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El príncipe constante

Comedia famosa

Pedro Calderón de la Barca



Personas que hablan en ella:
 

 
DON FERNANDO.
DON ENRIQUE.
DON JUAN.
REY MORO.
MULEY,   rey de Fez.
FÉNIX.
ROSA.
ZARA.
[ESTRELLA.]
TARUDANTE.
DON ALFONSO1.
SOLDADOS.
[CAUTIVOS.]
[MOROS.]





ArribaAbajoJornada I

 

Salen dos Cautivos, cantando lo que quisieren, y ZARA.

 
ZARA
Cantad aquí, que ha gustado
mientras toma de vestir
Fénix hermosa, de oír
las canciones que ha escuchado,
tal vez en los baños, llenas 5
de dolor y sentimiento.
CAUTIVO 1.º
Música cuyo instrumento
son los hierros y cadenas
que nos aprisionan, ¿puede
haberla alegrado?
ZARA
 Sí;
10
ella escucha desde aquí:
cantad.
CAUTIVO 1.º
Esa pena excede,
Zara hermosa, cuantas son,
pues solo un rudo animal
sin discurso racional 15
canta alegre en la prisión.
ZARA
¿No cantáis vosotros?
CAUTIVO 2.º
Es
para divertir las penas
—fol.276v→
propias, mas no las ajenas.
ZARA
Ella escucha, cantad pues. 20
 

(Cantan.)

 
[CAUTIVOS]2
Al peso de los años
lo eminente se rinde,
que a lo fácil del tiempo
no hay conquista difícil.
 

(Sale ROSA.)

 
ROSA
Despejad cautivos, dad 25
a vuestras canciones fin,
porque sale a este jardín
Fénix, a dar vanidad
al campo con su hermosura,
segunda aurora del prado. 30
 

(Salen las moras vistiendo a FÉNIX.)

 
FÉNIX
Hermosa te has levantado.
ZARA
No blasone el alba pura
que la debe ese jardín
la luz y fragrancia hermosa,
ni la púrpura la rosa3, 35
ni la blancura el jazmín.
FÉNIX
El espejo.
ESTRELLA
Es excusado
querer consultar con él
los borrones que el pincel
sobre la tez ha dejado. 40

 (Danle un espejo.) 

FÉNIX
¿De qué sirve la hermosura,
cuando lo fuese la mía,
si me falta la alegría,
si me falta la ventura?
ZARA
¿Qué tienes?
FÉNIX
Si yo supiera,
45
¡ay Celima!, lo que siento,
de mi mismo sentimiento
lisonja al dolor hiciera.
Pero de la pena mía
no sé la naturaleza, 50
que entonces fuera tristeza
lo que hoy es melancolía.
Solo sé que sé sentir:
lo que sé sentir no sé,
que ilusión del alma fue. 55
ZARA
Pues puédente divertir
tu tristeza estos jardines,
cual la primavera hermosa
labra en estatuas de rosa
sobre templos de jazmines, 60
hace, tal mar, un barco sea
dorado carro del sol.
ROSA
Y cuando tanto arrebol
errar por sus ondas vea,
con grande melancolía, 65
el jardín al mar dirá:
«Ya el sol en su centro está;
muy breve ha sido este día».
FÉNIX
Pues no me puedo alegrar,
formando sombras y lejos, 70
la emulación que en reflejos
tienen la tierra y el mar
cuando con grandezas sumas
compiten entre esplendores
las espumas a las flores, 75
las flores a las espumas.
Porque el jardín envidioso
de ver las ondas del mar,
su curso quiere imitar,
y así el céfiro amoroso 80
matices rinde, y olores,
que soplando en él las bebe;
hacen las hojas que mueve
un océano de flores.
Cuando el mar, triste de ver 85
la natural compostura
del jardín, también procura
adornar y componer,
su playa la pompa pierde;
y, a segunda ley sujeto, 90
compite con dulce efeto
—fol.277r→
campo azul y golfo verde,
siendo ya con rizas plumas,
ya con mezclados colores,
el jardín un mar de flores, 95
y el mar un jardín de espumas.
Sin duda mi pena es mucha:
no la pueden lisonjear
campo, cielo, tierra y mar.
ZARA
Gran pena contigo lucha. 100
 

(Sale el REY con un retrato.)

 
REY
Si a caso permite el mal,
cuartana de tu belleza,
dar treguas a tu tristeza:
que este bello original,
que no es retrato el que tiene 105
alma y vida, es del infante
de Marruecos, Tarudante.
A rendir a tus pies viene
su corona; embajador
es de su parte; y no dudo 110
que embajador que habla mudo
trae embajadas de amor;
favor en su amparo tengo:
diez mil jinetes alista
que envïar a la conquista 115
de Ceuta, que ya prevengo
de la vergüenza esta vez;
licencia permite amar
a quien se ha de coronar
rey de tu hermosura en Fez. 120
FÉNIX
¡Válgame Alá!
REY
¿Qué rigor
te suspende de esa suerte?
FÉNIX

  [Aparte.]  

