11
Llevar carda: escarmentar de algún vicio (DA). (N. del E.)
12
Laurel, 1660, añade «como cansadas», acotación tendente a suplir la ausencia del objeto escenográfico «balcón» (o enfatizar su presencia), cuyas características se describen en vv. 156-166. Esta indicación, además, marca el lugar escénico y la perspectiva desde la cual las tres mujeres hablan en el resto de la representación. (N. del E.)
13
vv. 161-162. Texto alternativo de Laurel, 1660: «Y estoy gozosa aun de haberle hallado / porque, como sabéis, don Cosme Aguado...» (N. del E.)
14
En efecto, el alquiler de los balcones en la Plaza Mayor (pues pocas veces las corridas tenían lugar en el Buen Retiro o en la Plaza de Lavapiés) resultaba bastante caro. Había hasta cinco pisos. La muchedumbre permanecía en los tablados y andamios que a tal efecto se levantaban en los soportales de la Plaza, recubierta de arena. Cf. Cossío, J. M. (op. cit., t. I, pp. 639-652). Aunque de manera menos plástica, también se dan noticias sobre los preparativos y desarrollo de la fiesta en el Baile de Los Toros, de Quiñones de Benavente (Cotarelo, t. II, pp. 649-650). (N. del E.)
15
En estas funciones reales los balcones se engalanaban con colgaduras de colores diversos. Cada Consejo tenía el suyo, revestido de terciopelo o damasco con el sello y escudo de armas. El del rey era dorado y cubierto por un dosel, acomodándose a su lado la reina e infantes. A la derecha, otro gran balcón con las damas de la Corte. Vid. infra vv. 184 y ss. donde se aprecia esta disposición por los saludos consecutivos de Cosme Rana. (N. del E.)
16
Por las palabras de Bernarda colegimos la señal de clarines, trompetas, timbales, tambores, pífanos, oboes o flautas que solía preceder al comienzo del festejo, una vez llegado el rey. Cf. Deleito, op. cit., p. 114. (N. del E.)
17
Con esta referencia ya sabemos con seguridad que el entremés refiere un festejo taurino de los llamados «extraordinarios» (a cargo de la Casa Real con motivo de conmemoraciones y fiestas) para diferenciarlos de los ordinarios, menos solemnes, y organizados por el Concejo de Madrid. La última de estas grandes fiestas fue en 1658, con motivo del nacimiento del príncipe Felipe Próspero; debe tenerse en cuenta, para la posible fechación del entremés, dada la alusión de los vv. finales. (N. del E.)
18
Acomodado el rey y despejada la plaza por la guardia, a una orden del monarca, se regaba la plaza, empleándose toneles llenos de agua conducidos en carretas. Cf. Deleito, op. cit., p. 114. (N. del E.)
19
Borceguí: calzado o botín con soletilla de cuero (DA). (N. del E.)
20
Las reglas del toreo autorizaban sólo dos lacayos (vestidos con libreas de colores idénticos a los del caballero), pero la vanidad aumentaba su número. Conducían los caballos, proveían rejones, espadas, sombrero y capa. El traje usual de los caballeros era negro, con capa y espada ancha y corta y una daga; varias plumas de color en el sombrero, una especie de botines blancos y acicates o espuelas doradas a la morisca (cf. Deleito, op. cit., pp. 120-121). (N.del E.)