-¡Ah!, ¡no sé porque me parece que Blanca Flor anda por acá!
Y que el joven le contesta:
-Blanca Flor no me mira a mí ni yo la miro a Blanca Flor. A Blanca Flor la lleva el diablo y Blanca Flor no me lleva a mí.
—289→Bueno. Así que se fueron a las casas el patrón y el pión. Esa noche agarró y lo hizo dormir en una pieza sola que tenía. Y agarró y fechó llave, lo encerró mejor dicho. Entonce, Blanca Flor, esa noche viendo que el padre se había dormido, y que la madre también, se fue y le robó las llaves. Fue y sacó al joven y que le dice:
-Mire, joven, vamos porque mi padre lo ha encerrado aquí con el fin de matarlo.
Y entonce, Blanca Flor esputó en la pieza donde dormía ella; echó tres escupidas. Y agarró y desgarronaron una chancha muy ligera que tenía la madre, y le robaron un caballo de siete colores que también era de la madre, y se fueron, que el caballo era ligero, pero no tan ligero como la chancha. En seguida no más que se despierta la vieja, y que le habla al viejo, y le dice:
-¡Viejo!, ¡viejo!
-¿Qué querés, vieja? -que le dice.
-No sé porque me parece que Blanca Flor se los va. ¡Hablale, viejo!
Que dice el viejo:
-¡Blanca Flor!
-¿Señor? -que le contesta una escupida.
Se quedaron dormidos los viejos, y al rato no más que dice la vieja:
-¡Viejo!, ¡viejo! No sé porque me parece que se los va Blanca Flor.
-¡Pero, dejá de molestar, vieja! -que le dice-. ¡Dejame dormir!
-¡Hablale, viejo! -que le dice.
-¡Blanca Flor! -la llama el viejo.
—290→-¿Señor? -le contestó la segunda escupida, medio débil, ya.
-¿Ves? -que dice el viejo-. 'Tá medio dormida. De gusto 'tás molestando. ¡Dejá dormir tranquilo!
En seguida, no más, otra vez la vieja le dice al viejo:
-¡Viejo!, ¡viejo! No sé porque me parece que Blanca Flor se los va. Hablala viejo.
-¡Blanca Flor! -dice el viejo.
-¿Señor? -contesta muy débil, que agata se le oía, la última escupida que ya 'taba seca.
-¡Pero, dejá de molestar, vieja! -que le dice el viejo-, no viste que 'tá dormida. No me vas a dejar dormir ni a mí ni a ella.
En seguida, no más, que vuelve a decir la vieja:
-¡Viejo!, ¡viejo! No sé porque me parece que Blanca Flor se los va. Hablala viejo.
-¡Blanca Flor! -que le dice el viejo.
Y ya no contestó nada, Blanca Flor. Y que le dice la vieja:
-¿Has visto, viejo? Blanca Flor se los ha ido. Levantate, viejo, andá vela.
Y ya se levanta el viejo y va a verla.
-Nu está -que le dice.
-¿Has visto, viejo zonzo? ¿No te dije que Blanca Flor se los iba? Andá ve el Pichón -que el Pichón le decía al joven-. ¿A qué nu está el Pichón?
Se fue a verlo y no lo encontró.
-Nu está -que dice.
-¿Has visto? La chinita se ha ido con el muchacho. Agarrate un caballo y andá buscarlos.
—291→Al momento se encabalgó el viejo y salió en busca de éstos.
En lo que van por áhi, que le dice Blanca Flor al joven:
-¿Sabe una cosa, joven?
-¿Qué? -que le dice.
-Que los han descubierto y mi padre viene en busca de nosotros. Pero, no se le dé cuidau -que le dice.
Entonce agarró Blanca Flor al caballo y lo hizo convertir en iglesia. Ella se hizo una flor y al joven lo hizo hacer un picaflor.
Ya llegó el viejito y vio l'iglesia que nunca había visto; vio la flor que nunca había visto y vio el picaflor qu'estaba picando la flor. Y pasó no más. Y fue lejo, fue lejísimo; se cansó y no descubrió nada, y se volvió. Cuando volvió, volvió a ver todo lo mismo y pasó. Y que ya llegó a la casa y que le dice a la vieja:
-¿Cómo te ha ido, viejo?
-Mal -que le dice-, porque no los hi podíu encontrar; juí muy lejo, lejísimo, m'hi cansau, y m'hi vuelto sin noticias. Y que le dice la vieja:
-¿Y qu'es lo que hais visto por áhi?
-Y lo qu'hi visto, es lo que nunca había visto: una iglesia, una flor y un picaflor que picaba la flor. Es lo único qu'hi visto.
Y que dice la vieja:
-¿No vis, viejo zonzo, que l'iglesia es el caballo, la flor es la chinita y el picaflor el muchacho? ¿Porque no ti allegastes y cortastes la flor, siquiera?
Y que le dice:
-Andá otra vez. Si 'stá todavía la iglesia y la flor, cortate la flor y traela.
—292→El viejo siguió viaje, otra vez, en busca d'ellos. Pero Blanca Flor ya había hecho desaparecer todo y había seguido viaje otra vez. Ya el viejo llega al punto donde había encontrado la iglesia y no encontró nada. Y pasó, no más, él.
Ya cuando los iba alcanzando, que Blanca Flor le dice al joven:
-Joven, ¿sabe una cosa?
-¿Qué? -que le dice.
-Que viene mi padre alcanzandolós. Pero no le dé cuidau -que le dice.
Entonce agarró, y al caballo lo hizo convertir en una osamenta y ellos dos se convirtieron en dos pájaros, que 'taban arriba de l'osamenta ¿ve?
Y ya llegó el viejo y vio l'osamenta y los dos pájaros, y pasó no más. Y fue lejo, lejazo. Y se cansó y se volvió. Se vino a las casas otra vez. Y cuando llegó que le dice la vieja:
-¿Cómo te ha ido, viejo?
-Mal -que le dice-, porque nu hi podido encontrar a nadie.
-Y ¿qué has visto?
-Nu hi visto más di una osamenta y dos pájaros, dos caranchos qu'estaban comiendo.
-Pero, ¡viejo zonzo! Esa osamenta era el caballo, y los dos pájaros Blanca Flor y el joven. Porque no ti allegastes y le cortastes siquiera un pedazo de carne del caballo para que no pudieran seguir.
Y que dice:
-Ahora me voy yo -y que siguió viaje la vieja.
