1
Entre las ocupaciones de mis estudios en mi mocedad, y casi en mi niñez, se me cayeron como de entre las manos estas obrecillas, a las cuales me apliqué, más por inclinación de mi estrella, que por juicio o voluntad. Cito por la edición de Oresto Macrí, La poesía de Fray Luis de León. Estudio, texto crítico, comentario, Barcelona, Crítica, 1982, p. 251. Cf. el artículo de Dámaso Alonso, Fray Luis en la dedicatoria de sus poesías. Desdoblamiento y ocultación de personalidad, en Obras completas, Madrid, Gredos, 1973, vol. II, pp. 843-68.
2
No creo necesario reproducir aquí, una vez más, la conocidísima «Dedicatoria» del libro III de De los nombres de Cristo, en la que fray Luis establece los principios de selección que determinan su creación en prosa. Puede verse en las páginas 493-98 de la excelente edición preparada por Cristóbal Cuevas, Madrid, Cátedra, 1980.
3
El último capítulo del libro aparece fechado en Salamanca el 8 de marzo de 1591. Fray Luis murió, como es sabido, en Madrigal de las Altas Torres, el 23 de agosto de ese mismo año.
4
La parte central del manuscrito, entre los folios 222r y 379v, es obra de un copista, que continuó la labor de copia a limpio del borrador original que el propio fray Luis había comenzado y que interrumpe en ese folio 222, según la hipótesis que defiendo en mi tesis doctoral, La «Exposición del Libro de Job» de fray Luis de León. Estudio y edición crítica del ms. 219 de la Biblioteca Universitaria de Salamanca.
5
Una valoración de la importancia del códice salmantino puede verse en Alberto Navarro González, En torno a la «Exposición del Libro de Job» de fray Luis de León, en 1ª Academia Literaria Renacentista, actas, Víctor García de la Concha (ed.), Salamanca, Universidad de Salamanca, 1981, pp. 225-44. Cf. Federico Onís, «Sobre la transmisión de la obra literaria de fray Luis de León», en Revista de Filología Española, II (1915), pp. 217-57.
6
Homero, Apolodoro, Virgilio, Horacio, Ausonio, Claudiano, Plinio, Galeno, Paulo Egineta son algunos de los autores citados por fray Luis en la Exposición del Libro de Job.
7
Cito por la edición de E. C. Wichman, The Works of Horace, Oxford, Clarendon Press, 1896, vol. I, pp. 310-12. La traducción de estos versos, propuesta por Jaume Juan (ed.), Q. Horacio Flaco, Odas, Barcelona, Borch, 1988, p. 315, es la siguiente:
8
Virgilio y la pastoral española del Renacimiento (1480-1550), Madrid, Gredos, 1970, pp. 202-34.
9
«En una palabra, la versión era, en los
mejores, un ejercicio artístico, que no se calibraba
exclusivamente por la máxima fidelidad [...], sino por la
balanza en riesgo entre literalidad y originalidad»
(M. J. Bayo, op.
cit., p. 207).
Otra cosa muy distinta son las traducciones de textos
bíblicos, donde la literalidad es exigencia primaria, desde
las palabras de san Jerónimo en su Liber de optimo genere interpretandi:
«Ego enim non solum fateor, sed libera voce
profiteor me in interpretatione Graecorum, absque scripturis
sanctis, ubi et verborum ordo mysterium est, non verbum e verbo,
sed sensum exprimere de sensu...»
, G. J. M.
Bartelink (ed.), Leiden, Lugduni
Batavorum, E. J. Brill, 1980, p.
13.
10
Vid. Ángel C. Zorita, «Fray Luis de León, traductor de Horacio», en Fray Luis de León. Aproximaciones a su vida y su obra, Santander, Sociedad Menéndez Pelayo, 1989, pp. 281-310.