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«La enseñanza familiar no puede tener por sí todas las condiciones que exige el desenvolvimiento de la civilización y la administración general de un país».
(GROIZARD, Senado, 14 de Diciembre de 1894, pág. 10)
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«Lamento que esta cuestión, que toca a la entraña moral del país, pueda ser considerada como instrumento de partido ni como arma política».
(SÁNCHEZ ROMÁN, Senado, 6 de Diciembre de 1894, pág. 7)
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Sobre la palpitante cuestión aquí sólo indicada, tengo escrito un libro que pronto verá la luz. No entro, pues, ahora en pormenores, para obedecer al gran precepto de HORACIO:
Sed non erat his locus.
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Es cosa ya vulgarmente sabida, a fuerza de diariamente evidenciada, que el Estado no sirve para maestro, como no sirve para fabricante, ni para constructor, ni para contratista, ni para empresario. Las ciencias económicas tienen demostrado hasta la saciedad que al Estado cuesta todo más dinero y más tiempo que a la industria privada, cuyos productos rara vez pueden ser igualados por los del Gobierno; y las ciencias políticas tienen patentizada la necesidad de que todo dependa del país y no de la burocracia; porque un accidente cualquiera, una guerra, puede paralizar la acción gubernativa, y consecuentemente la de todas las industrias o ejercicios cuya gestión se hubiese reservado el Gobierno.
Un ejemplo. El siglo pasado solamente en los arsenales se sabían hacer navíos de tres puentes, jarcias, motones y demás útiles necesarios a la Marina de guerra. El país era extraño a estas industrias. Después del desastre de Trafalgar vino la guerra de la Independencia, que paralizó la acción gubernativa y tras ella se precipitaron los sucesos políticos que nos sumieron en la postración y el marasmo de la tiranía. El Gobierno dejó de poner mano en los arsenales y quedamos sin Marina, sin talleres sin navíos. ¿Habría sucedido esto si a la industria particular hubieran pertenecido esos talleres y esas manos? No, porque la actividad industrial habría buscado salida a sus jarcias, motones, velamen y cascos, si el Gobierno hubiese dejado de adquirirlos. La experiencia lo atestigua. De Trafalgar no salió la escuadra inglesa mucho mejor librada que la española. Pero la nuestra pereció bajo la inacción del Gobierno, y la industria articular, en gran parte, repuso la inglesa.
El Gobierno tendrá siempre que enseñar algunas asignaturas. Las clases clínicas probablemente no se cursarán fuera de los establecimientos públicos, pues nunca los particulares tendrán hospitales numerosos: sólo el Gobierno enseñará artillería, táctica, fabricación de pólvoras y explosivos secretos y especiales de guerra, táctica naval, etc. Los grandes museos, los ricos gabinetes, las curiosas colecciones, siempre serán del Estado, y, por consiguiente, el Estado tendrá siempre asignaturas que enseñar por sí.
Pero, fuera de estas especialidades, el Gobierno debe abdicar por completo; porque en la atmósfera oficial y mecánica de la administración gubernativa no ha vivido nunca el genio, ni es posible que viva. ¡Si al menos diese vida a los talentos!!
La enseñanza oficial, esencialmente teórica y encarrilada en el statu quo, no es de esperar que produzca los hombres independientes que hagan avanzar las artes, las ciencias y la industria.
Los centros oficiales no producen inventores.
Y urge, por tanto, democratizar la ciencia, haciéndola salir de la acción popular.
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En la sesión del Congreso, 11 de Mayo de 1895, pág. 27, dijo el catedrático SR. BECERRO DE BENGOA, que es enemigo (como todos sus compañeros) de los internados y de las repeticiones (dadas las condiciones de los Institutos)...
El SR. MERELO, en la sesión del Senado de lo de Diciembre de 1894, página 6, había antes comparado a establecimientos penitenciarios los colegios de internos con sus pensionistas y mediopensionistas adjuntos a los Institutos y suprimidos por la ley del 69.
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Y sin embargo de la hostilidad de los profesores, los hechos dan la razón a las madres.
En la citada sesión del Congreso de 11 de Mayo de 1895, pág. 38, dijo el SR. VICENTI, a la sazón director general de Instrucción pública: «En el Instituto del Cardenal Cisneros hay matriculados 567 alumnos de enseñanza oficial y 1819 de enseñanza privada».
En la sesión del Senado de 4 de Diciembre de 1894, pág. 6, había dicho el SR. GROIZARD, ministro entonces: «El movimiento pedagógico en Alemania, Francia e Inglaterra, ya casi sin contradicción, es dar carácter educativo a la Segunda enseñanza. Búscase menos el que los alumnos llenen de ideas su mente que el que eduquen sus facultades...» Ya Gil y Zárate había dicho: «Más que a instruir, a educar se debe dirigir la Segunda enseñanza... El número de los alumnos oficiales es menos de la tercera parte de los que en España cursan la Segunda enseñanza, porque el instinto nacional, los padres de familia, la sociedad entera reconocen que vale más menos instrucción y más educación... Y prefieren los colegios privados, donde es peor la enseñanza, porque los niños en ellos reciben alguna educación de que estaban completamente privados en los Institutos».
El SR. CÁRDENAS, en la sesión del Congreso de 13 de Mayo de 1895, página 25, dijo: «La enseñanza en Suecia, Noruega, Dinamarca..., tiene carácter educativo. En el Congreso Pedagógico de 1892 se pidió el establecimiento de una enseñanza pedagógica...»
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No quiero citar ejemplos de colegios particulares, por haber yo dirigido durante quince años el de San Felipe Neri de Cádiz, fundado por D. ALBERTO LISTA en 1838. Pero desafío a que me presenten un establecimiento oficial que haya dado los resultados de ese colegio particular.
Y, para que no se piense que el amor propio me ciega, excluyo los quince años de mi dirección.
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¡Mentira parece que en el profesorado sólo por excepción haya ahora quien sepa cómo se verifica la producción del alumbrado eléctrico!
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Noviembre de 1895.
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El Liberal, 1.º de Febrero de 1896.