1
Y no al Colegio de Ciencias Morales, como dice Gutiérrez, fundado sin duda en el fragmento autobiográfico de su amigo, que publica en el t. 5 de las Obras completas (edición Casavalle, Buenos Aires, 1874). Observa Palcos que todavía no se había fundado este Colegio, y cita la lista de inscripción de Echeverría en la Universidad. (Echeverría y la democracia argentina, Buenos Aires, El Ateneo, 1941, p. 17 y nota). (N. del E.)
2
Único, en el sentido que él diera a la palabra partido y en relación a su época, en la que no había más que facciones. (N. del E.)
3
Según el Dr. Jorge Cabral Texo, habríase publicado antes en El Nacional en el nº 26, del 14 de diciembre de 1838 (Noticia preliminar a la reedición facsimilar del Fragmento preliminar al estudio del Derecho, de Alberdi, hecha por el Instituto de Historia del Derecho Argentino, Buenos Aires, 1942, p. XXV). No hemos tenido tiempo de comprobar el aserto. (N. del E.)
4
A raíz de este acontecimiento, Echeverría suscribió, en su calidad de vecino del Partido, el acta-protesta contra Rosas, de fecha 26 de julio de 1840, que Gutiérrez reproduce al pie de las páginas LXX-LXXII del t. 5 de las citadas Obras completas. Contiene expresiones y conceptos dignos de ser leídos. (N. del E.)
5
En un manuscrito sin fecha, que lleva la firma de D. Domingo Faustino Sarmiento, que se guarda en el Museo Histórico Nacional y que Carlos M. Urien publicó por primera vez en 1905, aquél escribe a Echeverría: «Nadie ha hecho a la democracia objeciones más vigorosas que Usted...» (Esteban Echeverría. Ensayo crítico-histórico sobre su vida y obras, Buenos Aires, Cabaut y Cía., 1905, p. 93.) (N. del E.)
6
Publicado por primera vez en Montevideo, imprenta de El Nacional, 1846. (N. de J. M. Gutiérrez.)
7
Don Rufino. Con motivo de la heroica muerte de este amigo, el que escribe esta nota dio a luz en Montevideo un opúsculo titulado así: A la memoria de Rufino Varela, muerto por la patria en la jornada del Quebrachito. Imp. de El Nacional, 1841, XXVI, 57 pág., 89 menor. (N. de J. M. Gutiérrez.)
8
Políticamente hablando, un partido es el que representa alguna idea o interés social; una facción, personas; nada más. Como entre nosotros no se puede exigir tanto, ni ser tan severo en el lenguaje, llamamos indistintamente partidos y facciones a las nuestras. Entiéndase también, una vez por todas, que hablamos de unitarios y federales como partidos políticos. Conocemos entre unos y otros, algunos proscriptos muy capaces, estimables y patriotas. cuya amistad nos sería grata. (N. del E.)
9
He aquí esa carta, cuyo borrador autógrafo nos sirve para insertarla en este lugar, publicándole por primera vez:
«Señor Vicepresidente de la Asociación de la joven generación argentina.
»En víspera de salir al campo a negocios urgentes, escribo a usted estas líneas para comunicarle, en embrión, el proyecto de una serie de trabajos que en concepto mío debe emprender la Asociación para ponerse en estado de realizar sus miras y llevar a cabo la noble empresa que con tanto entusiasmo y decisión ha iniciado. Tenía ánimo de haberlo presentado en la primera sesión que hubiésemos tenido, pero difiriéndose ésta a causa de no haberse expedido todavía las comisiones que se nombraron, considero oportuno que usted lo haga en caso que se reúnan antes de mi vuelta, para no perder tiempo y que se vean cuanto antes los frutos del trabajo de la Asociación. Lo que más urge, a mi ver, es el código o declaración de principios, puesto que él no servirá sino para establecer la propaganda y atraer sectarios a nuestra doctrina. A pesar de esto la comisión ha hecho cuanto ha podido, ocupados como han estado sus miembros de otras indispensables atenciones, y espera en todo el próximo mes presentar la obra que le encomendaron, a la consideración de la Asociación. Sería, entre tanto, conveniente, que todos nos ocupásemos en preparar los elementos de la nueva organización social que proyectamos, y que ventilásemos aquellas cuestiones positivas que serán en lo porvenir de un interés más vital para la patria. Los principios son estériles si no se plantan en el terreno de la realidad, si no se arraigan en ella, si no se infunden, por decirlo así, en las venas del cuerpo social. Nuestra misión es ésa. Hemos reconocido ciertos principios: hemos formulado en pocas palabras nuestra creencia; falta arbitrar los medios para hacerlos reconocer por todos, y colocarlos triunfantes en la silla del poder y en la cabeza del pueblo.
»Por esta razón, pues, opino que la principal mira de la Asociación debe ser ampararse de la opinión, ya por medio de la prensa, ya de la tribuna, así que cambie el orden de cosas actual y que la revolución levante otra vez la cabeza. Para ponerse en actitud de conseguirlo, trabajará con tesón en formarse un cuerpo sistemado de doctrina política que abrace principalmente todas las cuestiones más útiles y necesarias a nuestra sociedad.
