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Publicado en Salina, 20, noviembre, 2006, pp. 109-118 (ISSN: 1137-6651)

 

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«[El uniformismo es] un supuesto que está ínsito en toda la obra del Inca y que se refiere a la fundamental uniformidad psicológica del hombre [...]. En La Florida esto se evidencia en una continua serie de paralelos y comparaciones entre el indio de Florida, el hombre de la Antigüedad clásica, el indio de México y el Perú y el propio español. Todo ello se puede resumir en la frase ponderativa que el Inca pone en boca de Hernando de Soto, al hacerle exclamar: "¿No miráis cómo todo el mundo es uno?" (Libro V, parte I, cap. V)» (Avalle-Arce, 20). Avalle-Arce señala el origen del concepto en Arthur O. Lovejoy: «Si la razón es la misma en todos los hombres, como se supone, los efectos de su desempeño serán uniformes. Todo lo que constituya una variante será, por tanto, evidencia de error» (20-21). Como señala Maticorena, el episodio del estornudo de Guachoya en La Florida, que suscita ese comentario, se halla en un manuscrito inédito, pero pasa a la edición de 1605 mucho más elaborado, y es allí, en la última versión, donde aparece la observación de Hernando de Soto sobre la unidad del mundo.

 

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Con un planteamiento distinto del mío, se ha ocupado del asunto Hopkins-Rodríguez.

 

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Todas las referencias están tomadas de la edición preparada por Sylvia Hilton (1986), citada en la bibliografía. Se indicará en números romanos el libro, a continuación la parte (si es el caso) en arábigos, separado por barra; luego el capítulo también en arábigos, separado por dos puntos y, finalmente, separado por coma, el número de página en esta edición. Se han cotejado también las ediciones de Carmen de Mora (1988) y la de Mercedes López Baralt (2004). Al respecto es interesante señalar que en la Relación de la descendencia de Garci Pérez de Vargas, que se desgajó de La Florida, se comparaba a Mérida con Roma, en una fórmula análoga a la que luego utilizará para el Cuzco: «[...] Mérida, que en las Españas de otro tiempo, ya fue Roma, como lo dice el afligido de Amor, Garci Sánchez de Badajoz [...]» (De la Vega, 1965: 235).

 

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Y a diferencia también de un primer manuscrito del texto que al parecer se titulaba Historia de los sucesos de la Florida del Adelantado Hernando de Soto (Maticorena).

 

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«Como hace notar J. Durand, el título de La Florida del Inca no se menciona de forma decisiva hasta 1599, pues en la correspondencia que sostuvo durante la larga redacción de la obra siempre se refirió a ella como «la historia de la Florida» (De Mora: 28n.).

 

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«Porque nuestro entendimiento es un espejo y ejemplo, o por decir mejor, una imagen de las cosas reales» (Sofía; Diálogo I; De la Vega, 1996: 30-31).

 

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Que influye en la estructura externa de la obra: seis libros en la historia que corresponden a seis años de la Historia.

 

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En los Comentarios reales la analogía se da entre ciudad y mundo: «Los Incas dividieron aquellos barrios conforme a las cuatro partes de su Imperio, que llamaron Tahuantinsuyu [...] bien mirados aquellos barrios y las casas de tantas y tan diversas naciones como en ellas vivían, se veía y comprehendía todo el Imperio junto como en el espejo o en una pintura de cosmografía» ( Libro 7, cap. IX: «La ciudad contenía la descripción de todo el Imperio»; De la Vega, 2000: 389). Es una variante del concepto de microcosmos, que Garcilaso había encontrado desarrollado en León Hebreo: «[...] el hombre es imagen de todo el universo, y por esto los griegos le llaman microcosmos, que quiere decir mundo pequeño» (De la Vega, 1996: 124).

 

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La trascendencia del episodio conlleva su reproducción en otros textos, como la Didascalia multiplex (1615) del abad de Rute, según señala Asensio, quien con agudeza comenta: «Con ello se cerraba el círculo cultural y la serpiente se mordía la cola. Si Garcilaso llamaba a Cuzco la nueva Roma y coloreaba de romanismo su historia de América, los humanistas y glosadores de textos latinos invocaban los usos y costumbres del Nuevo Mundo para aclarar sus clásicos. Surgía la etnografía y el folklore comparado» (Asensio: 593).

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