Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.

Despertar de Antonio Machado en Soria

Claudio Rodríguez

Sin ver aún el resquicio, el seco gozne

entre el sueño y las cosas, con los ojos

adormilados, aún en el pasillo

tan luminoso de su alma que

no ve la luz del día, con torpeza

entra y a tientas abre el grifo, y oye

en el son de su agua el de las fuentes,

y el cantar de los niños, y despierta

un poco. Casi aún no se da cuenta

de si es su rostro envejecido el que anda

soñando aún sendas dentro del espejo,

o si es su sed de compañía, creando

el reflejo de un cuerpo con sus mismas

arrugas: el de España. Y se le ensancha

poco a poco el pulmón con ese aire

de alta meseta, con el diario aliento

de su amor arropado. Y ve en la espuma

-corrida ya porque el jabón resiste

la frialdad del agua- el mar, la eterna

posada abierta siempre en su camino.

Casi no se da cuenta. Es su costumbre

feraz. Y se despierta, aunque parezca

que no. (Bien sabe él que está despierto,

más despierto que nadie.) Ahora se pasa

la toalla. No dice nada. Cierra

el grifo, pero suenan aún las fuentes,

suenan los ríos, le desbordan, corren

por sus venas, le yerguen, le fecundan.

Y entonces sabe por qué nace el Duero

a dos pasos. Y siente el rumor fresco

de su perenne servidumbre.