81
Recuérdese que esto se escribía en 1862.
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Advirtamos que el verbo saber está aquí usado, no en el sentido filosófico de elevarse del conocimiento de los hechos a la hipótesis de las causas, sino en el más usual y común de tener conocimientos o nociones de las cosas.
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Véase lec. XV del libro IV.
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El cricket es un juego inglés que consiste en lanzar una bola a los wickets, barras clavadas en número de tres, sobre los cuales está colocada transversalmente otra barra más pequeña. Hay que dar a los wickets con la bola para hacer caer la barra pequeña; lo que ofrece gran dificultad, por estar defendidos los wickets por un obstáculo de forma especial.
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No puedo resistirme al deseo de transcribir el excelente artículo que, en recomendación de la esgrima, publicó el Doctor ESCUDER el 18 de Abril de 1890, en el periódico La Justicia.
Dice así:
«LA ESGRIMA
»Es el arte de disciplinar los músculos reflexiva y ordenadamente, preparándolos para el ataque y defensa con superioridad.
»El asalto es una serie de combates con armas sin punta ni filo, en los que se observan fielmente las reglas científicas de la esgrima, con el objeto de patentizar en hechos la destreza y vigor de dos combatientes, la inmovilidad del tronco en la armonía de las actitudes, la posesión de sí mismo, la presencia de espíritu, la perspicacia en el conocimiento rápido del flaco del adversario, la viveza en la paradas, la precisión al tirarse a fondo, la seguridad y aplomo en la guardia, la precaución en el retroceso, el arte de cubrirse y la sagacidad en la simulación de una estocada, poniendo en acción el organismo psico-motor y reflejando en la ejecución el golpe de vista certero, la resolución de la voluntad, la agilidad de la imaginación en la invención de planos, y el conocimiento exacto de nuestras propias fuerzas.
»Hoy, que tan poco se atiende a la gimnasia disciplinada, conviene insistir en la propaganda de un género de ejercicio que, además de proporcionar ventajas en la defensa, dota al organismo de vigor armónico de músculos y centros cerebrales que, al desarrollarse por el esfuerzo, como son a la vez psíquicos, desenvuelven acordes y paralelamente la doble función que desempeñan.
»La esgrima crea fuerza nerviosa, la ahorra, la deposita, la condensa latente en el cerebro para disponer de ella cuando se necesite. La rivalidad tácita que origina el asalto, prolonga la resistencia a la fatiga; lo imprevisto del ataque varia incalculablemente la serie ideal de planes rápido que descompone una postura del adversario, determinando cada actitud cada amago, un nuevo giro a las ideas, que nos representan en lo interior, no ya al combatiente que tenernos enfrente, sino su intención, delatada en un movimiento imperceptible.
»La excitación de la lucha mueve todos los resortes, pone en libertad la fuerza almacenada, borra la sensación del cansancio, activa la circulación de la vida, duplica las fuerzas, suaviza las articulaciones, distiende los ligamentos, quema el tejido adiposo, consume la grasa y da tonicidad y energía a los músculos, que a nuestra vista se contraen bajo la piel, aumentando la temperatura total del cuerpo de medio a un grado.
»Fuera de la natación, no hay ejercicio más armónico siempre que se haga con ambas manos: los miembros adquieren gran agilidad y fuerza en las flexiones y extensiones, disparándose como un resorte al partir a fondo; la contracción en guardia gasta más energía muscular que el mismo movimiento; la atención, despierta a cada oscilación del acero contrario, activa el espíritu de observación; la necesidad de parar y contestar instantáneamente, acelera las decisiones de nuestra voluntad; al guardar la distancia hay que aplicar el juicio al ojo, reforzando la medida adecuada de su acomodación; el pecho agranda sus diámetros; el corazón palpita de prisa, las vísceras, sacudidas, no dejan que se estanque la sangre venosa; el talle se yergue; la sangre absorbe más oxígeno; el pulmón expele más ácido carbónico, y la función de la piel, el sudor, suspendida en invierno, entra en acción, depurando el organismo de elementos sobrantes, y todo el cuerpo parece que renace, caldeándose el ánimo con el estímulo de nuevas sensaciones, que ahuyentan tristezas y melancolías, dejando al sujeto fresco, sereno y dispuesto, sedados los nervios, aplacada la excitación mental y con un remanente mayor de fuerza que refluye al cerebro en la lucha diaria por la existencia.
»En el asalto, la hoja del arma se vuelve sensible, adquiriendo por ella la mano el tacto exquisito y la delicadeza precisa de un sentido vigilante que se alarga.
»El ojo se acostumbra al golpe de vista repentino; el juicio discierne por reflexión momentánea la línea que ha de seguir, la velocidad y precisión de un golpe de tiempo seguro, y la cantidad proporcional de fuerzas que los complejos sistemas de músculos despliegan en determinado segundo.
