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Tragedia de Numancia

Miguel de Cervantes Saavedra


[Nota preliminar: Edición a cargo de Abraham Madroñal Durán. Grupo de investigación CSIC. Proyecto TC/12.

Basada en el manuscrito de la HSA B2341, con enmiendas de otros testimonios entre corchetes (fundamentalmente del ms. 15000 de la BNE).]




ArribaAbajoJornada I

 

Interlocutores: CIPIÓN, JUGURTA, GAYO MARIO, dos embajadores de Numancia, soldados romanos, QUINTO FABIO, MÁXIMO, hermano de Cipión.

 

Scena I

 

Salen primero CIPIÓN y JUGURTA.

 
CIPIÓN
Esta difícil y pesada carga
que el Senado romano me ha encargado
tanto me aprieta, me fatiga y carga,
que ya sale de quicio mi cuidado.
Guerra de curso tan estraño y larga5
y que tantos romanos ha costado,
¿quién no estará suspenso al acabarla,
o quién no temerá de renovarla?
JUGURTA
¿Quién, Cipión? Quien tiene la ventura
y el valor nunca visto que en ti encierras,10
pues con ella y con él está sigura
la victoria y el triunfo destas guerras.
CIPIÓN
El esfuerzo regido con cordura
allana al suelo las más altas sierras,
y la fuerza feroz de loca mano15
áspero vuelve lo que está más llano.
Mas no hay que reprimir, a lo que veo,
la furia del ejército presente,
que, olvidado de gloria y de trofeo,
yace embebido en la lascivia ardiente.20
Esto solo pretendo, esto deseo:
volver a nuevo trato a nuestra gente;
que, enmendado primero el que es amigo,
sujetaré más presto al enemigo.
¡Mario!
MARIO
¿Señor?
CIPIÓN
Haz que a noticia venga
25
de todo nuestro ejército en un punto
que, sin que estorbo alguno le detenga,
parezca en este sitio todo junto,
porque una breve plática o arenga
les quiero hacer.
MARIO
Harelo en este punto.
30
CIPIÓN
Camina, porque es bien que sepan todos
mis nuevas trazas y sus viejos modos.
 

(Sale MARIO y dice JUGURTA.)

 
JUGURTA
Sete decir, señor, que no hay soldado
que no te tema juntamente y te ame,
y porque ese valor tuyo extremado35
de Antártico a Calisto se derrame,
cada cual con feroz ánimo osado,
cuando la trompa a la ocasión le llame,
piensa de hacer en tu servicio cosas
que pasen las hazañas fabulosas.40
CIPIÓN
Primero es menester que se refrene
el vicio que entre todos se derrama,
que si este no se quita, en nada tiene
con ellos que hacer la buena fama.
Si este daño común no se previene45
y [s]e deja arraigar su ardiente llama,
el vicio solo puede hacernos guerra
más que los enemigos desta tierra.
 

(Dentro se echa este bando, habiendo primero tocado a recoger el atambor.)

 
«Manda nuestro general
que se recojan armados50
luego todos los soldados
en la plaza principal,
y que ninguno no quede
de parecer a esta vista,
so pena que de la lista55
al punto borrado quede».
JUGURTA
No dudo yo, señor, sino que importa
regir con duro freno la milicia,
y que se dé al soldado rienda corta
cuando él se precipita en la injusticia;60
la fuerza del ejército se acorta
cuando va sin arrimo de justicia,
aunque más le acompañen a montones
mil pintadas banderas y escuadrones.
 

