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31

Sobre el erotismo de estas imágenes gráficas, véanse Linda Nochlin, «The Imaginary Orient», en Art in America (mayo 1983), pp. 119-131, 187-191, y los ensayos pertinentes en Thomas B. Hess y Linda Nochlin (eds.), Woman as Sex Object: Studies in Erotic Art, 1730-1970 (New York: Newsweek, 1972).

 

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En este contexto del bosque erotizado, aun la mención de «la espesura de... [la] barba negra» de Facundo tiene que activar, por lo menos de manera inconsciente, la asociación amenazante que una entrega anterior (la 9.ª [779], I, p. 1, «Infancia i juventud») había establecido entre esa barba, su «pelo espesísimo, negro i ensortijado» y el bosque.

 

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Según su nieto y biógrafo Víctor, el segundo Earl of Lytton, «Rienzi remained the most popular of Bulwer's novels throughout his lifetime» (Bulwer-Lytton [London: Alan Swallow, 1948], p. 50). Otro biógrafo escribe: «Abroad, and particularly in Germany, his reputation was by 1834 far greater than that of any other living English novelist. Foreign libraries of English fiction, translators and commentators, vied with one another in preparing and issuing editions of his works» (Michael Sadleir, Bulwer: A Panorama. I. Edward and Rosina, 1803-1836 [Boston: Little, Brown & Co., 1931], p. 327).

 

34

Leyendo a Montesinos (Introducción a una historia de la novela en España en el siglo XIX [Madrid: Castalia, 1980], pp. 89 y 219), uno tiene la impresión de que, a pesar de sus diez ediciones, Bulwer no gozaba en España de la misma popularidad que los novelistas franceses, cuyas obras literalmente inundaban el mercado.

 

35

Peter Brooks describe Los misterios de París como «a direct novelistic counterpart to melodrama», en The Melodramatic Imagination: Balzac, Henry James, Melodrama, and the Mode of Excess (New York: Columbia University Press, 1985), p. 88.

 

36

Sarmiento menciona a Sue y sus novelas varias veces en sus escritos de estos años. En particular, el 22 de abril de 1845, pocos días antes de aparecer la primera entrega del Facundo y cuando todavía está en curso la publicación chilena de Los misterios de París, incluye una larga cita de esta novela en un artículo sobre la prensa chilena y su aparente unanimidad en censurar a Rosas («Confrontaciones singulares», en El Progreso, en Obras, VI, 1887, pp. 135-136). Su artículo sobre un teatro de saínetes populares en Santiago, que sale en El Progreso el 8 de enero de 1845, obviamente debe su título «Los misterios de la calle de San Francisco» a la popular novela. Por último, en el capítulo dedicado a París en sus Viajes, escribe: «El socialismo cunde, y las novelas de Sue y los dramas lo predican, lo exponen en perspectiva» (p. 115).

Identificar a Sue con el socialismo era bastante común, no obstante lo que opinaron de él Marx y Engels en La sagrada familia, de 1845. El «Prólogo» de la edición chilena de Los misterios presentaba el libro como «un apoyo poderoso a los gobiernos filantrópicos» por su influencia positiva sobre los sentimientos humanitarios de sus lectores. Elogiaba su contribución al apresuramiento «sin crisis, ni convulsiones, [d]el momento de una rejeneración moral»: «Uno de los medios pacíficos que pueden emplearse con este objeto, es la circulación de libros tan impresivos como el de Mr. Sue; libros superficiales en la apariencia y que no se buscan sino para llenar agradablemente los ratos de ocio; pero que dejan en el ánimo de los lectores una semilla fecunda de verdades morales, y que forman, sin sentirlo, una conciencia social: libros exajerados al parecer, y destinados solamente a conmover fuertemente los espíritus; pero que apesar de sus hipérboles se quedan muchas veces atras de lo que realmente pasa en el mundo: libros, enfin atrevidos, que hacen horrorizar a veces, otras saltar los colores a la cara, y aun arrojarlos de la mano; pero que son dictados por la mas sana intención a hombres superiores...» (El Mercurio de Valparaíso, Diario comercial, político y literario, 4940, 5 de octubre de 1844, p. 3). Sobre las limitaciones del socialismo de Sue, véase, además de La sagrada familia, el ensayo de Umberto Eco.

 

37

Brooks, Melodramatic Imagination, p. 35.

 

38

Jean-Louis Bory, al igual que Brooks, reconoce que el folletín «est parent du théâtre» (p. 24), y añade: «C'est que roman populaire et mélodrame s'adressent au même public, qui réclame d'abord des émotions, beaucoup d'émotions, et variées, et fortes» (p. 25).

 

39

Obras, I (1887), p. 107.

 

40

Obras, I, p. 108. La segunda reseña que Sarmiento dedicó a esta obra fue más abiertamente burlona («Otra vez la Nona sangrienta», en El Progreso, 14 de mayo de 1845, en Obras, II, pp. 266-268). En su vejez, en «Reminiscencias de la vida literaria», el autor recordaría así la primera noche que vio ese melodrama: «... escribí la crítica del drama archi-romántico, riéndome a carcajadas de los elojios burlones que le prodigaba para mas realzar su fealdad...» (Nueva Revista de Buenos Aires, 1881, en Obras, I, p. 337).