Como le habían desgarronau la chancha, que era más ligera que el viento y le habían llevado el caballo de siete colores qu'era ligero como el viento, ella se jabonó los talones y empezó a correr tan ligero como si juera la chancha. Y —293→ corrió y corrió y ya los iba alcanzando. Y entonce le dice la niña al joven:
-Joven, ahora viene mi madre, y ya los viene alcanzando. Es muy difícil que podamos escaparlos d'ella, pero no se le dé cuidau.
Lo hace convertir al caballo en una laguna muy honda y ella y el joven se hacen patitos que andan nadando en la laguna. Y que llegó la vieja y los encontró.
-¡Ah, pícaros! -que les dice-. ¡Aquí los quería pillar yo!
Bueno. Y se allegó a la orilla de la laguna. Le tiraba un agarrón a la patita y se zambullía; le tiraba un agarrón al patito, y se zambullía. Y no podía dentrarse en la laguna porque era muy honda. Y áhi 'tuvo la vieja hasta que no podía más de cansada, y ya cuando no pudo más que se volvió y que le dice a Blanca Flor:
-¡Andá, no más, ingrata, que el que te lleva te ha de olvidar!
Volvió a las casas y que le dice al viejo:
-Y ¿cómo te ha ido, vieja?
-Mi ha ido mal -que le dice- porque no los hi podido agarrar, pero los hi encontrau.
Blanca Flor y el joven se volvieron a convertir en lo qu'eran y siguieron viaje, otra vez. Llegaron a un punto muy lindo, y áhi, Blanca Flor, hizo hacer un palacio muy lindo para vivir ellos. Bueno. Hicieron el palacio y se pusieron de novios. Entonce él le dice a Blanca Flor que él s'iba a ir a visitar los padres d'él y a avisarle qu'él s'iba a casar. La niña le dijo que bueno, que juera. Le dijo que juera, pero con la condición de que cuando juera a la casa de los padres, no se dejara abrazar con nadie, cualquiera que juera, porque s'iba a olvidar d'ella. El joven acetó el pedido y se fue. Blanca Flor quedó en el palacio.
—294→Llegó el joven a la casa de los padres. Los padres, en cuanto lo vieron salieron a recibirlo y a abrazarlo, pero él no se dejó abrazar. Todos lo querían abrazar pero él no quería que nadie lo abrazara. Y que le dice la madre:
-Que has venido tan orgulloso que no te dejás abrazar con nadie.
Y él le dice que no podía porque había hecho una promesa.
Y este joven había sabido tener un choquito muy regalón, un cuzquito. Y en lo qu'estaba áhi, viene el cuzquito di atrás y lo abraza. Y áhi no más se olvidó de la niña, y ya todos lo abrazaron y él no dijo nada.
Ya se quedó el joven en la casa de la madre y ni pensaba en volver. Bué. Al tiempo se puso de novio. Y ya hicieron la boda. Y ese día vino mucha gente hasta de lejo.
Blanca Flor vino a saber lo que pasaba que este joven se había olvidado d'ella y se estaba por casarse. Y el día del casamiento se viene Blanca Flor al palacio. En lo que 'stán áhi, en medio de un gran público de gente, que dice Blanca Flor, que ya 'stán tantos reunidos que sería bueno que alguno contara un cuento, un caso, o echara alguna adivinanza para distraerse. Todo el público contestó que todos estaban de acuerdo. Entonce todos dijieron una relación, o contaron un cuento, y Blanca Flor quedó para el último. Cuando ya terminaron todos, y dijieron algo, ella dijo que le tocaba a ella. Entonce saca dos pañuelos y los tira sobre la mesa. Los dos pañuelos se convirtieron uno en un gaíto y el otro en una gaínita. Ella saca también una variíta y le pega al gaíto, y le dice:
-¿Ti acordás, gaíto -que le dice- que vos juistes a mi casa en busca de trabajo, que mi padre te dio trabajo y te mandó a sembrar máiz, y que al otro día le tenías que dar choclos tiernos, y que yo te saquí di apuro?
-No mi acuerdo -que le dice el gaíto.
—295→Toda la gente que miraba y oservaba esto. Claro, esto era muy curioso para todos.
Y que la gaínita le vuelve a pegar otro varíazo al gaíto y que le dice:
-¿Ti acordás gaíto que mi padre te mandaba a sembrar sandías y melones, y que le tenías que dar sandías y melones maduros, al otro día, y que yo te saquí di apuro?
-No mi acuerdo -que le dice.
Le pegó otro varíazo y le dice:
-¿Ti acordás gaíto cuando mi padre t'encerró para comerte y yo te salvé?
-No mi acuerdo -que le dice.
Le pegó otro varíazo y que le dice:
-¿Ti acordás, gaíto, cuando mi padre vino a buscarlos y yo hice del caballo una iglesia, yo m'hice una flor y a vos t'hice un picaflor, y así los salvamos?
Y que dice:
-Tengo como un sueño, cierta cosa parecida. Le pegó otro varíazo y le volvió a decir:
-¿Ti acordás, gaíto, cuando mi padre los alcanzó otra vez y yo hice una osamenta al caballo y nosotros los convertimos en pájaros?
-Apenas, mi acuerdo -que dice.
Y el novio también s'estaba como acordando que algo parecido li había pasado.
Entonce le pegó otro varíazo al gallito, la gallinita, y que le dice:
-¿Ti acordás que cuando vino mi madre en busca de nosotros, yo lo convertí en una laguna muy profunda al caballo y a los dos en un casal de patitos para salvarlos?
—296→Y que dice el gaíto:
-Me estoy acordando; mi acuerdo de muchas partes.
Entonce le pegó otro varíazo al gaíto y le dice:
-¿Ti acordás gaíto cuando hice mi palacio y vos te despedistes para venir a ver a tus padres, y yo te dije que no te dejaras abrazar con nadie porque m'ibas a olvidar, y vos te dejaste abrazar con un choquito y te olvidaste de mí?
-¡Sí, sí, mi acuerdo! -que dijo el gaíto.
Y el novio, que si había acordado de todo, se levantó y jue y la abrazó a Blanca Flor. Y les dijo a todos lo que le había sucedido y que ésa era su novia y que s'iba a casar con ella. Y se casaron y s'hizo una gran fiesta. Y se jueron al palacio d'ellos, y se quedaron áhi, muy felices, y yo me vine a contar el cuento.
Gilberto Zavala, 29 años. San Martín. San Luis, 1945.
Ganadero originario de la región. Buen narrador.
