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101

Ídem íd., pág. 26.

 

102

Senado, 5 de Diciembre de 1894, págs. 3 y 4.

 

103

Ídem, pág. 7.

 

104

Diario de Sesiones, pág. 2.

 

105

En El Liberal de 28 de Marzo de 1887 se leen los intencionados rasgos siguientes sobre la educación casera:

«La instrucción se adquiere; la educación se mama...

¡Con qué fruición la bondadosa mamá cuenta al papá que el niño ha dicho... lo que ha oído al carretero!

-¡Es posible! -exclama ebrio de gozo el autor de la criatura.

-¡Vaya! ¡y muy claro que lo dice! ¡Si parece mentira! Verás... Ven acá, nene, ven... ¿Qué es lo que dicen los hombres cuando se enfadan?

Y el niño lo repite con desparpajo, como quien sabe que hace gracia. El papá se entusiasma... ¡el niño tiene porvenir! La mamá se lo come a besos, no sin murmurar, poniéndose cómicamente seria:

-¡Esas palabras feas no se dicen!...»

«Un obispo piadoso se lamentaba de que un pobre niño, que imploraba la caridad, anduviese desnudo en pleno invierno.

-¿No te mueres de frío? -le preguntó.

-¿Lo siente Usía Ilustrísima en la cara? -dijo el rapaz.

-No.

-Pues mi cuerpo todo es cara».

 

106

Estas consideraciones, y muchas de las siguientes, están sacadas de la preciosa obra de FITCH, titulada: Conferencias sobre la enseñanza, dadas en la Universidad de Cambridge.

 

107

Creo de toda necesidad transcribir aquí la opinión de uno de los pedagogos más eminentes de este siglo, de J. G. FITCH (Conferencias sobre la enseñanza, dadas en la Universidad de Cambridge). Dice así:

«CASTIGOS CORPORALES

»No debemos omitir una referencia breve a los castigos corporales, último recurso del maestro desafiado y perplejo, cuando todos los demás recursos fallan. ¿Comenzaremos por desaprobarlos completamente? Pienso que no. El castigo del cuerpo por ciertas faltas es el recurso disciplinario de la naturaleza, y no degrada de necesidad a los niños de corta edad, ni está en desacuerdo con el estado imperfecto de su desarrollo mental y moral.

»Mucho creo que han cambiado en estos últimos años las opiniones de ARNOLD sobre este punto; pero no estaba enteramente fuera de razón cuando reivindicó la pena de azotes para ciertos CASOS EXTREMOS. La noción soberbia de independencia y dignidad que se rebela a la idea de los castigos corporales, no es razonable, y, ciertamente, no es cristiana, dijo ARNOLD. Bien mirado, no es el castigo el que degrada, sino la culpa; de manera que, si hay ciertas faltas que pueden ser curadas más prontamente por medio de estos castigos que por otros recursos, los castigos corporales no necesitarán de mayor excusa. Pero estoy convencido de que el castigo corporal es casi enteramente innecesario, de que causa más males que bienes, y de que, a medida que los maestros vayan entendiendo su profesión, irán dejándolo en desuso. En los colegios de internos me parece completamente indefendible; porque el dominio del maestro en todo tiempo sobre los actos de los alumnos es tan absoluto en estos establecimientos, que le dan otros muchos medios de castigar distintos del de imponer penas corporales. Menos necesidad hay todavía de él en las escuelas de externos. En una de las mejores de éstas que me ha tocado en suerte examinar y cuya disciplina es singularmente elevada, varonil y vigorizadora, JAMÁS ha habido, durante toda la historia del instituto, ni un solo caso de castigo corporal. Pero, cuando iba yo a dar mi informe sobre la escuela, su director mismo me rogó que no mencionase este hecho. No tengo intención de usar de esos castigos, me dijo, pero no quiero que los padres y el público estén autorizados a creer que no puedo usarlos. Todos mis alumnos saben que de mi voluntad depende castigarlos así o no, y que, si alguno cometiese una falta demasiado grave o extraordinaria, yo podría castigarlo de esa manera. Creo por mi parte que a esa luz debieran ver todos los maestros esta cuestión. No debe haber ley exterior que limite en ese punto su autoridad; pero ellos mismos deben sujetarse en su aplicación a una ley severa. Dos o tres sugestiones haré aquí sobre esta materia:

»I. No se impongan castigos corporales por falta de inteligencia, por torpeza o ignorancia: resérvense para castigar los vicios, para penar actos moralmente degradantes.

»II. Nunca imponga el maestro estos castigos bajo la influencia de la pasión, ni cuando esté enardecido por la indignación o la ira.

»III. No se autorice nunca a los pasantes o alumnos auxiliares a imponer estos castigos.

»IV. No se coloque ningún instrumento de castigo entre los muebles y útiles de la escuela, como parte de ellos, cuya vista llegue a hacerse familiar a los alumnos; ni se los ostente a los ojos de éstos como símbolo terrible de la autoridad del maestro.

»V. Nunca castigue el maestro con su propia mano».

 

108

Los siguientes datos son de un artículo de 5 de Agosto de 1889, publicado por La Justicia, quien, a su vez, los extractó de una Memoria, ya citada, de MR. GRÉARD.

 

109

Aun hoy, los cajistas de imprenta ponderan la extrañeza que les causa ver con faltas de ortografía muchos originales de personas que cobran de las nóminas del cuerpo docente.

 

110

«El niño debe ser un agente activo, productor de su misma obra educativa».

(VINCENTI, Congreso, 22 de Mayo de 1895, pág. 27)