La sentencia de mi muerte.
REY
¿Qué es lo que dices?
FÉNIX
Señor,
si sabes que siempre has sido 125
mi dueño, mi padre y rey,
¿qué he de decir?  (Aparte.)4  ¡Ay Muley!
¡Grande ocasión has perdido!
El silencio, ay infelice,
hace mi humildad inmensa, 130
miente el alma si lo piensa,
miente la voz si lo dice.
REY
Toma el retrato.
FÉNIX

 [Aparte.]  

Forzada,
la mano le tomará,
pero el alma no podrá. 135
 

(Disparan una pieza.)

 
ZARA
Esta salva es a la entrada
de Muley, que hoy ha surgido
del mar de Fez.
REY
Justa es.
 

(Sale MULEY, con bastón de general.)

 
MULEY
Dame, gran señor, los pies.
REY
Muley, seas bienvenido. 140
MULEY
Quien penetra el arrebol
de tan soberana esfera,
y a quien en el puerto espera
tal aurora, hija del sol,
fuerza es que venga con bien: 145
dame, señora, la mano;
que este favor soberano
puede mereceros quien
con amor, lealtad y fe
nuevos triunfos te previene 150
y fue a serviros y viene
tan amante como fue.

  [Aparte.] 

¡Válgame el cielo! ¿Qué haré?
FÉNIX
Tú Muley (¡estoy mortal!)
vengas con bien.
MULEY

 [Aparte.] 