—297→
SAN LUIS
Había una vez un hombre muy rico que tenía un hijo que era muy jugador. Y el padre se enojaba porque este hijo era tan jugador. Y un día el hijo le dijo que iba a rodar tierra y a buscar suerte por áhi. Y se despidió del padre. El padre le echó la bendición y le dijo que cuando tuviera necesidá volviera a su casa, que él lo iba a recibir con los brazos abiertos.
Se jue el hijo, y por áhi jugaba con todos los que podía jugar. Un día se encontró con un hombre muy rico y empezaron a jugar. Este hombre le ganó todo lo que tenía y al fin le dice que le juega l'alma. Y la jugó a l'alma y se la ganó. Entó este hombre, que era el diablo, le dijo que le daba plazo di un año pa que le juera a pagar. Y áhi le dio las señas ande él vivía, y se despidió y se jue. Y le dijo que su casa era un palacio, y le dijo cómo era, y pal lau que tenía que rumbiar.
Cuando ya se cumplía el plazo, el mozo se encaminó a buscar el palacio del diablo, pero él no sabía que era el diablo. Ya cuando iba llegando le salió un viejito al paso. Áhi se saludaron y se pusieron a conversar. Y este viejito había sido Dios. Y le dijo que todos los que iban áhi no volvían más, pero que él le iba a dar unos consejos pa que se salve porque ese hombre que le había ganado era el diablo. —298→ Le dijo que siga ese camino. Que iba a dar con una laguna. Y qui áhi se escuenda porque acostumbraban venir las hijas del diablo a bañarse. Cuando las niñas se dentren al agua que trate de agarrarle y de esconderle las ropas de la menor, que es la más linda y la más güena, y que ésa lo iba a ayudar; que ésa era Blanca Flor. Y el mozo le agradeció al viejito los consejos y se jue.
Ya devisó de lejo no más el palacio. Y ya dio tamién con la laguna. Que era una laguna muy linda, de aguas cristalinas, rodiada de árboles y de plantas tupidas. Y áhi se escondió, ande vido que era pa bajar a bañarse.
Al rato no más llegaron las hijas del diablo. Que eran siete niñas muy lindas. Ya se desvistieron y se botaron a l'agua. Y ya vido que la más linda era la más chica y vido ande dejaba la ropa. Y jue y le sacó los zapatos.
Güeno, después de un rato, salen las niñas y se empiezan a vestir. Blanca Flor no podía encontrar los zapatos y los buscaba por todos lados. Las otras se vistieron y se jueron y Blanca Flor queda llorando y buscando sus zapatos por todos lados.
Después di un rato sale el joven y le entrega los zapatos. Entonce ella le pregunta quién es y por qué li había escondíu los zapatos. Entonce él le dice que porque li ha tomado simpatía a ella y le dice que viene a arreglar cuentas con el padre de ella. Ella le dice que le va ayudar en todo y que cuando la necesite diga: ¡Blanca Flor!, y qui al momento va 'star áhi. Se despidieron y ella se jue adelante, muy ligero.
Ya llegó el joven al palacio y salió este hombre rico, que le ganó hasta l'alma, y le dijo qu'hizo bien de venir porque ese día se cumplía el plazo y él 'taba ya por ir a buscarlo. Entonce le dice que él tiene unos trabajos pa darle y con esos trabajos, si él los hace bien, se puede salvar. Y ya le dio el primer trabajo:
—299→-Mañana bien temprano, me tenís que voltiar aquel cerro, tenís que arar, sembrar trigo, cosechar, moler y hacer harina, amasar, horniar, y a la noche me tenís que trair pan caliente.
El joven se va muy triste y se pone por áhi a llorar. Y entonce se acuerda y dice:
-¡Blanca Flor!
Áhi no más vino Blanca Flor y le pregunta qué le pasa y por qué 'tá tan triste.
-Y cómo no voy a 'tar triste con el trabajo que me da tu padre -y le dijo todo lo que tenía qui hacer.
-Eso nu es nada -le dice Blanca Flor-. Mañana bien temprano te vas al cerro y yo te voy a 'tar esperando. Al día siguiente se juntaron al pie del cerro. Y le dijo ella que él se ponga a dormir al pie di un árbol. Y áhi el joven se quedó dormido. Blanca Flor, con el poder que ella tenía, voltió el cerro, aró, sembró trigo, lo recogió, molió, amasó, hornió, y a la nochecita lo despertó al joven con el pan calientito. Y el joven no podía creer lo que 'taba viendo. Ella le pidió que no vaya a decir nada que ella lo ayudaba, porque serían perdidos los dos.
El joven va y le entrega al diablo el pan recién sacado del horno y éste se quedó muy sosprendido. Y entonce le dice:
-¡Ah!, pero esto no lo hacís vos. Por áhi anda Blanca Flor. Ahora te voy a dar otro trabajo: me vas a trair un anillo qui hace veinticinco años que se mi ha caído al río, y si no 'tás perdido.
El joven va y se pone a llorar, y la llama a Blanca Flor. En seguida se presenta Blanca Flor y le pregunta por qué 'tá tan triste. Y él le dice:
-Cómo no voy a 'tar triste si tu padre mi ha puesto de trabajo que le traiga el anillo que perdió en el río hace veinticinco años.
—300→-Eso es muy difícil -le dice ella-, pero vamos a ver cómo lu hacimos. Tenimos que llevar un tarro grande, un cuchillo y una guitarra. Vos me tenís que cortar en pedacitos y me echás al tarro, pero no me tenís que dejar cair ni una gota de sangre porque eso me puede hacer perder la vida. Así, me tirás al río, y vos tenís que 'star tocando la guitarra. Cuando yo te grite ¡Blanca Flor!, vos tenís que contestarme, porque ésa es la seña de que encontré el anillo. Si no me contestás seré perdida.
El joven no quería por nada hacer eso con Blanca Flor y decía que prefería morirse, pero le dijo que no juera cobarde y que ésa era la salvación de los dos y que lo tenía qui hacer no más. Y al fin lo hizo. La cortó en pedacitos, la echó al tarro, y la tiró al río. Áhi, lo que le pasó es que una gota de sangre del dedo chico, en un descuido se le cayó al suelo. Él, entonce, se sienta áhi y se pone a tocar la guitarra. Al rato no más se quedó dormido, profundamente dormido.
Ya había pasau un buen rato y entonce empieza a gritar: «¡Blanca Flor!, ¡Blanca Flor!, ¡Blanca Flor!». Y como el mozo 'taba dormido, no contestaba, pero al decir la última vez «¡Blanca Flor!», la oyó y contesta: «¡qué!, ¡qué!, ¡qué!».