(A este punto han de entrar los más soldados que pudieren armados a la antigua, y CIPIÓN se sube sobre una peñuela que está en el tablado y mirando a los soldados dice:)

 
CIPIÓN
En el fiero ademán, en los lozanos65
marciales aderezos y vistosos,
bien os conozco, amigos, por romanos;
romanos, digo, fuertes y animosos.
Mas, en las blancas delicadas manos
y en las teces de rostros tan lustrosos,70
allá en Bretaña parecéis criados
y de padres flamencos engendrados.
El general descuido vuestro, amigos,
el no mirar por lo que tanto os toca,
levanta los caídos enemigos75
y vuestro esfuerzo y opinión apoca.
Desta ciudad los muros son testigos,
que aún hoy están cual bien fundada roca,
de vuestras perezosas fuerzas vanas,
que solo el nombre tienen de romanas.80
¿Paréceos, hijos, que es gentil hazaña
que tiemble del romano nombre el mundo,
y que vosotros solos en España
le aniquiléis y echéis en el profundo?
¿Qué flojedad es esta tan estraña?85
¿Qué flojedad? Si mal yo no me fundo,
es flojedad nacida de pereza,
enemiga mortal de fortaleza.
La blanda Venus con el duro Marte
jamás hacen durable ayuntamiento:90
ella regalos sigue, él sigue el arte
que incita a daños y a furor sangriento.
La cipria diosa estese agora aparte,
deje su hijo nuestro alojamiento;
que ma[l] se aloja en las marciales tiendas95
quien gusta de banquetes y meriendas.
¿Pensáis que solo atierra la muralla
el ariete de ferrada punta
y que solo atropella la batalla
la multitud de gente y armas junta?100
Si el esfuerzo y cordura no se halla,
que todo lo previene y lo barrunta,
poco aprovechan muchos escuadrones,
y menos infinitas municiones.
Si a militar concierto se reduce105
cualquier pequeño ejército que sea,
veréis que como sol claro reluce
y alcanza las victorias que desea;
pero si a flojedad él se conduce,
aunque abreviado el mundo en él se vea,110
en un momento quedará deshecho
por más reglada mano y fuerte pecho.
Avergüénceos, varones esforzados,
ver que a nuestro pesar, con arrogancia,
tan pocos españoles y encerrados115
defiendan este nido de Numancia.
Dieciséis años son y más pasados,
que mantienen la guerra y la jactancia
de haber vencido con feroces manos
millares de millares de romanos.120
Vosotros os vencéis, que estáis vencidos
del bajo antojo femenil liviano,
con Venus y con Baco entretenidos,
sin que a las armas estendáis la mano.
Correos agora, si no estáis corridos,125
de ver que este pequeño pueblo hispano
contra el poder romano se defienda
y cuando más rendido, más ofenda.
De nuestro campo quiero en todo caso
que salgan las infames meretrices,130
que de ser reducidos a este paso
ellas solas han sido las raíces.
Para beber no quede más de un vaso
y los lechos, un tiempo ya felices
llenos de concubinas, se deshagan135
y de fajina y en el suelo se hagan.
No me huela el soldado a otros olores
que al olor de la pez y de resina,
ni por gulosidad de los sabores
traiga aparato alguno de cocina,140
que el que busca en la guerra estos primores
muy mal podrá sufrir la coracina;
no quiero otro primor ni otra fragrancia,
en tanto que español viva en Numancia.
No os parezca, varones, escabroso145
ni duro este mi justo mandamiento,
que al fin conoceréis ser provechoso,
cuando aquel consigáis de vuestro intento.
Bien sé se os ha de hacer dificultoso
dar a vuestras costumbres nuevo asiento;150
mas, si no las mudáis, estará firme
la guerra, que esta afrenta más confirme.
En blandas camas, entre juego y vino,
hállase mal el trabajoso Marte;
otro aparejo busca, otro camino,155
otros brazos levantan su estandarte.
Cada cual se fabrica su destino,
no tiene aquí Fortuna alguna parte:
la pereza fortuna baja cría;
la diligencia, imperio y monarquía.160
Estoy con todo esto tan siguro
de que al fin mostraréis que sois romanos,
que tengo en nada el defendido muro
destos rebeldes bárbaros hispanos;
y ansí os prometo por mi diestra y juro165
que si igualáis al ánimo las manos,
que las mías se alarguen en pagaros
y mi lengua también en alabaros.
 

