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81

Vid. Dial. rioj., págs. 18 a 21; Olarte, pág. 19; Alarcos, págs. 30-31.

 

82

Dámaso Alonso. De los siglos oscuros al de Oro. Madrid, 1958, págs. 13-16.

 

83

Dial. rioj., pág. 17.

 

84

Cart. rioj., III, núm. 323, pág. 103, año 1192. Alusiones a usos lingüísticos antiguos en Cart. SMC, núm. 30, pág. 45 (año 943) o vulgares en núm. 146, pág. 149 (año 1013), ambas referencia al topónimo Villar de Torre.

 

85

Es harto sabida la condición eclesiástica de Berceo; por ello no pasa de ser un tópico decir que no sabe latín. Como reflejo del Concilio IV de Letrán (1215), el Concilio de Valladolid de 1228 obligaba a los clérigos a saber latín y a ninguno se le podía ordenar hasta que no hubiera aprendido esa lengua (Jesús Menéndez Peláez, «El IV Concilio de Letrán, la Universidad de Palencia y el mester de clerecía», Studium Ovetense, XII, 1984, págs. 30-31).

 

86

Es un lugar común, que ya está en el prólogo que Solalinde puso a los Milagros, pág. XIII, por ejemplo.

 

87

Otro tanto ocurría en Silos: «qui turpiloquium uel aspectum coinquinatus est. XX. dies peniteat», es copiado como «fedabisu», es decir, «foeda uisum», según Josefina Álvarez, «Miscelánea léxica» (Archivum, XXI, 1971, pág. 379).

 

88

Juan B. Olarte, «En torno a las “Glosas emilianenses”», en el libro Las glosas emilianenses, publicado por el Ministerio de Educación y Ciencia. Madrid, 1977, págs. 13-14.

 

89

En la obra citada en la nota anterior, se publica la edición facsimilar del códice.

 

90

Para Millares Carlo, el manuscrito está copiado cuando menos, por dos manos; el presbítero Munio signa los folios 28 y 48v (del «Corpus» de códices visigóticos, reproducido en Las Glosas emilianenses, pág. 235a). Vid. Manuel Díaz y Díaz, Las primeras glosas hispánicas. Barcelona, 1978, págs. 26-32.

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