Ya salió del río la niña como era ante, y le entrega el anillo. Sólo en la puntita del dedo chico le faltaba un pedacito: eso era por la gota de sangre que se le cayó cuando la echó al río.
Ya muy contento jue y le entregó al padre de Blanca Flor el anillo. Él estaba muy sosprendido y le dice otra vez:
-¡Ah!, pero no lo hicistes vos. Por áhi debe andar Blanca Flor. Ahora te voy a dar el último trabajo: mañana me vas a domar un potro y una yegua chúcaros que tengo y a la noche me los tenís que entregar mansitos.
—301→El joven salió muy triste porque ya se daba cuenta que estos animales tenían que ser muy malos y que lu iban a matar. Ya la llamó a Blanca Flor, y Blanca Flor llegó en seguida: él le contó de ese trabajo y ella le dijo que era muy difícil, que el potro iba a ser el diablo y la yegua la diabla, y que ella iba a ser las riendas. Entonce le dio un rebenque y le dijo que con ese rebenque les tenía que pegar a los animales por todas partes, que no les aflojara, pero que tuviera cuidado y no juera a pegar en las riendas, porque la iba a lastimar a ella.
-Y da las gracias a Dios que las riendas sea yo, porque si no te matan.
Ya al otro día jue al corral a ver los animales que iba a domar. Y áhi 'taba el potro y la yegua bufando furiosos, que daban miedo. Le ayudaron a poner la guatana156 y el apero, y montó, primero el potro y después la yegua. Estos animales corcoviaban enloquecidos para voltiarlo, pero el mozo les empezó a pegar con el rebenque por todos lados y al fin tuvieron que aflojar y si amansaron.
Va a la noche ande 'taba el diablo y lu encuentra en la cama muy estropiau. Lo mismo 'taba la diabla. Entonce le dice como la otra vez:
-Esto no lu hacís vos, pero, ya ti has salvau y te podís ir.
Entonce el mozo le dice que se va a ir pero con Blanca Flor y que se la tiene que dar para casarse. Entonce él le dice que si adivina cuál es Blanca Flor entre todas las hermanas, entonce se podrá casar con ella. Y entonce las pone en una pieza y hace que saquen el dedito chico por el ojo de la llave. Entonce a cada una que sacaba el dedo él decía:
—302→-Ésta no.
Hasta que al fin sacó el dedito Blanca Flor. Él lo conoció en seguida porque le faltaba un pedacito, y entonce dijo:
-Ésta quiero, ésta quiero.
Entonce el diablo no tuvo más remedio que dejar que se celebre la boda, porque había sido vencido.
Esa noche le dijo Blanca Flor al joven que el padre los iba a matar y que tenían que huir. Entonce colocaron en la cama una bolsa di arena y una bolsa de afrecho. Blanca Flor dice que el padre tiene dos caballos muy ligeros, que uno era el Viento y el otro el Pensamiento. Ella quería que jueran en el Pensamiento pero el mozo eligió el Viento, y se jueron, huyeron sin que los vieran.
Ya se levantó el diablo y jue a la pieza. Dio una tremenda cuchillada a una bolsa y saltó arena; dio otra cuchillada a la otra, y saltó afrecho. Entonce va y le dice a su mujer, a la diabla, lo que ha pasado, y le dice que tiene que perseguirlos y trairlos. Y áhi no más sale la vieja a seguirlos. Monta en el Pensamiento y sale al galope. Al poco rato los va alcanzando. Entonce Blanca Flor le dice al mozo:
-Mi madre los alcanza. Los vamos a convertir, vos en un picapedrero, el caballo en un banco y yo en una piedra -y así jue.
Cuando llegó la vieja vio qui un picapedrero 'taba trabajando una piedra, y le preguntó:
-¿Nu ha visto pasar una pareja en un caballo muy ligero?
Y le contestó el joven:
-Hace mucho rato pasaron. ¡Quién sabe ande irán a estas horas!
Entonce se vuelve la diabla y le dice al diablo que no los puede alcanzar, que sólo ha visto a un picapedrero que 'taba en un banco picando una piedra.
—303→-¡Ah!, vieja zonza, el picapedrero era el joven, el banco el caballo y la piedra Blanca Flor. Andá a trairlos en seguida.
Ya volvió a salir la diabla en el Pensamiento, y los siguió:
Al rato, Blanca Flor le dice al joven:
-Mi madre los viene persiguiendo y prontito los va alcanzar. Los dos los vamos a convertir en dos méndigos157 y la vamos a engañar.
En seguida no más llega la vieja en su caballo tan ligero y les pregunta si nu han visto a un picapedrero que 'taba picando una piedra.
-Sí, lo vimos, pero el picapedrero cargó la piedra, el banco y las herramientas en un carro y se jue. A estas horas quién sabe ande andará.
Se creyó la vieja y se volvió.
A todo esto ya pudieron llegar a la casa del mozo.
El padre los recibió muy contento y les dijo que se queden a vivir en su casa. Y áhi se quedaron.
El diablo 'taba sabiendo todo, pero ya no los podía perseguir ni les podía hacer nada. Dios, que era el viejito que le salió al joven en el camino, era el que lo había salvado.
| |||||||||||||||||||||
José Suárez, 65 años. Mercedes (Estación). San Luis, 1929.
El narrador aprendió este cuento del padre, que era un gran narrador.
En este cuento no figura el motivo del olvido mágico del héroe.
—304→
CÓRDOBA
Que era un Rey que tenía un hijo y lo mandó con los piones al campo. Y él le dio el mejor caballo para que vaya. Y después hallaron una gama y la empezaron a perseguir. Y después el hijo del Rey siguió adelante porque tenía mejor caballo. Y se largó a correr y correr, y se les perdió. Lo buscaron por todas partes y al no encontrarlo se volvieron con la mala noticia a las casas del Rey.
El muchacho perdido ya no pudo volvé y siguió, siguió, y jue a salir a la casa de una vieja que era bruja. Bueno, era un matrimonio, que la señora era bruja. Y él llegó y no dijo que venía perdido, dijo que venía en busca de trabajo. Y ella le dio trabajo. Y entonce la bruja trató de matarlo. Esta bruja tenía una hija muy linda y muy güena que se llamaba Blanca Flor.
Entonce un día esta bruja lo mandó a sembrar. Que le dio un poco de semilla de sándia y máiz y le dijo qui al otro día a las doce tenía que trair sándias maduras y choclos.