(Míranse los soldados unos a otros, y hacen señas a uno dellos, GAYO MARIO, que responda por todos, y ansí dice:)

 
MARIO
Si con atentos ojos has mirado,
ínclito general, en los semblantes170
que a tus breves razones han mostrado
los que tienes agora circunstantes,
cual habrás visto sin color, turbado,
y cual con ella, indicios bien bastantes
de que el temor y la vergüenza a una175
los aflige, molesta e importuna.
Vergüenza de mirarse reducidos
a términos tan bajos por su culpa
que, viendo ser por ti reprehendidos,
no saben a su falta hallar disculpa;180
temor de tantos yerros cometidos
y la torpe pereza que los culpa
los tiene de tal modo, que se holgaran
antes morir que en esto se hallaran.
Pero el lugar y tiempo que les queda185
para mostrar alguna recompensa
es causa que con menos fuerza pueda
fatigar el rigor de tal ofensa;
de hoy más, con presta voluntad y leda,
el más mínimo destos cuida y piensa190
de ofrecer sin revés a tu servicio
la hacienda, vida y honra en sacrificio.
Admite, pues, de sus intentos sanos
el justo ofrecimiento, señor mío,
y considera, al fin, que son romanos,195
en quien nunca faltó del todo el brío.
Vosotros, levantad las diestras manos
en señas que aprobáis el voto mío.
SOLDADOS
Todos lo que aquí has dicho confirmamos
y lo juramos todos.
TODOS
Sí juramos.
200
CIPIÓN
Pues, arrimada a tal ofrecimiento,
crecerá desde hoy más mi confianza,
creciendo en vuestros pechos ardimiento
y del viejo vivir nueva mudanza.
Vuestras promesas no se lleve el viento;205
hacedlas verdaderas con la lanza,
que las mías saldrán tan verdaderas
cuanto fuere el valor de vuestras veras.
SOLDADO
Dos numantinos con siguro vienen
a darte, Cipión, una embajada.210
CIPIÓN
¿Por qué no llegan ya? ¿En qué se detienen?
SOLDADO
Esperan que licencia les sea dada.
CIPIÓN
Si son embajadores, ya la tienen.
SOLDADO
Embajadores son.
CIPIÓN
Dales entrada;
que, aunque descubra cierto o falso pecho215
el enemigo, siempre es de provecho.
Jamás la falsedad vino cubierta
tanto con la verdad, que no mostrase
algún pequeño indicio, alguna puerta
por donde su maldad se invistigase;220
oír al enemigo es cosa cierta
que siempre aprovechó, antes que dañase,
y en las cosas de guerra la expiriencia
muestra que lo que digo es cierta ciencia.
 

(Entran dos embajadores numantinos: 1.º, 2.º)