No, con mal
155
será si a mis ojos creo.
  —[fol. 277v]→  
REY
En fin, Muley, ¿qué hay del mar?
MULEY
Hoy tu sufrimiento pruebas:
de pesar te traigo nuevas,
porque ya todo es pesar. 160
REY
Pues cuanto supieres di;
que en un ánimo constante
siempre se halla igual semblante
para el bien y el mal. Aquí
te sienta, Fénix.
FÉNIX
Sí haré.
165
REY
Todos os sentad. Prosigue
y nada a callar te obligue.
MULEY
Ni hablar ni callar podré.
Salí, como me mandaste,
con dos galeazas solas, 170
gran señor, a recorrer
de Barbería las costas.
Fue tu intento que llegase
a aquella ciudad famosa
llamada en un tiempo Elisa, 175
aquella que está a la boca
del Preto Eurelio fundada,
y de Ceydo ý nombre toma,
que 'Ceydo', 'Ceuta' en hebreo,
vuelto el árabe idioma 180
quiere decir 'hermosura';
y ella es ciudad tan hermosa...;
aquella, pues, que los cielos
quitaron a tu corona,
quizá por justos enojos 185
del gran profeta Mahoma.
Y en oprobio de las armas
nuestras, habemos agora
que pendones portugueses
en sus torres se enarbolan, 190
tenidos siempre a los ojos
un padrastro que baldona
nuestros aplausos, un freno
que nuestro orgullo reposa,
un Cáucaso que detiene 195
al Nilo de tus vitorias
la corriente y, puesta enmedio,
el paso a España le estorba.
Iba con órdenes, pues,
de mirar y inquirir todas 200
sus fuerzas para decirte
la disposición y forma
que hoy tiene, y cómo podrás
a menos peligro y costa
emprender la guerra, el cielo 205
te conceda la vitoria
con esta restitución,
aunque la dilate agora
mayor desdicha; pues creo
que está su empresa dudosa 210
y con más necesidad
te está apellidando otra;
pues las armas prevenidas
para la gran Ceuta, importa
que sobre Tánger acudan 215
porque amenazada llora
de igual pena, igual desdicha,
igual ruina, igual congoja;
y lo sé porque en el mar
una mañana (a la hora 220
que, medio dormido el sol,
atropellando las sombras
del ocaso, desmaraña
sobre jazmines y rosas
rubios cabellos que enjuga 225
con paños de oro a la aurora
lágrimas de fuego y nieve,
que el sol convirtió en aljófar)
que a largo trecho del agua
venía una gruesa tropa 230
de naves, si bien entonces
no pudo la vista absorta
determinarse a decir
si eran naos o si eran rocas;
porque como en las raíces 235
—[fol. 278r]→
sutiles pinceles logran
vanos visos, vanos lejos,
que en prespetiva dudosa
parecen montes, tal vez,
y tal ciudades famosas, 240
porque la distancia siempre
monstruos imposibles forma,
así en países azules
hicieron luces y sombras,
confundiendo mar y cielo 245
con las nubes y las ondas:
mil engaños a la vista
pues ella, entonces curiosa,
solo apercibió los bultos
y no distinguió las formas. 250
Primero nos pareció,
viendo que sus puntas tocan
con el cielo, que eran nubes
de las que a la mar se arrojan
a concebir en zafir 255
lluvias que el cristal aborta;
y fue bien pensado, pues
esta inumerable copia
pareció que pretendía
sorberse el mar gota a gota. 260
Luego de marinos monstruos
nos pareció errante copia
que a acompañar a Neptuno
salían de sus alcobas;
pues sacudiendo las velas, 265
que son del viento lisonja,
pensamos que sacudían
las alas sobre las olas.
Ya, parecía más cerca
una inmensa Babilonia 270
de quien los pensiles fueron
flámulas que el viento azotan.
Aquí, ya desengañada
la vista, mejor se informa
de que era armada, pues vio 275
a los surcos de las proas,
cuando batidas espumas
ya se encrespan, ya se entorchan,
rizarse montes de plata,
de cristal cuajarse rocas. 280
Yo que vi tanto enemigo
volví a su rigor la proa;
que también saber hüir
es linaje de vitoria.
Y así, como más experto 285
en estos mares, la boca
tomé de una cala, a donde
al abrigo y a la sombra
de dos montecillos pude
resistir la poderosa 290
furia de tan gran poder
que mar, cielo y tierra asombra.
Pasan sin vernos, y yo
deseoso, quién lo ignora,
de saber dónde seguía 295
esta armada su derrota,
a la campaña del mar
salí otra vez, donde logra
el cielo mis esperanzas,
en esta ocasión, dichosas; 300
pues vi que de aquella armada
se había quedado sola
una nave, y que en el mar,
mal defendida, zozobra;
porque, según después supe, 305
de una tormenta que todas
corrieron, había salido
deshecha, tendida y rota:
y así, llena de agua estaba,
sin que bastasen las bombas 310
a agostalla, y titubeando
ya a aquella parte, ya a estotra,
estaba a cada vaivén
si se ahoga o no se ahoga.
Llegué a ella y, aunque moro, 315
—[fol. 278v]→
les di alivio en sus congojas;
que el tener en las desdichas
compañía, de tal forma
consuela, que el enemigo
suele servir de lisonja; 320
el deseo de vivir,
tanto a alguno le provoca
que, haciendo animoso escalas
de gúmenas y maromas,
a la prisión se vinieron; 325
si bien otros les baldonan
diciéndoles que el vivir
eterno es vivir con honra,
y aun así se resistieron:
¡portuguesa vanagloria! 330
De los que salieron, uno
muy por extenso me informa:
dice, pues, que aquella armada
ha salido de Lisboa
para Tánger, y que viene 335
a sitiarla con heroica
determinación que veas,
en sus almenas famosas,
las quinas que ves en Ceuta
cada vez que el sol se asoma. 340
Düarte de Portugal,
cuya fama vencedora
ha de volar con las plumas
de las águilas de Roma,
envía a sus dos hermanos, 345
Enrique y Fernando, gloria
deste siglo que los mira
coronados de vitorias.
Maestre de Cristo, Avis
son; los dos pechos adornan 350
cruces de perfiles blancos,
una verde y otra roja.
Catorce mil portugueses
son, gran señor, los que cobran
sus sueldos, sin los que vienen 355
sirviéndolos a su costa.
Mil son los fuertes caballos
que la soberbia española
los vistió para ser tigres,
los calzó para ser onzas. 360
Ya a Tánger habrán llegado,
y esta, señor, es la hora
que si su arena no pisan,
al menos sus mares cortan.
Salgamos a defenderla: 365
tú mismo las armas toma;
baje en tu valiente brazo
el azote de Mahoma,
y del libro de la muerte
desate la mejor hoja; 370
que quizá se cumple hoy
una profecía heroica
de morabitos que dicen
que, en la margen arenosa
de África, ha de tener 375
la portuguesa corona
sepulcro infeliz; y vean
que aquesta cuchilla corva
campañas verdes y azules
bebió con su sangre roja. 380
REY
Calla, no me digas más,
que, de mortal furia lleno,
cada voz es un veneno
con la muerte que me das.
Mas, sus bríos arrogantes 385
haré que en África tengan
sepulcros, aunque armados vengan
sus maestres los Infantes.
Tú, Muley, con los jinetes
de la costa parte luego 390
mientras yo en tu amparo llego;
que si, como me prometes,
en escaramuzas diestro
le ocupas pues que tan presto
no tomen tierra, y en esto 395
—[fol. 279r]→
la sangre heredada muestras,
yo tan veloz llegaré
como tú con lo restante
del ejército arrogante
que en ese campo se ve 400
porque la sangre concluya
tantos duelos en un día;
porque Ceuta ha de ser mía
y Tánger no ha de ser suya.