»El que metódicamente ejercita la esgrima, come bien, duerme mejor, descansa de la fatiga intelectual.; con el desarrollo físico equilibra su mente; se evita las múltiples afecciones que consigo trae la vida sedentaria; da energía a su voluntad, nutre mejor su encéfalo por el cúmulo de sangre que en el movimiento precipita; se proporciona durante breves momentos el ardor febril; deriva a sus músculos la fuerza creadora, fecundándose a sí propio, en lugar de estragarse en la incontinencia, y desarrolla íntegramente su cerebro, convirtiendo en actos las ideas.
Suponen algunos que el ejercicio de la esgrima vuelve al sujeto provocador y duelista. Nada más contrario. Conozco a gran número de excelentes tiradores que han envejecido sin merecer el horror de que nadie los desafíe.
»El que conoce las armas es más respetado; y, como no ignora el peligro, es más respetuoso con los demás; pues lo primero que experimentalmente adquiere es el dominio de sí mismo, la detención de todo impulso automático e irreflexivo. La célula cerebral y la fibra muscular son extremos que se tocan por un hilo. No puede desarrollarse la una sin la otra. Toda acción requiere un punto de partida ideal. Pero, así como la idea determina la voluntad, ésta, cuando tiene conciencia de su fuerza, se ejerce en refrenarse a sí propia. La esgrima transforma los impulsos reflejos, instintivos, automáticos, en acciones conscientes, calculadas y enderezadas a no fin. El que deja inactivos sus músculos, paraliza su alma, atrofia secciones circunscritas de su cerebro. La célula nerviosa actúa a la manera de una pila, se descarga en el músculo, y cada esfuerzo voluntario productor de una contracción, origina un movimiento de desintegración e integración paralelos, que desarrollan ambos órganos. Dominándose, se aprende a disponer en un segundo de la excitación latente difundida en los músculos.
»Los adversarios pasan minutos enteros observándose, espiándose, inmóviles al parecer, tensos los músculos; de repente, uno de ellos parte a fondo, colando la hoja por un resquicio imperceptible: ha aprovechado un descuido. Cada combinación es una operación intelectual muy complicada, instantáneamente hecha. Esta coordinación previa exige un enorme gasto de fuerza nerviosa; la energía excitante de la contracción ha descendido al músculo, pero allí se detiene y agota hasta que viene la orden del cerebro y se dispara el golpe recto.
»Este poder de detenerse a sí propio, de estar en acecho y a la espera meditando, es uno de los ejercicios que más vigorizan la voluntad, y, por consiguiente, el cerebro. No es, pues, la esgrima oficio de gañanes. No se tira con los músculos, sino con los nervios. Por eso la sobria inmovilidad de los maestros fatiga más que el aturdido agitarse de los novicios. Este aplomo es el mayor esfuerzo posible de la voluntad que a sí propia se vence, y, por eso mismo, constituye la esgrima una indicación terapéutica, en ciertos casos de debilidad irritable, que caracteriza a algunas neurosis.
»Forma, pues, parte de la educación cerebral, y equivale, como gasto nervioso, al que costaría la solución de un problema difícil.
»Existe entre la esgrima y la gimnasia una notable diferencia. La última requiere sólo músculos, fuerza corporal, poco o ningún trabajo psíquico. El cerebro asiste pasivamente a la acción automática desarrollada por el impulso inicial. No así la esgrima, en que la fuerza es el factor menos importante. El impulso, en ella, está retenido; el cuerpo es un muelle elástico que no se va del seguro; el cerebro contiene los músculos, los sujeta, los mantiene tensos y vibrantes, mientras observa al contrario, y sigue sus movimientos, trazando a cada cambio una nueva combinación ideal, aprovechando una línea descubierta para descargar el golpe fulminante.
»Por eso cansa más que la gimnasia. El gasto es mayor, y el consumo de fuerzas más rápido, variado, complejo y momentáneo.
»La lucha es consciente, reflexiva y voluntaria. La acción refleja sólo viene como última fase del movimiento ideal. Hay que adaptarse a las condiciones del contrario; defenderse y atacar, combatiendo por la existencia.
»¿Y qué otra cosa es la vida social más que una esgrima en grande?
ESCUDER»
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Véase La Justicia de 26 de Julio de 1889.
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Felicísima expresión de una Memoria del rector de la Sorbona MR. GRÉARD.
88
Véase la citada Memoria de MR. GRÉARD.
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Las medidas tomadas desde entonces mejoraron la suerte de los niños, según el consolador testimonio del Doctor SR. TOLOSA LATOUR.
(El-Imparcial, núm. 8.315, de Julio de 1890.)
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El Liberal, 1.º de Junio de 1891.