 
1.º
Si nos das, buen señor, grata licencia225
de decir la embajada que traemos
do estamos, o ante sola tu presencia,
todo a lo que venimos te diremos.
CIPIÓN
Decid, que adondequiera doy audiencia.
1.º
Pues con ese seguro que tenemos230
de tu real grandeza concedido,
daré principio a lo que soy venido.
Numancia, de quien yo soy ciudadano,
ínclito general, a ti me invía,
como al más fuerte Cipión romano235
que ha cubierto la noche o visto el día,
a pedirte, señor, la amiga mano
en señal de que cesa la porfía
tan trabada y cruel de tantos años
que ha causado sus proprios y tus daños.240
Dice que nunca de la ley y fueros
del romano senado se apartara,
si el insufrible mando y desafueros
de un cónsul y otro no la fatigara;
ellos, con duros estatutos fieros245
y con su estrecha condición avara,
pusieron tan gran yugo a nuestros cuellos,
que forzados salimos dél y de ellos;
y en todo el largo tiempo que ha durado
entre ambas partes la contienda, es cierto250
que ningún general hemos hallado
con quien poder tratar de algún concierto.
Empero agora, que ha querido el hado
reducir nuestra nave a tan buen puerto,
las velas de la guerra recogemos255
y a cualquiera partido nos ponemos.
Y no imagines que temor nos lleva
a pedirte las paces con instancia,
pues la larga expiriencia ha dado prueba
del poder valeroso de Numancia;260
tu virtud y valor es quien nos ceba
y nos declara que será ganancia
mayor de cuantas desear podremos,
si por señor y amigo te tenemos.
A esto ha sido la venida nuestra;265
respóndenos, señor, lo que te place.
CIPIÓN
Tarde de arrepentidos dais la muestra,
poco vuestra amistad me satisface.
De nuevo ejercitad la fuerte diestra,
que quiero ver lo que la mía hace,270
que ya que ha puesto en ella la ventura
la gloria mía y vuestra desventura.
A desvergüenza de tan largos años
es poca recompensa pedir paces;
seguid la guerra, renovad los daños,275
salgan de nuevo las valientes haces.
EMBAJADOR 2.º
La falsa confianza mil engaños
consigo trae; advierte lo que haces,
señor, que esa arrogancia que nos muestras
renovará el valor en nuestras diestras.280
Y, pues niegas la paz, que con buen celo
te ha sido por nosotros demandada,
de hoy más la causa nuestra con el cielo
quedará por mejor calificada
y antes que pises de Numancia el suelo285
probarás dó se extiende la indignada
furia de aquel que, siéndote enemigo,
quiere serte vasallo y fiel amigo.
CIPIÓN
¿Tenéis más que decir?
1.º
No más tenemos
que hacer, pues tú, señor, ansí lo quieres;290
sin querer la amistad que te ofrecemos,
correspondiendo mal a ser quien eres.
Pero entonces verás lo que podremos,
cuando nos muestres tú lo que pudieres;
que es una cosa razonar de paces295
y otra romper por las armadas haces.
CIPIÓN
Verdad dices, y ansí, para mostraros
si sé tratar en paz y obrar en guerra,
no quiero por amigos aceptaros
ni lo seré jamás de vuestra tierra.300
Y con esto podéis luego tornaros.
2.º
¿Que en esto tu querer, señor, se encierra?
CIPIÓN
Ya he dicho que sí.
2.º
Pues, ¡sus, al hecho,
que guerras ama el numantino pecho!
 

(Sálense los embajadores y QUINTO FABIO, hermano de Cipión, dice.)

 
[QUINTO FABIO]
El descuido pasado nuestro ha sido305
el que os hace hablar de aquesa suerte;
mas ya ha llegado el tiempo, ya es venido,
do veréis nuestra gloria y vuestra muerte.
CIPIÓN
El vano blasonar no es admitido
de pecho valeroso, honrado y fuerte;310
tiempla las amenazas, Fabio, y calla,
y tu valor descubre en la batalla.
Aunque yo pienso hacer que el numantino
nunca a las manos con nosotros venga,
buscando de vencerle tal camino315
que más a mi provecho le convenga;
yo haré que abaje el brío y pierda el tino
y que en sí mesmo su furor detenga.
Pienso de un hondo foso rodeallos
y por hambre insufrible subjetallos.320
No quiero ya que sangre de romanos
coloree más el suelo desta tierra,
basta la que han vertido estos hispanos
en tan larga, reñida y cruda guerra.
Ejercítense agora vuestras manos325
en romper y cavar la dura tierra
y cúbranse de polvo los amigos
que no lo están de sangre de enemigos.
No quede de este oficio reservado
ninguno que le tenga preminente:330
trabaje el decurión como el soldado
y no se muestre en esto diferente.
Yo mismo tomaré el hierro pesado
y romperé la tierra fácilmente.
Haced todos cual yo y veréis que hago335
tal obra con que a todos satisfago.
QUINTO FABIO
Valeroso señor y hermano mío,
bien nos muestras en esto tu cordura,
pues fuera conocido desvarío
y temeraria muestra de locura340
pelear contra el loco airado brío
destos desesperados sin ventura;
mejor será encerrallos, como dices,
y quitarles al brío las raíces.
Bien puede la ciudad toda cercarse,345
si no es la parte por do el río la baña.
CIPIÓN
Vamos, y venga luego a efetuarse
esta mi nueva poco usada hazaña,
y si en nuestro favor quiere mostrarse
el cielo, quedará subjeta España350
al senado romano, solamente
con vencer la soberbia de esta gente.