 (Vase.) 

MULEY
Aunque de paso, no quiero 405
dejar, Fénix, de decir,
ya que tengo de morir,
la enfermedad de que muero;
que aunque pierdan mis recelos
el respeto a tu opinión, 410
si celos mis penas son
ninguno es cortés con celos.
¿Qué retrato, ¡ay enemiga!,
en tu mano blanca vi?
¿Quién es el dichoso, di? 415
¿Quién más espera? No diga
tu lengua tales agravios;
basta, sin saber quién sea,
que yo en tu mano le vea
sin que le escuche en tus labios. 420
FÉNIX
Muley, aunque mi deseo5
licencia de amar te dio,
de ofender y injuriar no.
MULEY
Es verdad, Fénix; ya veo
que no es estilo ni modo 425
de hablarte, pero los cielos
saben que en habiendo celos
se pierde el respeto a todo.
Con grande recato y miedo
te serví, quise y amé; 430
mas si con amor callé,
con celos, Fénix, no puedo,
no puedo...
FÉNIX
No ha merecido
tu culpa satisfación,
pero yo por mi opinión 435
satisfacerme he querido;
que un agravio entre los dos
disculpa tiene; y así
te la doy...
MULEY
¿Pues hayla?
FÉNIX
Sí.
MULEY
Buenas nuevas te dé Dios. 440
FÉNIX
Este retrato ha envïado...
MULEY
¿Quién?
FÉNIX
Tarudante, el infante.
MULEY
¿Para qué?
FÉNIX
Porque, ignorante
mi padre de mi cuidado...
MULEY
Bien.
FÉNIX
...pretende que estos dos
445
reinos...
MULEY
No me digas más.
¿Esa disculpa me das?
Malas nuevas te dé Dios.
FÉNIX
Pues, ¡qué culpa habré tenido
de que mi padre lo trate! 450
MULEY
De haber hoy, aunque te mate,
el retrato recebido.
FÉNIX
¿Pude excusarlo?
MULEY
¿Pues no?
FÉNIX
¿Cómo?
MULEY
Otra cosa fingir.
FÉNIX
Pues, ¿qué pude hacer?
MULEY
Morir;
455
que por ti lo hiciera yo.
FÉNIX
Fue fuerza.
MULEY
Más fue mudanza.
FÉNIX
Fue violencia.
MULEY
No hay violencia.
FÉNIX
Pues, ¿qué pudo ser?
MULEY
Mi ausencia,
sepulcro de mi esperanza; 460
y para no asegurarme
de que te puedes mudar:
—[fol. 279v]→
ya yo me vuelvo a ausentar;
vuelve, Fénix, a matarme.
FÉNIX
Forzosa es la ausencia; parte... 465
MULEY
Ya lo está el alma primero.
FÉNIX
...a Tánger, que en Fez te espero
donde acabes de quejarte.
MULEY
Sí haré si el mal dilato.
FÉNIX
Adiós, que es fuerza el partir. 470
MULEY
¡Oye!, ¿al fin me dejas ir
sin entregarme el retrato?
FÉNIX
Por el Rey no lo he deshecho.
MULEY
Suelta, que no será en vano
que saque yo de tu mano 475
a quien me saca del pecho.
 

(Vanse.)

 
 

(Tocan un clarín y ruido de desembarcar, y van saliendo el infante DON FERNANDO y DON ENRIQUE y DON JUAN COUTIÑO.)

 
DON FERNANDO
Yo he de ser el primero, África bella,
que he de pisar tu margen arenosa
porque, oprimida al peso de mi huella,
sientas en tu cerviz la poderosa 480
fuerza que ha de rendirte.
DON ENRIQUE
Yo en el suelo
africano la planta generosa
el segundo pondré.  (Cae.)6  ¡Válgame el cielo!
¡Hasta aquí los agüeros me han seguido!
DON FERNANDO
Pierde, Enrique, a esas cosas el recelo; 485
porque, el caer agora, antes ha sido
que ya, como señor, la misma tierra
los brazos en albricias te ha pedido.
DON ENRIQUE
Desierta esta campaña y esta sierra
los alarbes al vernos han dejado. 490
DON JUAN
¡Tánger las puertas de sus muros cierra!
DON FERNANDO
¡Todos se han retirado a su sagrado!
Don Juan Coutiño, conde de Miralva,
reconoced la tierra con cuidado
antes que el sol, reconociendo el alba, 495
con más furia nos hiera y nos ofenda.
Haced a la ciudad la primer salva;
decid que defenderse no pretenda
porque la he de ganar a sangre y fuego,
que el campo inunde, el edificio encienda. 500
DON JUAN
Tú verás que a sus mismas puertas llego,
aunque volcán de llamas y de rayos
deje al sol con pardas nubes ciego.