Jue el joven ande tenía que sembrar y áhi se puso a llorar. Lloraba y lloraba y no sabía qui hacer. Ya vio que lo iba a matar la bruja. Y entonce que cuando 'taba llorando, que jue la hija de la bruja, Blanca Flor, y que le dice:
-¿Porque llora su güen mozo?
—305→-Cómo no voy a llorar si su madre me ha mandado que siembre sándias y máiz y que tenga sándias maduras y choclos para mañana a las doce.
Y entonce que le dice:
-No tenga cuidado. Eche las semillas y acuestesé a dormir por áhi. Y si viene mi madre y le pregunta de mí, usté contestelé: Qué sé yo de Blanca Flor y Blanca Flor de mí. Y se jue.
El mozo echó las semillas en la tierra y se acostó a dormir.
Al otro día había un sandial y un maizal que daba gusto. Y a las doce del día 'taban las sándias y los choclos que daban gusto. Y cuando vio eso la vieja bruja le va a preguntar:
-¿Por aquí ha venido Blanca Flor? Y él le contesta:
-Qué sé yo de Blanca Flor y Blanca Flor de mí. El diablo lleve a Blanca Flor y Blanca Flor a mí.
Entonce que si había vuelto la vieja enojada porque se dio cuenta que Blanca Flor lu ayudaba al joven y que lo quería al joven.
Y han llevado y han servido las sándias y los choclos en la mesa. Y lu han llamau al joven para que coma con la vieja, con el viejo. Y el joven era muy güen mozo y muy educado, claro, si era Príncipe.
Y entonce que ya más tarde, le encarga el trabajo para el otro día y le dice:
-Mañana va a llevar unas pencas de tuna y va a plantar en la chacra. A las doce del día tienen que 'tar las plantas grandes y la fruta madura.
-Bueno -que dice él.
—306→Y él hizo lo mermo di ante. Se jue a la chacra y se puso a llorar amargamente. Y áhi jue la niña y le dijo:
-¿Porque llora su güen mozo?
-Cómo no voy a llorar si su madre me han mandado con estas penquitas pa que las plante y a las doce del día de mañana quere tunas maduras.
Y entonce ella le dice:
-No se le dé cuidau. Ponga por áhi las penquitas y acuetesé a dormir. Mañana va a tener un gran tunal. Va a venir mi madre y va a preguntar si yo anduve por acá. Usté le dice como yo le enseñé l'otra vez.
Y entonce al otro día 'taban amarillando las plantas de tunas, llenecitas de fruta madura. Y viene la vieja y le dice:
-¿Por aquí ha venido Blanca Flor?
Y él le contesta:
-Qué sé yo de Blanca Flor y Blanca Flor de mí. El diablo lleve a Blanca Flor y Blanca Flor a mí.
Entó la vieja llevó las tunas maduras y comieron todos en la mesa.
A la tarde andaba por áhi el joven y Blanca Flor viene y le dice:
-Esta noche lo van a matar y lo van a comer. Yo lo voy a salvar. Los vamos a ir. Esta noche, cuando si acuesten mis padres, usté va al corral. En el corral hay dos caballos, uno gordo oscuro y un zaino flaco. Usté agarra el flaco. No vaya agarrar el gordo. Y áhi va 'tar una chancha de mi madre y usté la va a dejarretar: le corta los garrones.
Y esa noche cuando los viejos 'taban dormido el mozo jue al corral y hizo lo que Blanca Flor le ordenó.
Blanca Flor alzó un peine, un espejo, una tijera y un pan de jabón. Y echó tres escupidas en una mesa. Y se subieron con el mozo en el caballo flaco y se jueron.
—307→Y entó, que a eso de la medianoche, la vieja le dice al viejo que Blanca Flor y el mozo si han ido. Y el viejo le dice que no. La llama la vieja:
-¡Blanca Flor!
Y entonce la primera escupida contesta:
-Señora...
-Vis -le dice el viejo- ¿que Blanca Flor está? Más tarde la vieja vuelve a decir:
-Viejo, Blanca Flor se los va.
-No, si áhi tá. Llamala.
-¡Blanca Flor!
-Señora... -dice la segunda escupida, más débil que la primera.
-¿Hais visto? -le dice el viejo y se vuelven a dormir.
A la madrugada la vieja vuelve a decir:
Viejo, viejo, Blanca Flor se los va. ¡Blanca Flor! -la llama.
Y entó contesta muy apagada la última escupida:
-¡Señora!...
Y áhi salta la vieja y va y ve y viene corriendo:
-No te dije, viejo, Blanca Flor se los ha ido con el mozo. Si han ido en el caballo flaco y han desgarrau la chancha. Andate en el caballo gordo y alcanzalos y me los trais.
Y el viejo se va a perseguirlos. Y ya que los iba alcanzando. Entó la niña le dice al mozo:
-Mozo, mis salivas ya si han secado. Mi madre ha descubierto todo y lo manda a mi padre para que los alcance. Y ya los viene alcanzando. Al caballo lo voy hacer una iglesia, a los pelos del caballo, los que vienen a misa; yo me hago una virgen y a usté lo hago un sacerdote.
—308→Y así jue. Llegó el viejo y vio esta iglesia con tantos fieles, y un cura que decía misa en un altar que 'taba una virgen. Y entó que se puso a mirar y di áhi se volvió a las casas, y le contó todo a la vieja, y que la vieja le dice:
-Viejo bruto, ¿no vis que l'iglesia es el caballo, los pelos del caballos son los fieles, el cura el mozo y la virgen la niña? Yo voy a ir ahora.
Y ya se había sanau la chancha. Que era más ligera que el viento y se jué con ella la vieja. Entó le dice la niña al mozo:
-Mi padre li ha contau a mi madre lo qui ha visto y ella adivina que somos nosotros. Ahora se viene ella en la chancha que ya 'tá sana. Apure mozo que ya los viene alcanzando.
Y ya cuando los alcanzaba la niña tiró el peine y se levantó un pencal que no podía pasar la vieja. Y los jóvenes siguieron viaje. Y al fin pasó y ya los iba alcanzando otra vez. Y la niña le tiró el jabón. Áhi se levantó una niblina que la bruja no podía pasar. En cuanto pudo empezó a darles alcance.
Ellos siguieron viaje. Entó la niña tiró la tijera y si abrieron unas barrancas que la vieja no podía pasar. Y ellos siguieron el viaje. Y al fin pasó la vieja y los iba alcanzando y entó la niña tiró el espejo. S'hizo una gran laguna que no podía pasar la vieja. Y ellos siguieron viaje. Pero al fin pasó la vieja y ya los iba alcanzando.
