1
Publicado en el Semanario Pintoresco Español, II, 1, 1989, fue incluido en los Ensayos literarios y críticos, Sevilla, Calvo-Rubio y Cía, 1844, II, pp. 38-41.
2
Sobre el asunto no hay más que remitir a un par de obras fundamentales: C. Pitollet, La querelle caldéronienne, París, Alean, 1909 y G. Carnero, Los orígenes del romanticismo reaccionario español, Valencia, Universidad, 1978. En cuanto a la proposición de Hugo, hay que mencionar otra totalmente opuesta de Mora que, en 1820, afirmaba rotundamente: «El liberalismo es en la escuela de las opiniones políticas lo que el gusto neoclásico es en el de las literarias»: v. J. L. Alborg, Historia de la literatura española, IV, Madrid, Gredos, 1980, p. 46.
3
Los artículos de López Soler y Monteggia ahora en El Europeo (ed. Guarner). Madrid, CSIC, 1954. Remito también al cap. I de mi ensayo Primi manifesti del romanticismo spagnolo. Pisa, Ist. di Lett. Spagnola, 1962, pp. 9-44.
4
Sobre la posible reacción de Durán a la Préface, véase Caldera, Primi manifesti, cit., pp. 54-55.
5
A. Durán, «Discurso», en Memorias de la Academia Española, II, 3, Madrid, Rivadeneyra, 1870, p. 282.
6
Prólogo al Romancero, en BAE X, p. V. Durán propone que se defienda la antigua literatura española «considerándola en sí misma y como medio necesario para recuperar la perdida originalidad e independencia que debiera nacer de la unión de lo pasado con lo presente». Palabras que el estudioso escribía en 1849 pero refiriéndose a las motivaciones que le impulsaron a escribir el Discurso.
7
Discurso, cit., p. 282, nota 1. La desconfianza hacia el término fue constante, en 1834, Pacheco afirmaba que Rivas y Durán pertenecían a la nueva escuela, «designada, tal vez malamente, con el nombre de romántica»
(La Abeja, n.º 175 del 23-X-1834).
8
Ibídem, p. 290, nota 1.
9
Véase mi ensayo «La polémica sobre el Don Álvaro», en curso de publicación en la revista de la Universidad de Ohio.
10
El Artista, 1835, I, p. 36.