 (Vase.) 

  —[fol. 280r]→  
 

(Sale el gracioso BRITO de soldado.)

 
BRITO
Gracias a Dios que abriles piso, y mayos,
y en la tierra me voy por donde quiero, 505
sin sustos, sin vaivenes ni desmayos;
y no en el mar, adonde si primero
no se consulta un monstruo de madera
que es juez de palo, en fin, el más ligero
no se puede escapar de una carrera 510
en el mayor peligro. ¡Ha tierra mía!
No muera en agua yo, como no muera
tampoco en tierra hasta el postrero día.
DON ENRIQUE
¿Que escuches este loco?
DON FERNANDO
¡Y que tu pena,
sin razón, sin arbitrio y sin consuelo, 515
tanto de ti te priva y te divierte!
DON ENRIQUE
El alma traigo de temores llena;
echada juzgo contra mí la suerte
desde que de Lisboa a salir solo
imágines he visto de la muerte; 520
apenas pues al berberisco polo
prevenimos los dos esta jornada
cuando, de un parasismo, el mismo Apolo
amortajando en nubes, la adorada
faz escondió, y el mar ceñudo y fiero 525
deshizo con tormentos nuestra armada:
si miro al mar, mil sombras considero;
si al cielo miro, sangre me parece
su velo azul; si al aire lisonjero,7
aves noturnas son las que me ofrecen; 530
si a la tierra, sepulcros representa
donde mísero yo caigo y tropiece.
DON FERNANDO
Pues disfrazarte aquí mi amor intenta
causa de un melancólico accidente:
sorbernos una nave una tormenta 535
es decir que sobra aquella gente
para ganar la empresa a que venimos;
verter púrpura el cielo transparente
es gala, no es horror; que si fingimos
monstruos al agua y pájaros al viento, 540
—[fol. 280v]→
nosotros hasta aquí nos los trujimos;
pues si ellas aquí están, ¿no es argumento
que a la tierra que habitan inhumanos,
pronostican el fin fiero y sangriento?
Esos agüeros viles, miedos vanos, 545
para los moros bien en que los crean,
no para que los duden los cristianos;
nosotros dos lo somos: no se emplean
nuestras armas aquí por vanagloria
de que en los libros inmortales lean 550
ojos humanos esta gran vitoria;
la fe de Dios a engrandecer venimos:
suyo será el honor, suya la gloria,
si vivimos dichosos, pues morimos;
el castigo de Dios justo es temerle: 555
este no viene envuelto en medios vanos;
a servirle venimos, no a ofenderle:
cristianos somos, haced como cristianos.
Pero, ¿qué es esto?
 

(Sale DON JUAN.)

 
DON JUAN
Señor,
yendo al muro a obedecerte, 560
a la falda de ese monte
vi una tropa de jinetes
que de la parte de Fez
corriendo a esta parte vienen
tan veloces que, a la vista, 565
aves no, brutos parecen;
el viento no los sustenta,
la tierra apenas lo siente,
y así la tierra ni el aire
sabe si corren o vuelan. 570
DON FERNANDO
Salgamos a recibillos
haciendo primero frente
los arcabuceros; luego
los que caballos tuvieren
salgan también a su usanza, 575
con sus lanzas y arneses.
¡Ea, Enrique! Buen principio
esta ocasión nos ofrece.
¡Ánimo!
DON ENRIQUE
Tu hermano soy,
no me espantan accidentes 580
del tiempo ni me espantara
el semblante de la muerte.
 

(Vanse.)

 
BRITO
El cuartel de la salud
me toca a mí guardar siempre.
¡Oh qué brava escaramuza! 585
Ya se embisten; ya acometen
famoso juego de cañas:
ponerme en cobro conviene.
 

(Vase; y tocan al arma. Salen peleando de dos en dos DON JUAN y DON ENRIQUE.)

 
DON ENRIQUE
¡A ellos! ¡Que ya los moros,
vencidos, la espalda vuelven! 590
DON JUAN
Llenos de despojos quedan
de caballos y de gentes
—[fol. 281r] →
estos campos.
DON ENRIQUE
Don Fernando,
¿dónde está que no parece?
DON JUAN
Tanto se ha empeñado en ellos 595
que ya de vista se pierde.
DON ENRIQUE
Pues a buscarle, Coutiño.
DON JUAN
Siempre a tu lado me tienes.
 

(Vanse; y salen DON FERNANDO, con la espada de MULEY, y MULEY con adarga.)

