11
Blanco Asenjo, «Del realismo y del idealismo en la literatura española», Revista de la Universidad de Madrid, 1874, Discusión del Ateneo sobre «Ventajas e inconvenientes del realismo, para el arte dramático». Gifford Davis, «The Critical Reception of Naturalism in Spain before La cuestión palpitante», Hispanic review (Philadelphia), XXII 1954, pp. 97-108, encuentra en 1876 la primera referencia al naturalismo en España (cfr. Beser, op. cit., en nota 3, p. 314).
12
Ed. A. Carlos Hierro, Madrid. Cfr. también catálogo de traducciones de Zola, en Pattison, op. cit., pp. 52-56, así como de otros naturalistas.
13
12. Cfr. también Joaquín Casalduero, Vida y obra de Galdós, Gredos, Madrid, 1974, pp. 184-185. Entre 1881-1885, desde La desheredada a Lo prohibido -esta más estrictamente naturalista (!)-, fecha la etapa del naturalismo de Galdós. Cfr. también prólogo de Montesinos a la ed. de Lo prohibido, Castalia, Madrid, 1975. Cfr. también Pattison, p. 132 (op. cit. [7]).
14
S. Beser, op. cit., en 3, p. 314.
15
Cfr. G. Davis, op. cit. en 10. Cfr. también P. Martino, Le naturalisme Français 1870-1895, París, 1960. Cfr. también Clocchiatti, «Cl. y sus ideas sobre la novela», Rev. Univ. Oviedo, 1948, LIII-LIV, y LVII-LVIII, 1949, LIX-LX.
16
Curiosa coartada de la crítica reaccionaria contra Zola es que siempre pinta lo repugnante; por ello, Ortega Munilla alaba a Pereda que pinta lo verdadero, no lo repugnante: apud Pattison, op. cit., en 7, p. 66.
17
Clarín, en La literatura en 1881, pontifica acerca de quién es naturalista o no. Considera La desheredada como ejemplo de naturalismo templado. Pattison (op. cit. en 7) indica que Galdós se alinea entre los jóvenes redactores naturalistas de Arte y Letras de 1 de julio de 1882 (op. cit., pp. 90-91).
18
La cuestión palpitante se publica en La Época, 7, noviembre de 1882 a abril de 1883. Para Pattison es realista y no naturalista (op. cit. en 7, p. 99). Pardo Bazán se opone al determinismo; también en escrito en La Época, 6 de mayo de 1884 (cit. por Pattison, p. 117). La polémica se recoge en Pattison, pp. 102-125.
19
Dice Pattison que desde 1884 las críticas se basan ya en escritos y conocimiento de Zola (op. cit., p. 121). Por ejemplo, prólogo de Menéndez y Pelayo a las Obras completas de Pereda; F. Díaz Carmona, La novela naturalista; Juan Valera, «Apuntes sobre el nuevo arte de escribir novelas», en Revista de España, 1886, 1.º. Discrepo sin embargo de este pretendido conocimiento que ve Pattison. Por ejemplo, Carmona (citado por Pattison) -autor que me parece irrelevante, incomprensiblemente mencionado por Pattison, como otros- escribe que, para Zola, la moral es indiferente, que lo importante es la frase bien hecha (!); el naturalismo es copiar frases feas..., etcétera. O bien no se enteraban de lo que leían, o bien poco se podía esperar de su estrechez de criterios.
20
Pattison (op. cit. en 7) concluye que el naturalismo español nunca rompió con el idealismo, y que este acabó primando (p. 166). Pero Pattison participa de esta confusión ideológica aceptando acríticamente que el P. Coloma, con Pequeñeces (1890), es naturalista (p. 171), según pretendía también Pardo Bazán (cfr. Nuevo Teatro Crítico, n.º 4, abril 1891).