21
La habilidad
simuladora de los indígenas no se desarrolla aquí
como ocurre en los Comentarios reales, donde se les
dedican varios capítulos: «[en
los templos] pusieron muchas figuras de hombres y mujeres, y de
aves del aire y del agua, y de animales bravos [...] todo de oro y
plata, vaciado al natural en su figura y tamaño [...].
Contrahacían yerbas y plantas, de las que nacen por los
muros, y las ponían por las paredes, que parecía
haberse nacido en ellas»
(«La fábrica y
ornamento de las casas reales»; Libro 6, cap. I; De la Vega, 2003: 368); «[...] contrahacían de oro y plata muchos
árboles y otras matas menores, al natural, con sus hojas,
flores y frutas [...]»
(«Contrahacían de oro
y plata cuanto había para adornar las casas reales»;
Libro 6, cap. II; De la Vega,
2003: 369); «También había
animales chicos y grandes, contrahechos y vaciados de oro y plata
[...]. Entre otras grandezas, tenían montones y rimeros de
rajas de leña, contrahechos al natural, de oro y plata
[...]»
(De la Vega, 2003: 370).
22
«Con ello se cerraba el círculo cultural
y la serpiente se mordía la cola. Si Garcilaso llamaba a
Cuzco la nueva Roma y coloreaba de romanismo su historia de
América, los humanistas y glosadores de textos latinos
invocaban los usos y costumbres del Nuevo Mundo para aclarar sus
clásicos. Surgía la etnografía y el folklore
comparado»
(Asensio: 593)
23
Este
régimen afecta incluso a algunas de las fuentes del texto,
como son las relaciones de Alonso de Carmona y de Juan Coles. Las
citas que Garcilaso transcribe son reproducción de algo que
no existe fuera del marco de la reproducción (para
Baudrillard el simulacro se define como imagen sin referente, copia
sin original). Algo parecido ocurre con la obra de Blas Valera en
los Comentarios Reales. Para el caso de La
Florida, Durand (1963) considera improbable que se trate de
textos apócrifos; Miró Quesada (1971: 147), sin
embargo, dejaba abierta la posibilidad de que la relación de
Coles fuese una impostura por recurso al tópico del
«manuscrito encontrado» y así lo recoge
López Baralt (LXXII). Rabasa, sin embargo, plantea y elude
la cuestión en un sentido análogo al que aquí
propongo: «Whether Garcilaso
invented his sources or whether they truly existed, all share the
common trait of not being histories in the strict sense of
term»
(1994: 137). Garcilaso
explícitamente dice que «no
escribieron con intención de imprimir, a lo menos el
Carmona»
y lo repite más tarde (V/2, 7: 497).
24
Otra vez conviene
señalar, para integrar los diferentes aspectos del
régimen de la reproducción que Garcilaso utiliza una
metáfora «biológica» para referirse a la
«autenticidad» de esos discursos («cosecha de la tierra»
).