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21

Ob. cit, p. 627. Los subrayados son del original.

 

22

Ob. cit., pp. 742-743; los subrayados son del original. Ese planteamiento está ya presente en el preámbulo a la declaración de la estrofa primera: el alma está «obligada a Dios desde antes que naciese» (ob. cit., p. 581).

 

23

Véase al respecto José Lara Garrido, loc. cit., 90. Y Domingo Ynduráin, ob. cit., pp. 115 y ss.

 

24

Ob. cit., p. 187. Sobre la fuente como espejo ha escrito reveladoras páginas José Lara Garrido, loc. cit. El recuerdo del Cántico se deja notar en la fuente alegórica de un auto sacramental de sor Juana Inés de la Cruz; véase Ángel Valbuena Briones; «El juego de los espejos en El divino Narciso, de sor Juana Inés de la Cruz», Rilce, VI (1990), 343-344.

 

25

Ob. cit., p. 347. Y sigue: «Estas figuras que hacen los tales efectos están asentadas vivamente en el alma; que no son como las otras imágenes y formas que se conservan en la fantasía, y así, no ha de menester el alma ir a esta potencia por ellas cuando se quiere acordar, porque ve que las tiene en sí misma, como se ve la imagen en el espejo».

 

26

Así lo ha señalado recientemente Domingo Ynduráin, ob. cit., p. 164. Para la disputada cuestión de las relaciones entre los poemas y los comentarios, véase el panorama que ofrece Paola Elia en su edición de San Juan de la Cruz, Poesías (Madrid: Castalia, 1990), pp. 46-59.