 
DON FERNANDO
En la desierta campaña
que tumba común parece 600
de cuerpos muertos, si ya
no es teatro de la muerte,
solo tú, moro, has quedado
porque rendida tu gente
se retiró, y tu caballo, 605
que mares de sangre vierte
envuelto en polvo y espuma
que él mismo levanta y pierde,
te dejó para despojo
de mi brazo altivo y fuerte 610
entre los sueltos caballos
de los vencidos jinetes.
Yo, ufano con tal vitoria;
que me ilustra y desvanece
más que el ver esa campaña 615
coronada de claveles,
pues es tanta la perdida
sangre con que se guarnece
que la piedad de los ojos
fue tan grande, tan vehemente, 620
de no ver siempre desdichas
de no mirar ruinas siempre,
que por el campo buscaban,
entre lo rojo, lo verde.
En efeto, mi valor, 625
sujetando tus valientes
bríos, de tantos perdidos
un suelto caballo prende,
tan monstruo que, siendo hijo
del viento, adopción pretende 630
del fuego; y entre los dos
le desdice y lo desmiente
el color, pues siendo blanco
dice el agua: «Parto es este
de mi esfera; sola yo 635
pude cuajarlo de nieve».
En fin, en lo veloz viento;
rayo, en fin, en lo eminente,
era por lo blanco cisne,
por lo sangriento era sierpe, 640
por lo hermoso era soberbio,
por lo atrevido valiente,
por los relinchos lozano
y por las cernejas fuerte.
En la silla y en las ancas, 645
puestos los dos juntamente,
mares de sangre rompimos
por cuyas ondas crüeles
este bajel animado
hecho proa de la frente, 650
rompiendo el globo de nácar
desde el codón al copete,
pareció entre espuma y sangre,
ya que bajel quise hacerle,
de cuatro espuelas herido, 655
que cuatro vientos le mueven.
Rindiose al fin, si hubo peso
que tanto atlante siguiese,
si bien el de las desdichas
hasta los brutos lo sienten, 660
o ya fue que, enternecido,
de su instinto dijese:
«Triste camina el alarbe,
y el español parte alegre,
luego yo contra mi patria 665
soy traidor y soy aleve».
No quiero pasar de aquí:
conviene pues triste vienes;
—[fol. 281v]→
tanto que, aun el corazón
disimula cuanto puede, 670
por la boca y por los ojos,
volcanes que el pecho enciende,
ardientes suspiros lanza
y tiernas lágrimas vierte.
Admirado mi valor 675
de ver, cada vez que vuelve,
que un golpe de la fortuna
tanto le postre y sujete
tu valor, pienso que es otra
la causa que te entristece; 680
porque por la libertad
no era justo ni decente
que tan tiernamente llore
quien tan duramente hiere.
Y así, si el comunicar 685
los males alivio ofrecen
al sentimiento, entretanto
que llegamos a mi gente:
mi deseo a tu cuidado,
si tanto favor merece, 690
con razones le pregunta
comedidas y corteses:
¿qué sientes, pues ya yo creo
que el venir preso no sientes?
Comunicado, el dolor 695
se aplaca si no se vence;
y yo que soy el que tuvo
más parte en este accidente
de la fortuna, también
quiero serlo el que consuele 700
de tus suspiros la causa,
si la causa lo consiente.
MULEY
Valiente eres español
y cortés como valiente:
también vences con la lengua 705
como con la espada vences.
Tuya fue la vida cuando
con la espada entre mi gente
me venciste; pero agora
que con la lengua me prendes, 710
es tuya el alma; porque
alma y vida se confiesen
tuyas, de ambas eres dueño,
pues ya crüel, ya clemente,
por el trato y por las armas 715
me has cautivado dos veces.
Movido de la piedad
de oírme, español, y verme,
preguntado me has la causa
de mis suspiros ardientes; 720
y aunque confieso que el mal
repetido y dicho suele
templarse, también confieso
que quien le repite quiere
aliviarse; y es mi mal 725
tan dueño de mis placeres
que, por no hacerles disgusto
y que aliviado me deje,
no quisiera repetirse;
mas ya es fuerza obedecerte, 730
y quiero te la decir
por quien soy y por quien eres.
Sobrino del rey de Fez
soy, mi nombre es Muley, jeque,
familia que ilustran tantos 735
bajaes y belerbeyes.
Tan hijo fui de desdichas
desde mi primer oriente
que, en el umbral de la vida,
nací en manos de la muerte; 740
una desierta campaña,
que fue sepulcro eminente
de españoles, fue mi cuna,
pues para que lo confieses:
en los Gelves nací el año 745
que os perdisteis en los Gelves.
A servir al Rey, mi tío,
vine infante; pero empiecen
—[fol. 282r] →
las penas y las desdichas,
cesen las venturas, cesen: 750
vine a Fez y, una hermosura
a quien he adorado siempre,
junto a mi casa vivía
porque yo cerca muriese
desde mis primeros años, 755
porque más constante fuese
este amor, más imposible
de acabarse y de romperse.
Ambos nos crïamos juntos,
y Amor en nuestras niñeces 760
no fue rayo, pues hirió
en lo humilde, tierno y débil
con más fuerza que pudiera
en lo augusto, altivo y fuerte;
tanto que para mostrar 765
sus fuerzas y sus poderes,
rindió nuestros corazones
con arpones diferentes.
Pero como la porfía
con iguales piedras suele 770
hacer señal, por la fuerza
no sino cayendo siempre,
así las lágrimas mías,
porfïando eternamente,
la piedra del corazón, 775
más que los diamantes fuerte,
labraron; y no con fuerza
de méritos excelentes
pero con mi mucho amor
vino al fin a enternecerse. 780
En este estado viví
algún tiempo aunque fue breve,
gozando en auras süaves
mil amorosos deleites.
Ausenteme por mi mal: 785
harto he dicho en 'ausenteme';
pues en ausencia otro amante
ha venido a darme muerte;
él dichoso, yo infelice;
él asistiendo, yo ausente, 790
yo cautivo y libre él,
me contrastara mi suerte
cuando tú me cautivaste;
mira si es bien me lamente.
DON FERNANDO
Valiente moro y galán, 795
si adoras como refieres,
si idolatras como dices,
si amas como encareces,
si celas como suspiras,
si como recelas temes 800
y si como sientes amas:
dichosamente padeces.
No quiero por tu rescate
más precio de que le acetes:
vuélvete y dile a tu dama 805
que por su esclavo te ofrece
un portugués caballero;
y si obligada pretende
pagarme el precio por ti:
yo te doy lo que me debes; 810
cobra la deuda en amor
y logra tus intereses.
Y el caballo que rendido
cayó en el suelo, parece
con el ocio y el descanso 815
que restitüido vuelve;
y porque sé qué es amor
y qué es tardanza en ausentes,
no te quiero detener:
sube en tu caballo y vete. 820
MULEY
Nada mi voz te responde;
que a quien liberal ofreces,
solo acetar es lisonja.
Dime, portugués, ¿quién eres?
DON FERNANDO
Un hombre noble y no más. 825
MULEY
Bien lo muestras, seas quien eres;
para el bien y para el mal
soy tu esclavo eternamente.
  —[fol. 282v]→  
DON FERNANDO
Toma el caballo, que es tarde.
MULEY
Pues si a ti te lo parece, 830
¿qué hará a quien vino cautivo,
y libre a su dama vuelve?