Segunda cena de la primera jornada

 

Sale una doncella coronada con unas torres y trae un castillo en la mano, la cual significa ESPAÑA, y dice.

 
ESPAÑA
Alto, sereno y espacioso cielo,
que con tus influencias enriqueces
la parte que es mayor deste mi suelo355
y sobre muchos otros le engrandeces,
muévate a compasión mi amargo duelo
y, pues al afligido favoreces,
favoréceme a mí en ansia tamaña,
que soy la sola desdichada España.360
Bástete ya que un tiempo me tuviste
todos mis flacos miembros abrasados
y al sol por mis entrañas descubriste
el reino escuro de los condenados.
A mil tiranos, mil riquezas diste;365
a fenices y griegos entregados
mis reinos fueron, porque tú has querido
o porque mi maldad lo ha merecido.
¿Será posible que contino sea
esclava de naciones estranjeras,370
y que un pequeño tiempo yo no vea
de libertad tendidas mis banderas?
Con justísimo título se emplea
en mí el rigor de tantas penas fieras,
pues mis famosos hijos y valientes375
andan entre sí mesmos diferentes.
Jamás en su provecho concertaron
los divididos ánimos briosos;
antes, entonces más los apartaron
cuando se vieron más menesterosos,380
y ansí, con sus discordias convidaron
los bárbaros de pechos codiciosos
a venir y entregarse en mis riquezas,
usando en mí y sin ellos mil cruezas.
Sola Numancia es la que sola ha sido385
quien la luciente espada sacó fuera
y a costa de su sangre ha mantenido
la amada libertad suya primera.
Mas, ay, que veo el término cumplido,
y llegada la hora postrimera390
do acabará su vida y no su fama,
cual fénix renovándose en la llama.
Estos tan muchos tímidos romanos
que buscan de vencer cien mil caminos
rehúyen de venir más a las manos395
con los pocos valientes numantinos.
¡Oh, si saliesen sus intentos vanos,
y fuesen sus quimeras desatinos,
y esta pequeña tierra de Numancia
sacase de su pérdida ganancia!400
Mas, ay, que el enemigo la ha cercado,
no solo con las armas contrapuestas
al flaco muro suyo; mas ha obrado
con diligencia estraña y manos prestas,
que un foso, por la margen trincheado,405
rodea la ciudad por llano y cuestas;
sola la parte por do el río se extiende
de este ardid nunca visto se defiende.
Ansí, están encogidos y encerrados
los tristes numantinos en sus muros:410
ni ellos pueden salir, ni ser entrados,
y están de los asaltos bien siguros;
pero, en solo mirar que están privados
de ejercitar sus fuertes brazos duros,
con horrendos acentos y feroces415
la guerra piden, o la muerte, a voces.
Y pues sola la parte por do corre
y toca a la ciudad el ancho Duero
es aquella que ayuda y que socorre
en algo al numantino prisionero,420
antes que alguna máquina o gran torre
en sus aguas se funde, rogar quiero
al caudaloso [y] conocido río
en lo que puede ayude al pueblo mío.
Duero gentil, que con torcidas vueltas425
humedeces gran parte de mi seno,
ansí en tus aguas siempre veas envueltas
arenas de oro, cual el Tajo ameno,
y ansí las ninfas fugitivas sueltas
de que está el verde prado y bosque lleno430
vengan humildes a tus aguas claras
y en prestarte favor no sean avaras,
que prestes a mis ásperos lamentos
atento oído o que a escucharlos vengas;
y, aunque dejes un rato tus contentos,435
suplícote que en nada te detengas.
Si tú con tus continos crecimientos,
destos fieros romanos no me vengas,
cerrado veo ya cualquier camino
a la salud del pueblo numantino.440
 

(Sale el río DUERO con otros muchachos vestidos de río como él, que son tres riachuelos que entran en DUERO.)