Bueno... Ya la niña le dijo que ella iba hacer la última prueba, que era la definitiva. Que si la madre los vencía —309→ 'taban perdidos y si la vencían a ella se salvaban. Y ya cuando los iba alcanzando, al joven lu hizo un gran río de agua, al caballo lu hizo un puente y ella s'hizo pato y andaba nadando. Y ya llegó la vieja y jue a pasar el puente para cazar el pato y se dehizo158 el puente y si augó la vieja.
Y ya los jóvenes se jueron a lejas tierras y se casaron y jueron felices.
Simión Rojas, 73 años. El Fuerte. Río Seco. Córdoba, 1952.
Lugareño rústico. Buen narrador.
—310→
NEUQUÉN
Éste era un rey y una reina. Tenían un reinado grande y mucha gente en su reinado. Y muchos sirvientes. A unos los empleban para dar de comer a los caballos, a otros a los chanchos, las vacas, los gansos. Para cada animal tenían quien los cuidaba.
Entonces en el palacio había una vieja bruja que al Rey, a la Reina y a todos los tenía encantados. Y la vieja bruja tenía una hija que se llamaba Narcisa. Y el marido de la bruja trabajaba en el palacio.
Bueno... Y llegó un muchacho que se llamaba Narciso a pedirle trabajo al Rey. Y entonce el Rey lo empleó para que le diera de comer a una yegua y a una chancha. Y le dijo:
-Echale carne a la yegua y pasto a la chancha.
Y entonces el muchacho se sorprendió y le preguntó que por qué iba a echale carne a la yegua y pasto a la chancha, siendo que los yeguarizos comen pasto y los chanchos carne. Y entonces le dijo que no se le ocurriera echarle pasto a la yegua y carne a la chancha porque sería perdido.
Bueno... La bruja, al que llegaba allí se lo comía o lo volvía piedra o animal. No podían tener gente que sirviera, por eso.
—311→Pero, ¿qué pasó? Que el Narciso con la Narcisa simpatizaron mucho. Entonces le dice la Narcisa:
-Mirá, aquí están todos bajo el mando de mi mamá. Tienes que hacer todo lo que mi mamá te mande y tal como te lo dice. Yo te voy a ayudar. Ella te va a mandar cosas imposibles para poderte matar.
Entonce el muchacho cumplía al pie de la letra lo que le decía. Entonces un día lo quiso tentar. Y le dijo que no, porque su amito le había dicho que hiciera así.
Un día le entregó un trigo y le dijo que su amito le había dicho que lo sembrara, lo cosechara, lo trillara, lo moliera y amasara esa harina dentro de 15 días porque si no la cabeza le iban a cortar.
Entonces el muchacho se puso a llorar.
En eso llegó la Narcisa y le dijo que por qué lloraba.
Entonces él le dijo:
-Cómo no voy a llorar si tu madre por orden del Rey me ha dicho que tengo que sembrar este trigo, cosecharlo, trillarlo, molerlo y amasarlo en el plazo de 15 días.
Y entonces ella le dijo:
-No se te dé nada. Yo te voy a ayudar. Esperá no más que yo te voy a ayudar.
Entonces lo sembró al trigo. A los 2 ó 3 días ya estaba alto el trigo, soltando la espiga. En seguida se maduró y lo cortó. Lo cosechó, lo trilló, lo aventó, lo molió y antes de 15 días le llevó el pan al Rey.
Entonces la vieja bruja la empezó a peliar a la Narcisa diciendolé que ella tenía la culpa porque cómo el muchacho podía hacer eso si ella no lo ayudaba. Porque la muchacha sabía también brujería, pero sólo para hacer bien.
Bueno... Entonces la vieja le dijo un día:
-¿Sabes hilar?
—312→Porque entonces los hombres hilaban a la par de las mujeres. Entonces le entregó un vellón de lana. Y le dijo que el amito lo mandaba que en dos días tenía que hilarlo, torcerlo, teñirlo y tejerle una alfombra.
Otra vez el muchacho se puso a llorar. ¡Cómo iba hacer esa cosa imposible! Entonce llegó la Narcisa y le dijo que no se le diera nada, que ella tenía una vaquita que le ponía la lana en las astas y que ella solita se la iba a hilar, y ella en un momento se la iba a teñir y se la iba a tejer.
Y así lo hizo, y antes de dos días tenía todo el trabajo, y se lo entregó a la bruja para que se lo lleve al Rey.
La bruja estaba furiosa porque no había conseguido matarlo ni sacarlo del puesto, y dijo que iba a hacer la última prueba. Entonces le entregó dos piedras grandotas y le dijo que eran papas. Y le dijo que las tenía que hervir toda esa noche y que al otro día se las tenía que entregar para desayuno, bien cocidas.
Y el muchacho se puso a llorar amargamente. Y vino la Narcisa y él le pidió ayuda, y ella le dijo que era imposible porque ella no sabía nada para eso. Y que lo mejor que podían hacer era irse porque la madre los iba a matar a los dos. Y así como lo dijeron lo hicieron.
En la noche, cuando todos se acostaron, entonces ellos hicieron cada uno un montoncito de saliva y se prepararon sus cosas para irse. Entonces la niña le dijo a Narciso que fuera a buscar un caballo que tenía la madre que caminaba tres leguas al tranco.
Entonces agarró, y en el apuro fue él por última vez a darle de comer a la chancha y a la yegua. Y en el apuro le dio carne a la chancha y pasto a la yegua. Y entonces la yegua le habló, le dijo:
Has desobedecido y por eso serás perdido.
—313→Y la chancha empezó a gritar. Y la yegua le dijo que matara la chancha y montara en ella. Y él mató la chancha y montó en la yegua. Y en vez de traerle a la niña el caballo que caminaba tres leguas al tranco, le trajo la yegua que caminaba dos leguas al tranco. La niña le dijo que era una lástima que se hubiera equivocado, pero que ya no tenían nada que hacer.
Entonces antes de salir tomó un güevo, un peine, un poco de ceniza, un poco de sal y un espejo. Ella conocía bien a la madre y sabía que los iba a seguir. Cada uno hizo un montoncito de saliva. La saliva iba a contestar por ellos cuando la madre los llamara. Se prepararon para salir y se fueron.
La vieja, como era bruja, maliciaba que se iban a ir y los empezó a llamar:
-Narciso, ¿se cuecen las papas? Y la saliva le contestaba:
-Cocinandosé están.
Y la llamaba a la muchacha:
-¡Narcisa!