 (Vase.) 

DON FERNANDO
Generosa acción es dar;
y más, la vida.
 

(Dentro MULEY.)

 
MULEY
¡Valiente
portugués!8
DON FERNANDO
Desde el caballo
835
habla: ¿qué es lo que me quieres?
MULEY
Espero que he de pagarte
algún día tantos bienes...
DON FERNANDO
Gózalos tú.
MULEY
...porque al fin
hacer bien nunca se pierde. 840
¡Alá te guarde, español!
DON FERNANDO
Si Alá es Dios, con bien te lleve.
 

(Suena dentro ruido de trompetas y cajas.)

 
Mas, ¿qué trompeta es aquesta
que el aire turba y la región molesta?
Y por esta otra parte 845
cajas se escuchan: música de Marte
son las dos.
 

(Sale DON ENRIQUE.)

 
DON ENRIQUE
¡Oh, Fernando!,
tu persona veloz vengo buscando.
DON FERNANDO
Enrique, ¿qué hay de nuevo?
DON ENRIQUE
Aquellos ecos,
ejércitos de Fez y de Marruecos 850
son, porque Tarudante
al rey de Fez socorre y, arrogante,
el Rey con gente viene.
En medio cada ejército nos tiene,
de modo que, cercados, 855
somos los sitiadores y sitiados;
si la espalda volvemos
al uno, mal del otro nos podemos
defender; por una y otra parte
nos deslumbran relámpagos de Marte, 860
¿qué haremos, pues, de confusiones llenos?
DON FERNANDO
¿Qué? Morir como buenos,
con ánimos constantes.
¿No somos dos maestres, dos infantes,
cuando bastara ser dos portugueses 865
particulares para no haber visto
el miedo de la cara? Pues, «¡Avis y Cristo!»
—[fol. 283r]→
a voces repitamos
y por la Fe muramos,
pues a morir venimos. 870
 

(Sale DON JUAN.)

 
DON JUAN
Mala salida a tierra dispusimos.
DON FERNANDO
Ya no es tiempo de medios:
a los brazos apelen los remedios,
que uno y otro ejército nos cierra
en medio. ¡Avis y Cristo! 875
DON JUAN
¡Guerra, guerra!
BRITO
Ya nos cogen en medio
un ejército y otro sin remedio.
¡Qué beliaca palabra!
La llave eterna de los cielos abra
un resquicio si quiera 880
que de aqueste peligro salga a fuera.
¿Quién aquí se ha venido,
sin qué ni para qué? Pero, fingido
muerto estaré un instante;
y muerto lo tendré para adelante. 885
 

(Cáese en el suelo, y sale un MORO acuchillando a ENRIQUE.)

