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1

Aunque se refiere a una época algo más tardía, cuando Aragón ya se había constituido como reino, es muy importante el trabajo de J. M.ª Ramos y Loscertales, La formación del dominio y los privilegios del monasterio de San Juan de la Peña entre 1035 y 1094 (Madrid, 1929; publicado también en el AHDE, VI, 1929, págs. 5-107).

 

2

Hay que ver el planteamiento de la cuestión en la obra de R. Menéndez Pidal, El imperio hispánico y los cinco reinos. Madrid, 1950; en especial, las págs. 21 y ss.

 

3

Vid. la nota 76 en mi estudio Mercaderes y soldados: los francos en Aragón.

 

4

Américo Castro ha señalado muy bien cómo «Castilla se constituyó sobre la fuerza ejemplar de ciertos hombres excepcionales» (España en su Historia, Buenos Aires, 1948, pág. 239). Y fueron estos hombres los que crearon una conciencia y un Estado «castellanos» que acabaron por imponerse sobre el resto de España, cuando su destino parecía el de sucumbir ante León o Navarra-Aragón.

 

5

Cfr. la exposición más reciente, basada en toda la información anterior: M. Sanchís Guarner, El mozárabe peninsular (ELH, I, págs. 329-342, especialmente).

 

6

Baste recordar las repoblaciones hechas por mozárabes en territorio leonés (Mozárabes, Mozarbitos, en Salamanca; Toldanos «Toledanos», en León; Toldao y Toldaos, en Galicia; etc.). Una visión de conjunto se encontrará en F. Marsà, Toponimia de Reconquista (ELH, I, págs. 628-631); por su parte, A. Llorente da información muy concreta y valiosa en su Toponimia árabe, mozárabe y morisca de la provincia de Salamanca («Miscelánea Estudios Árabes», XII-XIII, 1963-64, págs. 110-112, especialmente). Aparte, claro está, quedan las obras clásicas que citan estos tratadistas. En los viejos documentos leoneses, publicados por Gómez Moreno y por Menéndez Pidal, A. Steiger estudió el influjo «de la mozarabía bilingüe, donde arraigaron y florecieron con singular pujanza y lozanía las culturas más nobles del orbe hispánico». (Cfr. sus trabajos «Zur Sprache der Mozáraber», apud Sach, Ort and Wort, Zürich, 1943, páginas 624-714, y «Aspectos del vivir islámico en la España Medieval», Arbor, núm. 161, 1959, págs. 1-25. No trata del mozarabismo leonés, pero debe aducirse en este momento otro trabajo semejante del hispanista suizo: «Un inventario mozárabe de la iglesia de Covarrubias», Al-Andalus, XXI, 1956, págs. 93-112.)

 

7

Cité estos hechos en mi artículo «Vocalismo romance en documentos aragoneses escritos en latín notarial (1035-1134)», apud Studii si cercetari lingvistice, XI 1960, págs. 318-319. Cfr. Estudios sobre el dialecto aragonés (t. L, 2.ª edic.), Zaragoza.

 

8

El nombre de Castilla, en Estudios dedicados a Menéndez Pidal, II, 1951, págs. 629-641.

 

9

Jaime Oliver Asín ha rechazado la etimología tradicional y supone que Castilla sea traslado de un topónimo tunecino (En torno a los orígenes de Castilla. La toponimia en relación con los árabes y los beréberes. Madrid, 1974, págs. 47-68). Volveré a este tema en la nota 15. Nada ayuda a resolver la cuestión la forma del topónimo en los trovadores, habida cuenta de su tardía documentación (Wilhelmina In-Wiaceh, Lexique des noms géographiques et ethniques dans les poésies des trobadours du XIIe siècle. París, 1968, pág. 96).

 

10

Op. cit., pág. 50.

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