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161

Ídem, 13 de Mayo de 1895, pág. 24.

 

162

Ídem, 14 de Mayo de 1895, pág. cit. 19.

 

163

Ídem, 13 de Mayo de 1895, pag. 21.

 

164

Congreso, 24 de Mayo de 1895, pág. 25.

 

165

Ídem, 22 de Mayo de 1895, pág. 27.

 

166

El Liberal, 9 de Junio de 1891.

 

167

Ídem, 8 de Junio de 1891.

 

168

«Nadie cree que la suerte (decía el SR. D. AGUSTÍN SARDÁ en El Liberal de 18 de Junio de 1890), nadie cree que la suerte saliendo en forma de bola numerada del fondo de una urna, pueda demostrar los conocimientos del examinado... Menos aún la bondad del conocimiento, la capacidad y disposición intelectuales, la educación del espíritu, el amor, la vocación a un determinado ramo del saber, y tantas otras circunstancias que deben ser apreciadas antes de expedir el diploma de médico, de abogado o de maestro, y que valen más que el contenido material, si así puede decirse, de los estudios... Pues con ser tan malo el sistema, desde el punto de la de la prueba, es mil veces peor por su influencia en la enseñanza. Sin poderlo evitar, discípulos y maestros se preocupan desde el primer día del atalismo de esa prueba. De aquí en los unos las explicaciones superficiales ceñidas a dar contestaciones ajustadas a las preguntas del programa, en perjuicio de la doctrina, y en los otros el afán de estudiar de memoria y mecánicamente esas contestaciones, sin preocuparse del verdadero saber y de ir al fondo de las cosas y de las cuestiones. Convierten el examen en un fin, cuando a lo más debería ser un medio. Lo apremiante es salir del paso, como vulgarmente se dice, ganar asignaturas, revalidarse y obtener un título que casi siempre responde sólo a la verdad legal. Raras veces acredita un conocimiento serio y útil para la vida; y menos aún demuestra que el que lo presenta posea estudios, aptitud y vocación para la carrera que pretende ejercer. De aquí también la existencia de los Manuales, que son una de las muchas y más tristes plagas de la enseñanza. De aquí, por último, que la mayoría de los escolares abandonen los estudios durante los dos primeros trimestres del curso, recurriendo al programa en los meses últimos y a veces en el postrero».

 

169

La Época de 1.º de Julio de 1895.

 

170

El Liberal, 6 de Junio de 1891.