»La primera cuestión que debe discutir, deslindar y fijar la Asociación será la de la libertad de la prensa, porque ella es el gran móvil de toda reforma, y si no se reglamenta caerá de nuevo en los extravíos que la perdieron.
»La segunda, qué es la soberanía del pueblo, y qué límites deben circunscribirla.
»La tercera, cuáles son la esencia y las formas de la democracia representativa.
»Podrán ventilarse también algunas cuestiones económicas. ¿Es útil un Banco entre nosotros? ¿Qué es el papel moneda? ¿Cuáles sus efectos y su influjo como medio circulante, y resorte para dar fomento a la industria? ¿Qué es el crédito público?
»¿De qué fuente deben salir las rentas del Estado? ¿Cuál es el sistema de contribuciones más ejecutable, y cuál sería el que deberíamos adoptar? ¿Qué clase de industria es la más conforme a nuestra condición? ¿Cómo podría fomentarse la industria agrícola?
»En seguida convendría tocar algunos puntos de administración, único medio que pueden emplear con éxito nuestros gobiernos para hacer sentir en nuestro vasto y despoblado territorio la influencia nociva o benéfica de su poder, puesto que la acción de la ley es casi nula para la mayor parte de los que lo habitan.
»¿Bajo qué plan debería organizarse nuestra campaña? ¿Convendría o no establecer municipalidades en ella? ¿Quiénes las compondrían? ¿Cuál sería su objeto? ¿Qué autoridad debe revestir un juez de Paz? ¿Cuáles deben ser sus atribuciones? ¿Debe ser sólo juez independiente, brazo activo y maléfico de la autoridad?
»¿Debe haber o no entre nosotros un juez de Policía? En caso que deba existir, ¿velará sólo sobre la higiene pública, el abasto, el orden interior y demás ramos de policía urbana, o ejercerá también funciones judiciales, y será satélite del poder arbitrario o usurpador de los derechos del pueblo?
»También importaría averiguar cuál sería la mejor planta para organizar la milicia nacional, y si organizada ésta, debe existir tropa veterana en un estado democrático.
»Agregaré a los indicados, algunos asuntos que considero de la mayor importancia. Desentrañar el espíritu de la prensa periódica durante la revolución; según el hilo del pensamiento revolucionario al través de los sucesos, para poder apreciar el estado de nuestra cultura intelectual, el mérito intrínseco de los pensadores y escritores que se pusieron al frente de la opinión. Bosquejar nuestra historia militar para conocer el influjo que hayan tenido, tanto las batallas como el talento de los generales en la suerte de nuestra patria, y hacer una justa apreciación de su importancia histórica. Estudiar nuestra historia parlamentaria o examinar, analizar y apreciar todas nuestras leyes fundamentales, desde el Estatuto provisorio hasta la constitución del último congreso, porque en ellas debe necesariamente haberse refundido todo el saber teórico y práctico de nuestros publicistas.
»Determinar los caracteres de la verdadera gloria y qué es lo que constituye el grande hombre para poner en balanza en ese crisol la reputación de nuestros hombres públicos, y colocarlos en el lugar que les toca. Escribir la biografía de los que deban merecer honra y respeto de la posteridad.
»He aquí bosquejadas las tareas a que debe por ahora contraerse la Asociación. Si se adopta el proyecto, se repartirán entre varias comisiones o miembros, los cuales harán un trabajo completo sobre la materia que se les encomiende, y concluido éste, lo presentarán para que se examine y discuta, y sancione por la Asociación. Después de ventilado y adoptado, quedará en el archivo o fondo común de la Asociación, para hacer uso de él cuando lleguen las circunstancias favorables.
»Ningún socio publicará ningún trabajo perteneciente a la Asociación, mientras no lo determine la mayoría. Cuando llegue el tiempo oportuno se publicará un periódico y servirán para formarlo los materiales que se vayan archivando. Los socios harán uso entonces de su derecho de autores y entrarán en el goce exclusivo de la propiedad de sus obras.
»El punto de partida para el deslinde de cualquiera cuestión política debe ser nuestras leyes y estatutos vigentes, nuestras costumbres, nuestro estado social. Determinar primero lo que somos: y, aplicando después los principios, buscar lo que debemos ser, hacia qué punto debemos encaminarnos. Mostrar en seguida la práctica de las naciones cultas, cuyo estado social tenga más analogía con el nuestro, y confrontar siempre los hechos con la teoría o las doctrinas de los publicistas más adelantados.
»No salir del terreno práctico, no perderse en extracciones, clavar el ojo de la inteligencia en las entrañas mismas de nuestra sociedad, es el único modo de hacer algo útil a la patria, y de atraer prosélitos a nuestra causa.
»Así lograremos levantar el monumento de la gloria de la joven generación argentina, tener en nuestro poder todos los elementos de la lucha y del triunfo cuando llegue nuestro día, y brille el sol de la regeneración de la patria.
»Así llegaremos a hacer una verdadera fusión de todas las doctrinas progresivas, a uniformar nuestras opiniones, a ligarnos por vínculos indisolubles, a disponer de los destinos de nuestra patria y a organizar una alianza formidable que arrolle y pulverice la impura liga de los egoístas, los malvados y los opresores.» (Esteban Echeverría.)
(N. de J. M. Gutiérrez.)
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Doctor don Miguel. (N. del E.)