431
En el prerrenacimiento, la abundancia de agudos romances había dificultado el empleo del cursus en castellano y en catalán: cf. M. Morreale, en Nueva revista de filología hispánica, IX (1955), p. 41, y J. Carbonell, ed., J. Roís de Corella, Obres completes, I, Valencia, 1973, p. 31.
432
A. de Nebrija, Gramática
castellana, II, 2 y 4, etc. Como los escasos oxítonos
latinos se encuentran sobre todo «in quibusdam dictionibus
abscissis»
(Nebrija, Introductiones
latinas, V, 9; Alcalá, 1523, fol. 105), la denominación de «troncados o mancos»
para los versos
agudos tiene particular coherencia.
433
Vid. sólo n. 406 y D. Alonso - S. Reckert, Vida y obra de Medrano, II, Madrid, 1958, p. 88, n. 5.
434
Apud J. Alcina Rovira, ed., Juan Ángel González y la «Sylva de laudibus poeseos» (1525), Bellaterra, Barcelona, 1978, p. 50.
435
Cf.
simplemente F. Rico, Nebrija
frente a los bárbaros, Salamanca, 1978, pp. 46-47. Al Nebrisense le disgustaban en
especial los «himnos por
consonantes»
(Gramática castellana, II,
6) y el prorrumpir, «cum
latine divinas atque divorum laudes canimus, in peregrinum et
barbarum aliquem sonum»
(Repetitio secunda, Salamanca,
¿1486?, fol. a7): el frecuente
uso de esdrújulos en función de agudos en la
hímnica medieval bastaría a explicar el mal
ceño con que siempre la miró.
436
«Si quaeritis...
unde aut a quo fonte vel temporum vel accentuum conturbatio
manaverit..., respondebo... audacter a sermone vernaculo, qui
illiteratus est et omnium expers acuminum ac semibarbarus,
profluxisse. Cum enim cunctae fere christiani orbis nationes
rythmos sua quaeque lingua pangant, nihil vetustae illius
subtilitatis harmonicae in eorum compositione invenies. Certo enim
syllabarum numero et vocum ratione similiter cadentium versus
barbaros dumtaxat claudere consuescunt, quod puerile esse omnino
Lucilii etiam versu confirmat Gellius. Ergo poetae illi vulgares et
illiterati pedum accidentia, sublationes, positiones, tempora,
resolutiones, figuras, proportiones totamque hanc vel praecipuam
prosodiae scientiam penitus ignorant, quam olim in theatro
mulierculae et opifices diiudicabant»
(Relectio cui titulus
Prosodia, Salamanca, 1517, fol.
a3). El tono de ese pasaje sigue vivo en Pedro de Valencia, en el
prólogo a Arias Montano, Hymni et saecula, Amberes, 1593,
p. 4-5.
437
Gramática castellana, II, 6. Tampoco aquí es posible añadir más referencias ni explorar asuntos conexos: otro tanto que Nebrija y con igual valedor escribe, v. gr., Trissino, gran partidario del verso suelto, cuya fortuna española debiera estudiarse en relación con el destierro del agudo y los azares del esdrújulo.
438
Con el testimonio de Boscán, p. 87, confronto los dictámenes de Juan de Valdés, Diálogo de la lengua, ed. C. Barbolani, Florencia, 1967, p. 93 (sobre la sintaxis del romancero), y de Pedro de Valencia, apud L. de Góngora, Obras completas, ed. J. e I. Millé Giménez, Madrid, 19564, p. 1.073. Compárese, por ejemplo, G. Arbizzoni, art. cit. (n. 424), pp. 187-188.
439
Cf.
A. García Berrio,
Formación de la teoría literaria moderna. La
tópica horaciana en Europa, Madrid, 1977, pp. 90-93. Pedro de Cáceres
regaló a Gregorio Silvestre la fama de haber puesto «medida en los versos toscanos, que hasta
entonces no se les sabía en España»
,
enseñando a hacer «los
endecasílabos... por iambos»
; ni que decir tiene
que sí «se les
sabía»
en Garcilaso, en tanto Álvar
Gómez y Juan Hurtado de Mendoza habían ensayado
sistemáticamente el hendecasílabo «por iambos»
(cf.
sólo n. 376), etc., etc.; pero que Cáceres atribuya a
Silvestre el hallazgo de «la
medida»
y añada que ya «no ay quien la ignore»
(Las
obras del famoso poeta G.
S., Granada, 1582, fol. 45)
es otro buen indicio de que la conciencia histórica del
«nuevo estilo»
(cf.
n. 426) iba estrechamente asociada a los
particulares que aquí resalto (para el destierro del agudo
en Silvestre, vid. n.
412).
440
J. M. Blecua, Sobre el rigor poético en España y otros ensayos, Barcelona, 1977, pp. 77-79.