101
Ramón Menéndez Pidal, «“Roncesvalles”. Un nuevo cantar de gesta español del siglo XIII» (Revista de Filología Española, IV, 1917, pág. 153).
102
Ibidem, págs. 151-155.
103
Cit. en el artículo de las notas precedentes, pág. 152.
104
«Ita tradimus et confirmamus per hanc scripturam omnem nostram facultatem hic supra nominatas et ipsas baselicas Sancti Martini et Sancti Stephani ad ecclesia Sancti Emeteri et Celedoni de Tavanco, ut sint in auxilio servis Dei et peregrinorum vel ospitum qui hic viverint comuniter cum illis vivant» (Cart. SMC, núm. 2, pág. 11. Año 800). La Crónica Najerense entre las virtudes de Fernando I (1035-1065) señala la de que «amabat pauperes peregrinos» (pág. 107, § 26). Sobre los santos Emeterio y Celedonio, vid. Anguiano, Compendio Historial, págs. 28-43.
105
Vid. Dial. rioj., pág. 16, § 3. Se da el año 984 como fecha de la dedicación de la basílica de Suso, aunque hay inseguridad en el aserto (Antonio Ubieto, «Los primeros años del monasterio de San Millán» (Príncipe de Viana, núms. 132-133, 1973, página 18).
106
Sobre el camino de Santiago y las peregrinaciones debe consultarse la obra monumental de J. L. Vázquez de Parga, J. M. Lacarra y Juan Uría, Las peregrinaciones a Santiago de Compostela (3 vols.). Madrid, 1948-1949. El primero de estos autores estudia los antecedentes y época que nos interesa (I, págs. 27-69); el segundo, la condición jurídica del peregrino (I, págs. 255-279) y el camino dentro de nuestra región (II, capítulos VII y VIII, págs. 149-167). Otras referencias de interés se señalarán en los lugares oportunos.
107
Pág. 91, § 8. En la Historia Silense se dice: «Ab ipsis namque Pyreneaeis jugis ad usque castrum Najera quidquid terrae infra continetur, a Potestate Paganorum eripiens, iter sancti Iacobi, quod barbarico timore per devia Alavae peregrini, declinabant, absque retractionies obstaculo currere fecit» (Enrique Flórez, España Sagrada, t. XVII. Madrid, 1799, pág. 304), para fray Justo Pérez de Urbel. El desvío del camino se haría para facilitar las peregrinaciones de Guillermo de Aquitania (Sancho el Mayor de Navarra. Madrid, 1950, pág. 264).
108
Dial. rioj., págs. 26, 27, 13. Cfr. Agustín Ubieto Arteta, Notas sobre el patrimonio calceatense. Siglos XII y XIII. Logroño, 1978, págs. 13-15 y 24-25.
109
Díaz, pág. 15.
110
Ibidem, pág. 232.