-¡Mamita! -le decía la saliva.
La saliva le respondió toda la noche hasta que aclaró. Y cada vez la saliva contestaba más débil. Y al final, apenas respondía la saliva. Y entonces dijo:
-Ya se están durmiendo. Los voy a atar, los voy a matar, los voy asar y los voy a comer.
Había mandado a preparar un horno para asarlos. Y se levantó contenta para comerlos, y cuando no los encontró se puso furiosa y se fue al marido. Le dijo que le trajera el caballo que caminaba tres leguas y la yegua que caminaba dos. Y al ver que no estaba la yegua se puso contenta, porque los iba a alcanzar. Y resolvió que fuera el marido. Y se fue el marido.
—314→El viejo se puso a perseguirlos. Caminó como hasta los doce días. Ya los llevaba bien cerquita porque su caballo era más ligero. Entonces la niña le dice a Narciso:
-¿Ves esa nubecita, ese polvito que se ve lejos? Es mi papá que nos viene siguiendo.
-¿Qué vamos a hacer? -le dice Narciso.
-Mi papá es muy bueno -dice la niña y lo vamos a engañar, él no se va a dar cuenta. Nosotros nos vamos a transformar, la yegua en durazno florecido y nosotros en dos pajaritos.
Entonces el viejito llegó áhi, muerto de calor, y en ese desierto vio ese duraznero florecido y esos dos pajaritos. Entonces agarró, se bajó, lo ató al caballo en el durazno, y se puso a sombrear debajito del árbol y se durmió una siesta. Y entonces dijo:
-¡Que seré tonto! No los voy a seguir más. De aquí no los voy a alcanzar.
Y el viejito se volvió. Cuando llegó a las casas de vuelta, le preguntó la bruja si los había alcanzado o los había visto. Entonces le dijo que no, que sólo había encontrado un duraznero florecido y dos pajaritos. Entonces le dijo la vieja:
-Esos eran, ¡ah, viejo tonto! Esos eran ellos y vas a tener que irlos a buscar.
Entonces emprendió otra vez la vuelta, a perseguirlos. Caminó todo lo que había andado y encontró el mismo desierto y no encontró nada. Entonces dijo:
-¡Ah!, mi vieja tensa razón, éstos eran ellos. ¡Miren cómo me engañaron!
Mientras tantos los otros aprovecharon para alejarse mucho, mucho. Pero como el caballo del viejo caminaba tres leguas al tranco, a la tardecita ya los iba alcanzando otra vez. Entonces la Narcisa le dijo al Narciso:
—315→-¿Ves aquella nubecita de polvo? Ése es mi papá que los viene alcanzando.
Entonces ella agarró y transformó al caballo en una iglesia con el altar, los santos y todo, y al muchacho en un padre, y ella en una virgen. Entonces el viejo, cuando llegó áhi, dijo:
-¡Ah, tanto tiempo que no veo una iglesia, que no oigo misa, que no veo los santos! Voy a pasar a rezar.
Entonces llegó, entró a la iglesia, se arrodilló, rezó y dijo:
-De aquí me voy a volver. ¡Quién sabe a dónde se han ido los muchachos! Si los quiere seguir mi mujer, que los siga ella.
Cuando llegó a la casa, para qué le dijo, la vieja casi se lo comió.
-Bajate, viejo inservible. Yo los voy a seguir. Y vas a ver cómo los voy a alcanzar.
Subió la vieja en el caballo y empezó a galopar. Y en un poco rato ya los llevaba bien cerquita. Entonces la chica le dijo al muchacho:
-¿Ves aquella nube espesa? Ésa es mi mamá, y si nos alcanza estamos pedidos.
Y ya la vieja venía cerquita. Y ya los iba a alcanzando. Entonces, cuando ya la vieja estaba bien cerquita, la Narcisa le tiró el peine, y el peine se volvió un monte159 de plantas espinudas. Y la vieja encaraba y se rajuñaba, sangraba por todas partes, se rompía toda la ropa. Pero la vieja era porfiada y segura y seguía encarando hasta que consiguió pasar el monte.
—316→Y siguió otra vez a lo que daba160, la vieja. Y ya los volvía a llevar cerca. Entonces la chica le tiró el güevo. Y el güevo se le volvió un río, pero enorme de grande. Y entonce la vieja entró, llegó hasta la mitá y la fuerza del agua la volvió. Pero ella siempre con la porfía de pasar. Le dio unos cuantos azotes al caballo y volvió a entrar al río hasta que pasó. Mojadita la vieja, entumecida, pero lo pasó. Entonce le volvió la chica a decir al muchacho:
-¿Ves aquella nube espesa? Es mi mamá que nos viene alcanzando.
Entonce la chica agarró y le tiró el puñado de sal. Y se le volvieron unas rocas muy altas, unos riscos peinados161 como los de la Cordillera162 que no podía pasar. Pero ella empezó a dar vueltas y vueltas. Se caía, se levantaba con su caballo, se rajuñó, se lastimó y se causó tantas heridas, pero seguía porfiando. Y porfió hasta que cruzó los riscos. Y consiguió pasar. Y ya la Narcisa le volvió a decir al Narciso:
-¿Ves aquella nube oscura? Ésa es mi mamá que nos viene alcanzando.
Y ya los alcanzaba. Entonces la muchacha le tiró el puñado de ceniza. Y se olvió una neblina espesa, espesa, que no se veía nada, nada. Pero la vieja empezó a ver si pasaba. Y se empezó a internar y a internar por la neblina que no se veía ni las manos. Pero tanto porfió y porfió, que al fin consiguió pasar la neblina. Y ya la Narcisa le volvió a decir al muchacho:
-¿Ves aquella nube oscura que viene? Es mi mamá que los alcanza. Bueno, éste es el último recurso que nos queda -dijo, y sacó el espejo.
—317→Le tiró el espejo a la vieja y se le volvió un mar, que no se le veía el fin. La vieja siempre imprudente se metió, pero qué, caminó unos diez metros y se tuvo que volver. Casi se ahogó. Y ya perdió la esperanza de alcanzarlos. Entonce le echó una maldición y le dijo:
-Anda, hija ingrata, que el que te lleva en el anca del caballo te ha de olvidar.
Entonce la chica le dijo al muchacho:
-Mirá la maldición que me echa mi madre, que el que me lleva en el anca del caballo me ha de olvidar.
El muchacho juró que nunca la olvidaría, que antes se moriría que poderla olvidar a ella que le debía la vida.