 
MORO
¿Quién tanto se defiende,
siendo mi brazo rayo que desciende
desde la cuarta esfera?
DON ENRIQUE
Pues aunque yo tropiece, caiga y muera
en cuerpos de cristianos: 890
no desmaya la fuerza de las manos;
que ella de quién yo soy mejor avisa.
BRITO
Cuerpo de Dios con él, ¡y qué bien pisa!
 

(Písanle y éntranse; y salen MULEY y DON JUAN COUTIÑO, riñendo.)

 
MULEY
Ver, portugués valiente,
en ti fuerza tan grande, no lo siente 895
mi valor; pues quisiera
daros hoy la vitoria.
DON JUAN
¡Pena fiera!
Sin tiento y sin aviso
—[fol. 283v]→
son cuerpos de cristianos cuantos piso.
BRITO
Yo se lo perdonara, 900
a trueco, mi señor, que no pisara.
 

(Vanse los dos, y salen por la otra puerta DON ENRIQUE y DON JUAN, retirándose de los moros, y luego el REY y DON FERNANDO.)

 
REY
Rinde la espada, altivo
portugués; que si logro el verte vivo
en mi poder prometo
ser tu amigo. ¿Quién eres? 905
DON FERNANDO
Un caballero soy; saber no esperes
más de mí: dame la muerte.
 

(Sale DON JUAN y pónese a su lado.)

 
DON JUAN
Primero, gran señor, mi pecho fuerte
que es muro de diamante,
tu vida guardará, puesto delante. 910
¡Ea, Fernando mío!
Muéstrese agora el heredado brío.
REY
Si esto escucho, ¿qué espero?
Suspéndanse las armas, que no quiero
hoy más felice gloria: 915
que este preso me basta por vitoria.
Si tu prisión o muerte
con tal sentencia decretó la suerte:
dé la espada Fernando
al rey de Fez.
MULEY
¿Qué es lo que estoy mirando?
920
DON FERNANDO
Solo a un rey la rindiera,
que desesperación negarla fuera.
 

(Sale DON ENRIQUE.)

 
DON ENRIQUE
¡Preso mi hermano!
DON FERNANDO
Enrique,
tu voz más sentimiento no publique;
que, en la suerte importuna, 925
estos son los sucesos de fortuna.
REY
Enrique, don Fernando
está hoy en mi poder; y aunque mostrando
la ventaja que tengo
—[fol. 284r] →
pudiera daros muerte, yo no vengo 930
hoy más que a defenderme;
que vuestra sangre me viniera a hacerme
honras tan conocidas
como podrán hacerme en vuestras vidas;
y para que el rescate 935
con más puntualidad al Rey se trate,
vuelve tú, que Fernando
en mi poder se quedará aguardando
que vengas a libralle;
pero dile a Düarte que en llevalle 940
será su intento vano,
si a Ceuta no me entrega por su mano.
Y agora Vuestra Alteza,
a quien debo esta honra, esta grandeza,
a Fez venga conmigo. 945
DON FERNANDO
Iré a la esfera cuyo rayo sigo.
MULEY

  [Aparte.] 

Porque yo tenga, ¡cielos!,
más que sentir entre amistad y celos.
DON FERNANDO
Enrique, preso quedo:
ni al mal ni a la fortuna tengo miedo. 950
Dirasle a nuestro hermano
que haga aquí como príncipe cristiano
en la desdicha mía.
DON ENRIQUE
Pues, ¿quién de sus grandezas desconfía?
DON FERNANDO
Esto te encargo y digo: 955
que haga como cristiano.
DON ENRIQUE
Yo me obligo
a volver como tal.
DON FERNANDO
¡Dame esos brazos!
DON ENRIQUE
Tú eres el preso, ¿y pónesme a mí lazos?
DON FERNANDO
Don Juan, adiós.
DON JUAN
Yo he de quedar contigo:
de mí no te despidas.
DON FERNANDO
¡Leal amigo!
960
DON ENRIQUE
¡Oh, infelice jornada!
DON FERNANDO
Dile al Rey... Mas no le digas nada,
si con gran silencio el miedo vano
estas lágrimas lleva al Rey, mi hermano.
 

(Vanse; y salen dos moros, y ven a BRITO como muerto.)

 
MORO1.º
Cristiano muerto es este. 965
MORO 2.º
Porque no causen peste,
—[fol. 284v] →
echad al mar los muertos.
BRITO
¡En dejándoos los cascos bien abiertos
a tajos y a reveses!
Que, ainda mortos, somos portugueses. 970

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