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251

De Aurora Egido, publicado en Lecciones cervantinas, Zaragoza: Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja, 1985, pp. 49-93.

 

252

«Pues si vemos lo presente/ cómo en un punto s'es ido/ e acabado,/ si juzgamos sabiamente,/ daremos lo non venido/ por passado./ Non se engañe nadi, no,/ pensando que ha de durar/ lo que espera/ más que duró lo que vio» (Jorge Manrique).

 

253

Me gustaría dar las gracias a Nicolás Marín por su lectura del borrador de este artículo. Posterior a este artículo es Cervantes, Passamonte y Avellaneda de Martín de Riquer (Barcelona: Sirmio, 1988).

 

254

Para la historia de esta cuestión, véase la introducción de Martín de Riquer a su edición de Avellaneda, Clásicos Castellanos, 174-76 (Madrid: Espasa-Calpe, 1972), I, lxxix-lxxxviii. Las citas de Avellaneda están tomadas de esta edición.

 

255

«La piedra y la mano en el prólogo del Quijote apócrifo», en Homenaje a Guillermo Guastavino (Madrid: Asociación Nacional de Bibliotecarios, Archiveros y Arqueólogos, 1974), pp. 253-88. Las conclusiones de este artículo fueron publicadas también en su «Lope y el prólogo del Quijote apócrifo», Ínsula, Núm. 336 (noviembre, 1974), 3.

 

256

«Una guerra literaria del Siglo de Oro. Lope de Vega y los preceptistas aristotélicos», en Estudios sobre Lope de Vega, segunda edición corregida y aumentada (Madrid: CSIC, 1967), I, 63-II, 411, en I, 108-41. Las relaciones de Lope con Cervantes son también examinadas por Marín, «Belardo furioso. Una carta de Lope mal leída», Anales Cervantinos, tomo 12 (1973), 3-37. El artículo anterior de M. A. Buchanan, «Cervantes and Lope de Vega: Their literary relations. A preliminary survey», Philological Quarterly, tomo 21 (1942), 54-64, está anticuado; el de Tomás S. Tómov, «Cervantes y Lope de Vega (Un caso de enemistad literaria)», en Actas del Segundo Congreso Internacional de Hispanistas (Nijmegen: Instituto Español de la Universidad de Nimega, 1967), pp. 617-26, es superficial e inexacto, y el de José López Rubio, S. P., en «Génesis y desarrollo del Quijote», Anales Cervantinos, tomo 7 (1958), lleva sus relaciones a extremos inadmisibles.

 

257

Luis Astrana Marín, Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra (Madrid: Reus, 1948-58), VI, 140-46, presenta razones convincentes para cambiar la fecha de esta carta de 14 de agosto de 1604 por la de finales de 1605; Marín vuelve a examinar la cuestión en el artículo citado en la nota anterior, pero no refuta a Astrana de manera adecuada. Sin embargo, reedita la carta (pp. 4-5), y de manera útil señala que no iba dirigida a un médico, como previamente se creía. Si es de finales de 1605, como argumenta Astrana, entonces existe la posibilidad de que fuera dirigida a Sessa, como las otras cartas de la misma colección; la relación de Lope y Sessa empezó a principios de 1605.

 

258

Este soneto («Hermano Lope, borrame el sone...») puede encontrarse en la edición de los Sonetos de Góngora de Biruté Ciplijauskaité (Madison: Hispanic Seminary of Medieval Studies, 1981), pp. 581-82. Este soneto, por su tono, no puede ser de Cervantes. A los eruditos modernos, que han estudiado las obras de Cervantes y de Góngora, les corresponde hacer una atribución más precisa que la de Lope.

 

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Entrambasaguas argumenta, y yo estoy de acuerdo, que este soneto es del estilo de Lope; también tiene el mismo tono del prólogo de Avellaneda. Como no es muy conocido, lo reproduciré aquí:



Pues nunca de la Biblia digo le-,
no sé si eres, Cervantes, co- ni cu-,
sólo digo que es Lope Apolo, y tú
frisón de su carroza, y puerco en pie.

   Para que no escribieses, orden fue
del cielo, que mancases en Corfú.
Hablaste buey; pero dixiste mú.
¡O mala quixotada que te dé!

   ¡Honra a Lope, potrilla, o guay de ti!
Que es sol, y, si se enoja, lloverá;
y ese tu Don Quixote valadí,

de cul... en cul... por el mundo va
vendiendo especias y azafrán romí
y al fin en muladares parará.



(Éste es el texto como se publicó primero, en Ensayo de una biblioteca de traductores españoles de Juan Antonio Pellicer (Madrid 1778), p. 171, citado por Schevill y Bonilla, Viage del Parnaso, 197. Entrambasaguas, I, 117-19, ofrece un texto ligeramente diferente, y Ciplijauskaité, Sonetos de Góngora, p. 583, toma de un manuscrito un texto con diferencias más sustanciales.)

El primer verso parece ser una réplica al ataque de Cervantes (Quijote, I, 31, 20-23: I, Prólogo), sobre el uso de citas bíblicas, con lo que alguien aparentaba ser un «doctor de la iglesia»; estoy de acuerdo con la interpretación tradicional que supone que la persona así atacada es Lope. Todo el primer cuarteto es un ataque contra la pureza de sangre de Cervantes. Sólo los cristianos viejos estaban orgullosos de no leer la Biblia; los judíos la leían; las referencias a culo y a puerco entrañan alusiones religiosas en el Siglo de Oro. (Siento no estar conforme con la explicación de Martín de Riquer de los epítetos «co-» y «cu-» aplicados a Cervantes, en Cervantes, Passamonte y Avellaneda (Barcelona: Sirmio, 1988), p. 134. Vale la pena apuntar otro poema empleando «cu-» como insulto; el de «Diego Moreno tenía», en el Cancionero de Pedro de Rojas, ed. José J. Labrador Herraiz, Ralph A. DiFranco, María T. Cacho (Cleveland: Cleveland State University, 1988), p. 186).

El primer terceto es contestado por Cervantes en el Quijote, III, 43, 18-44, 14: II, 1 (la historia sobre los locos de Sevilla, uno de los cuales afirma representar a Júpiter y que evitará la lluvia durante tres años). Un «muladar» era «el lugar o sitio donde se echa el estiércol o basura que sale de las casas» (Autoridades).

 

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Adjunta al Parnaso, 125-26.