Siguieron camino. Caminaron mucho. Después de mucho caminar llegaron a una población. Llegaron a una casa y pidieron alojamiento. Entonces en esa casa les dieron alojamiento. Y justo esa noche daban una gran fiesta en el palacio del Rey. Y fue a la fiesta el joven y no volvió más.
Se había enamorado de la hija del Rey. Y se quedó a vivir en el palacio y perdió la memoria de todo.
Y pasó el tiempo. Y ya se corrió la noticia que este mozo se iba a casar con la hija del Rey. Y se preparó una gran fiesta.
Y la Narcisa preparó un pollito y una pollita que hablaban y se fue a la fiesta. Y entonces pidió permiso para mostrar un pollito y una pollita que sabían hablar, y con esa novedá le dieron permiso para que los hiciera ver al Rey, a la Reina, y a los invitados de la fiesta. Entonces la niña entró con la pareja de pollitos. Y toda la concurrencia estaba curiosa por ver esta novedá. Y el muchacho miraba todo y la miraba a la Narcisa pero ya no la conocía, la había olvidado, porque se había cumplido la maldición de la bruja. Entonces empezaron a hablar el gallito y la gallinita:
—318→-¿Te acordás gallito ingrato cuando llegaste a trabajar al palacio del Rey donde había una bruja que tenía una hija, y que el Rey por indicación de la bruja te mandó a sembrar un trigo, a cosecharlo, a trillarlo y a amasarlo en el plazo de 15 días, y te pusiste a llorar?
-Cucurú que no me acuerdo -decía el gallito.
-¿Te acordás gallito ingrato cuando te dieron el vellón de lana para hilarlo, torcerlo, teñirlo y tejerlo?
-Cucurú que no me acuerdo.
-¿Te acordás gallito ingrato cuando te dieron las piedras y te dijeron que eran papas, que las tenías que cocer, y que si no las entregabas cocidas te iban a matar?
-Cucurú que no me acuerdo.
-¿Te acordás gallito ingrato cuando le echaste el pasto a la yegua y la carne a la chancha?
-Cucurú que no me acuerdo.
-¿Te acordás gallito ingrato cuando nos fuimos en la yegua que caminaba dos leguas al tranco y nos salió a buscar mi papá, y transformamos la yegua en duraznero y nosotros en dos pajaritos?
-Cucurú que no me acuerdo.
-¿Te acordás gallito ingrato cuando nos alcanzó mi papá y transformamos la yegua en iglesia y nosotros nos transformamos en un padre y en una virgen?
-Cucurú que no me acuerdo.
-¿Te acordás gallito ingrato que cuando salimos yo había agarrado un peine, un güevo, un puñado de ceniza, un puñado de sal y un espejo para tirarle a mi madre porque sabía que nos iba a seguir?
—319→-Cucurú que no me acuerdo.
-¿Te acordás gallito ingrato cuando mi mamá nos alcanzaba y le tiré el pine y se formó un gran monte espinudo?
-Cucurú que me voy acordando.
-¿Te acordás gallito ingrato cuando mi mamá pasó el bosque y nos iba alcanzando y yo le tiré el güevo y se le volvió un río grande y caudaloso, pero tanto trabajó hasta que lo pasó?
-Cucurú que me voy acordando.
-¿Te acordás gallito ingrato cuando mi mamá pasó el río, y los iba alcanzando y yo le tiré la ceniza, y se formó una niebla espesa que no la dejaba pasar, pero tanto porfió hasta que la pasó?
-Cucurú que me voy acordando.
-¿Te acordás gallito ingrato cuando mi mamá nos iba alcanzando y yo le tiré la sal y se formó un riscal muy grande que no la dejaba pasar, pero tanto porfió hasta que lo pasó?
-Cucurú que me voy acordando.
-¿Te acordás gallito ingrato cuando mi mamá los iba alcanzando y le tiré el último recurso, el espejo, y se le volvió un mar, y como no lo pudo pasar me echó una maldición y me dijo: ¡Anda hija ingrata que el que te lleva en el anca del caballo te ha de olvidar!
-Cucurú que me acordé -dijo el gallito.
Y el joven se acordó de todo y la reconoció a la Narcisa y se abrazaron. Y el joven contó a todos lo que había pasado, y dijo que tenía que casarse con la Narcisa, que por una maldición de la bruja la había olvidado. Y en seguida buscaron jueces, curas, y se casaron. Y hicieron una fiesta muy grande. Yo también 'tuve en la fiesta y me divertí.
—320→Se fueron a casar los jóvenes, pero no se olvidaron de su yegüita. Y entonces la yegüita se transformó en una princesa con las palabras mágicas que le dijo la Narcisa: Princesa eras, Princesa eres, Princesa serás. La Narcisa sabía que la vieja bruja la había encantado.
Y se casaron la Narcisa y el Narciso y tuvieron muchos hijos y fueron muy felices.
Celia Álvarez de Casado, 51 años. Ranquelcó. Ñorquín. Neuquén, 1951.
La narradora, semiculta, pertenece a familias tradicionales de la Provincia. Es nativa de Chos Malal, en donde oyó el cuento desde niña.
—321→
Nuestro cuento, con sus versiones y variantes, llamado Belleza del Mundo o Blanca Flor (hay algún otro nombre), que invariablemente contiene el motivo de la fuga mágica, es muy antiguo, tiene difusión universal y ha sido objeto de numerosos e importantes estudios. Como el cuento de Occidente, conserva, en parte, el mito de Jasón y Medea.
Difusión geográfica del cuento
En su desarrollo entran, entre otros motivos, los siguientes:
—322→A. Un joven llega a la casa del diablo o de brujos para entregar su alma o en busca de trabajo.
B. La hija menor o la niña de la casa, de gran belleza y que tiene poderes mágicos, enamorada del joven, lo defiende de la persecución malvada de los padres realizando las tareas sobrenaturales que le encomiendan a él.
C. Ante el peligro de ser muertos los jóvenes huyen y son perseguidos por los padres. En la huida mágica toman muy diversas formas (una iglesia, un árbol, un lago, montañas, pájaros, flores, sacerdote, fieles). En el último intento de apresarlos, la madre maldice a la hija: el que te lleva te olvidará.
D. Se cumple la maldición. La joven recurre a su ingenio y a sus poderes y reconquista al joven que ha caído en olvido mágico, en el momento en que va a casarse con otra.
En nuestro país tiene amplia difusión. Es el Tipo 113 de Aarne, Aarne-Thompson y Boggs. Ver Espinosa, II, p. 470 y Pino Saavedra, I, p. 377.
