Este artículo, que se reproduce a instancias de varias personas que le conocían, se publicó muchos años hace en un periódico de esta capital. Tiempo después se rehízo con objeto de incluirle en uno de los libros del autor, propósito que no llegó a realizarse por causas que no importan un rábano a los lectores; pero sírvales a éstos de gobierno que hoy se publica tal cual entonces quedó restaurado, y tengan en cuenta los años que van corridos cuando su excesiva malicia o nimia escrupulosidad les lleve a investigar el porqué de ciertos casos y cosas que en el Esbozo aparecen, y acaso no se ven ya en el original.
Para evitar susceptibilidades como las que sacaron de quicio a los secretarios rurales de media España al aparecer este Esbozo en un Lunes de El Imparcial, quiero declarar aquí, por lo mismo que nadie me lo exige, que no me he propuesto retratar a la clase entera, ni tampoco a un individuo determinado de ella, sino hacer, con los rasgos de muchos, una fisonomía que encaje bien en la memoria del lector un tantico aficionado a la vida campestre, y, a ser posible, en el corazón de los gobernantes del Estado, para... «los efectos consiguientes». De manera que, como dijo el fabulista,
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Tercio de contribución próximo a vencer.
Véase Simón Verde.
Este artículo fue leído por su autor en una velada literario-musical, dispuesta por el Alcalde de Santander, don Tomás C. de Agüero, a beneficio de los pobres.