21
Véase, en efecto, cómo no se da entre los dos términos de la oposición gradual del griego que acaba de indicarse la posibilidad de que el menos intenso (subjuntivo) se emplee para los valores característicos del más intenso (optativo) en posiciones de máxima diferenciación modal.
22
Sánchez Ruipérez, ob. cit., § 109.
23
Bassols de Climent, ob. cit., § 167.
24
Formulación de R. Jakobson, «Signe zéro», Mél. Bailly, Ginebra, 1939, 146, recogiendo la teoría de V. Bröndal, Slovo Slovenost 3, p. 256, y ejemplificada por él mismo con hechos del ruso, donde, verbigracia, el presente, término no caracterizado de la oposición temporal, distingue personas; el pasado, término caracterizado, no; en singular se distinguen géneros, no así en plural. Compárese con la morfología nominal indoeuropea, donde el nominativo, caso cero, distingue habitualmente entre animado e inanimado, distinción que, con frecuencia, no se mantiene en los casos oblicuos, etc. Probablemente la tendencia se verifica también en otros sistemas semiológicos aparte de los lingüísticos, por ejemplo: supresión o gran atenuación de la diferencia luto / no luto en los trajes de etiqueta, uniformes, hábitos (términos caracterizados frente al indiferente vestido habitual de paisano).
25
Bassols de Climent, ob. cit., §§ 227-229, especialmente éste.
26
Para el enfoque de las oposiciones dentro de estos modos en sentido temporal, recuérdese lo anticipado en el apartado I y nota 2.
27
No se dé a estas premisas ni al razonamiento de la distribución en general de tiempos en los modos latinos en ellas basado, un carácter excesivamente logicista. No afirmo que en latín tuviese que ser necesariamente poco usada la forma amauerim con respecto al pasado. Justamente, según se verá luego, el hecho de que el latín neutralice en determinadas posiciones la oposición potencial / indicativo determina un empleo abundante de amauerim donde el indicativo habría empleado amaui o amabam. Pretender sacar de la Lógica el funcionamiento de una categoría gramatical, sería retrasar siglos la Gramática. Pero ello tampoco exige que se olvide que, entre los contenidos de conciencia expresados mediante las categorías gramaticales, existen los pensamientos formulados de acuerdo con la Lógica. Por tanto, es natural que, cuanto éstos sean reacios a lo expresado por determinada categoría gramatical, tanto corre ésta el riesgo de ser menos usada. Afirmar, por ejemplo, que los concretos de materia carezcan de plural en castellano, es afirmación logicista que no tiene en cuenta el funcionamiento de la lengua, que admite sin violencia alguna de su sistema plurales como oros, arroces, etc. Ahora bien, no se puede negar tampoco que, precisamente por el impedimento que la Lógica señala, el plural de estas voces, perfectamente admitido en el sistema, sea en el decurso realizado muchas menos veces que el de otros nombres, e incluso, en algunos casos, prácticamente inusitado.
28
Noción aspectual que pertenecía al sistema anterior, es decir, que no habrá que empeñarse en buscar en cada uno de los usos de amauerim que se expliquen según esta herencia, pues el sistema nuevo no comporta oposiciones en torno a la noción aspectual dentro de estos modos. Es decir, que el hecho de que anteriormente amauerim no se opusiera como pretérito a amem explica que pueda seguir al lado de éste al margen del nuevo sistema que los opone como tiempos; pero no exige que esta pervivencia vaya acompañada siempre de una persistencia de la antigua oposición aspectual, extraña al nuevo sistema. Compárese, por ejemplo, la persistencia de un optativo edim al lado de un subjuntivo edam, sin que necesariamente tenga que persistir entre las dos series de formas respectivas la oposición modal optativo / subjuntivo, extraña al latín histórico, y quedando reducida la dualidad a una especie de sinonimia aprovechable según preferencias que caracterizan el estilo de determinados autores. Cosa estilística también es, en rigor, dentro de la lengua clásica, el uso de amauerim en el presente en competencia con amem.
29
Compárese el uso indicativo del cast. amara, reintroducción de un pluscuamperfecto de la lengua originaria, prácticamente reducido a oraciones de relativo y análogas («recuperó lo que perdiera», «no las encontró como antes las viera», etc.).
30
Los ejemplos con indignación de pasaje determinado proceden de la obra de Bassols de Climent citada, excepto el de Verg., Aen. IV, 405.