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31

Salvador: Jesus-Christ et sa doctrine, París, 1838. (N. del A.)

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Welsford: Mithridates minor: or an Essay on Language. London, 1848. (N. del A.)

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33

Se alude a los señores don Rafael María Baralt y don Pedro Felipe Monláu. (N. del A.)

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34

En La Academia, Revista de la cultura hispanoportuguesa, publiqué el año pasado, 1877, un artículo sobre este cancionero, con motivo de haberlo impreso por completo, por primera vez, en Halle, año de 1875, el señor Ernesto Monaci. Antes habían impreso y publicado los señores Moura y Varnaghen hasta doscientas composiciones de dicha colección. La edición completa del señor Monaci contiene más de mil.

Es esta edición nimiamente fiel y escrupulosa y casi fotográficamente exacta. Con posterioridad a la publicación de mi artículo, sé que el señor Teófilo Braga ha hecho en Portugal una hermosa edición crítica del citado cancionero, ilustrada con notas y comentarios, a lo que parece. Aunque yo no he tenido aún el gusto de leerlos, no creo que basten a invalidar mis afirmaciones sobre el gran valer histórico de dicho monumento literario y sobre su escasísimo valer estético. (N. del A.)

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La Real Academia Española está haciendo, años ha, una hermosa edición de las Cantigas. El autor de este articulo se había lisonjeado con alcanzar la gloria de escribir la introducción, para lo cual le serviría como bosquejo o primera traza este ligero trabajo; pero sus muchas y varias ocupaciones, su poca aptitud y ninguna paciencia para las investigaciones bibliográficas, y la persuasión en que está de que el excelentísimo señor don Leopoldo Augusto de Cueto, marqués de Valmar, hará esto con todo el esmero, detención y estudio convenientes, le han hecho desistir de lograr su deseo. Transforma, pues, este germen de introducción en sencillo artículo, el cual puede servir como de batidor y nuncio al extenso trabajo del señor Cueto. (N. del A.)

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36

Muchas de estas historias son de origen helénico. Así la de Cipriano y Justina, que es asunto, entre otros, de un poema de la emperatriz Eudoxia (Atenais), compuesto a mediados del siglo V. Gregorovius, en su vida de Atenais, ha publicado la traducción en verso alemán de un canto de este poema, cuyo asunto bien puede afirmarse que jamás sospechó Calderón que hubiese inspirado a una princesa bizantina, doce siglos antes de que él escribiese su drama. (N. del A.)

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Aun en la Edad Media, Venus sigue figurando como diablo-hembra y casándose con los mortales. El mismo milagro del anillo que en la cantiga retiene la Virgen, oponiéndose luego a que el mancebo se casase con una mujer, está referido, atribuyéndoselo a Venus, en las Disquisiciones mágicas del célebre jesuita Martín del Río (lib. III, pars. I, quest. IV, sec. VIII, De maleficio ligaminis) El caso ocurrió en Roma, en tiempo del emperador Enrique III. El mozo que se iba a casar salió al campo a jugar a la pelota, y para que no le estorbase el anillo de su novia, se lo puso en el dedo a una estatua de bronce de Venus. Cuando volvió a tomar el anillo, ecce videt digitum, statuae usque ad volam manus recurvatum, et quantumvis annulum recuperare, nec, digitum inflectere nec annulum valuii extrahere. Casado ya el mancebo, cum thorum genialem ingresus, sponsae se jungere vellet sensit impediri sese et quiddam nebulosum ac densum inter suum conjusgisque corpus volutari sentiebat id tactu, videre tamen37.1 nequibat. Hoc obstaculo ab amplexu prohibebatur. Oía también una voz que le decía: «Soy tuya y eres mío, ya que hoy te desposaste conmigo. Soy Venus, a quien diste el anillo y no te lo volveré.» En suma: el mancebo no pudo cumplir como debía, y acudió a un presbítero llamado Palumbo, que era gran nigromántico, el cual hizo de modo que unos cuantos demonios, de los que tenía a su servicio, arrancasen a Venus el anillo, no sin gran dificultad. Así desapareció el impedimento para el matrimonio; pero al presbítero nigromántico le costó muy caro el hecho pues Venus se vengó de él, dándole muerte de una manera horrible. Palumbo, antes de morir, confesó todas sus maldades y magias negras delante del pueblo romano. Varios historiadores graves, citados por Martín del Río, dan fe de esta historia. (N. del A.)

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37.1

videl» y «tanen» en el original (N. del E.)]

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38

coetus» en el original (N. del E.)]

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39

Don Eduardo Mier. (N. del A.)

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40

Años después de escrito y publicado este discurso, la excelente traducción del señor Mier se ha completado y dado a la estampa en cinco tomos de la Colección de Escritores Castellanos. (N. del A.)

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