 
DUERO
Madre y querida España, rato había
que hirieron mis oídos tus querellas
y si en salir acá me detenía,
fue por no poder dar remedio a ellas.
El fatal, miserable y triste día,445
según el disponer de las estrellas,
se llega de Numancia y cierto temo
que no hay dar medio a su dolor extremo.
Con Orbión, Minüesa y también Tera,
cuyas aguas las mías acrecientan,450
ha llenado mi seno en tal manera
que lo usado márgenes revientan;
mas, sin temor de mi veloz carrera,
cual si fuera un arroyo, veo que intentan
de hacer lo que tú, España, nunca veas455
sobre mis aguas, torres y trincheas.
Mas, ya que el revolver del duro hado
tenga el último fin estatuido
deste tu pueblo numantino amado,
pues a términos tales ha venido;460
un consuelo le queda en este estado:
que no podrán las sombras del olvido
oscurecer el sol de sus hazañas,
en toda edad tenidas por estrañas.
Y, puesto que el feroz romano tiende465
el paso agora por tu fértil suelo
y que te oprime aquí y allí te ofende,
con arrogante y ambicioso celo,
tiempo vendrá, según que ansí lo entiende
el saber que a Proteo ha dado el cielo,470
que esos romanos sean oprimidos
por los que agora tienen abatidos.
De remotas naciones venir veo
gentes que habitarán tu dulce seno,
después que, como quiere tu deseo,475
habrán a los romanos puesto freno;
godos serán, que con vistoso arreo,
dejando de su fama al mundo lleno,
vendrán a recogerse en tus entrañas,
dando de nuevo vida a sus hazañas.480
Estas injurias vengará la mano
del fiero Atila en tiempos venideros,
poniendo al pueblo tan feroz romano
subjeto a obedecer todos sus fueros
y, portillos abriendo en Vaticano,485
tus bravos hijos y otros estranjeros,
harán que para huir vuelva la planta
el gran piloto de la nave santa.
Y también vendrá tiempo en que se mire
estar blandiendo el español cuchillo490
sobre el cuello romano, y que respire
solo por la bondad de su caudillo.
El grande Albano hará que se retire
el español ejército, sencillo
no de valor, sino de poca gente,495
que iguala al mayor número en valiente.
Y cuando fuere ya más conocido
el propio hacedor de tierra y cielo,
aquel que ha de quedar estatuido
por visorrey de Dios en todo el suelo,500
a tus reyes dará tal apellido
cual viere que más cuadra con su celo;
Católicos serán llamados todos,
sucesión digna de los fuertes godos.
Pero el que más levantará la mano505
en honra tuya y general contento,
haciendo que el valor del nombre hispano
tenga entre todos el mijor asiento,
un rey será, de cuyo intento sano
grandes cosas me muestra el pensamiento:510
será llamado, siendo suyo el mundo,
el segundo Filipo, sin segundo.
Debajo deste imperio tan dichoso,
serán a una corona reducidos
por bien universal y tu reposo515
tres reinos hasta entonces divididos;
el jirón lusitano tan famoso,
que un tiempo se cortó de los vestidos
de la ilustre Castilla, ha de zurcirse
de nuevo y a su estado antiguo uñirse.520
¡Qué invidia y qué temor, España amada,
te tendrán las naciones estranjeras,
en quién tú teñirás tu aguda espada
y tenderás triunfando tus banderas!
Sírvate esto de alivio en la pesada525
ocasión por quien lloras tan de veras,
pues no puede faltar lo que ordenado
ya tiene de Numancia el duro hado.
ESPAÑA
Tus razones alivio han dado en parte,
famoso Duero, a las pasiones mías,530
solo porque imagino que no hay parte
de engaño alguno en estas profecías.
DUERO
Bien puedes deso, España, asigurarte,
puesto que tarden tan dichosos días.
Y adiós, porque me esperan ya mis ninfas.535
ESPAÑA
El cielo augmente tus sabrosas linfas.



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