21
«En nuestra casa en ese pueblo de las Sierras de Córdoba (la de allá) no había luz eléctrica, ni televisión, ni radio. A la música la hacíamos nosotros; los protagonistas de los espacios de ocio eran las palabras y los sonidos. Por la noche, especialmente los días que hacíamos el pan, sacábamos las brasas del horno, las poníamos en un fuentón muy grande, y leíamos o contábamos cuentos junto al fuego. O tocábamos el acordeón»
(Daniel Moyano, «Los sonidos y las palabras», cit., p. 44).
22
«Los sonidos y las palabras», cit., p. 49. Se refería al tío que en las Sierras de Córdoba le había inducido a escribir.
23
Gabriel García Márquez, El olor de la guayaba. Conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza, Barcelona, Bruguera, 1982, p. 106.
24
Véase Daniel Moyano, Libro de navíos y borrascas, Gijón, Ediciones Noega, 1984, pp. 9-10.