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Buena idea al respecto pueden dar tres instructivos estudios de E. Baumgartner, Le «Tristan en prose». Essai d’interpretation d’un roman médieval, Ginebra, 1975; «Récits brefs et romans en prose: l’exemple du Tristan», en Le récit bref, ed. D. Buschinger y W. Spiewok, Amiens, 1989, pp. 27-38; «Compiler/accomplir», en Nouvelles recherches sur le «Tristan en prose», ed. J. Dufournet, París, 1990, pp. 33-49.

 

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La última versión de los planteamientos que vino formulando desde 1936 está en el póstumo capítulo «Le cycle de la Vulgate (Lancelot en prose et Lancelot-Graal, en Grundriss der romanischen Literaturen des Mittelalters, IV, 1: Le roman jusqu’à la fin du XIIIe siècle, Heidelberg, 1978, pp. 536-589.

 

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Típica la transmisión textual de Il romanzo arturico di Rustichello da Pisa, que aduzco porque ahora disponemos de excelente edición y estudio, con facsímil del ms. fr. 1643 de la B. N. de París, gracias a F. Cigni y V. Bertolucci Pizzorusso, Pisa, 1994.

 

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De «une juxtaposition indéfiniment renouvelée» habla R. Lathuillère, «Un exemple de l’évolution du roman arthurien en prose dans la deuxième moitié du XIIIe siècle», en Mélanges de langue et littérature françaises du Moyen Âge offerts à P. Jonin, Aix-en-Provence, 1979, p. 391.

 

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Bartolomé el Inglés, De proprietatibus rerum, traducción de fray Vicente de Burgos, 1494, fol. 6v. La sinonimia dista de ser cristalina en una sarta como «el ... dicho libro ... fizo e ordenó e conpuso e acopiló el indino Johan Alfonso de Baena», pero no es problemática unas líneas más abajo: «una acopilada escriptura como a manera de prólogo» (Cancionero de Baena, fol. 1); ni, ya en el texto, en Villasandino «de cuantas cossas copilo» (hablando de «mis dezires sabidos», Cancionero de Baena, fol. 86vb). Compárese también F. Pérez de Guzmán, Mar de historias en Generaciones y semblanzas, ed. J. Domínguez Bordona, Madrid, 1954, p. 168: «el libro De los claros varones que copiló Francisco Petrarca»; Fernando de la Torre (en M. J. Díez Garretas, La obra literaria de Fernando de la Torre, Valladolid, 1983, p. 104): «... algunos metros que ... cupiló e enbió a ... doña Leonor»; multitud de ejemplos proporciona el sistema de búsqueda del Archivo digital de manuscritos y textos españoles. Por más que el sentido de tal o cual uso pueda ser incierto, no hay duda de que compilar y sus derivados invaden toda la órbita del quehacer literario (vid. también R. H. y M. A. Rouse, «Ordinatio and compilatio», p. 120), hasta el extremo de que Imperial llama «la mi sesta copilación» (Cancionero de Baena, fol. 80b) a la sexta copla de un poema suyo.

 

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Cf. F. Rico, «Sobre el origen de la autobiografía en el Libro de buen amor», Anuario de estudios medievales, IV (1967), p. 324, n. 39; una lista de romans con intercalaciones líricas, en N. H. J. van den Boogaard, Rondeaux et refrains du XIIe siécle au début du XIVe, París, 1969, pp. 313-338.

 

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Tomo la cita (de Eugenio de Ochoa) del imprescindible libro de A. D. Deyermond, Epic Poetry and the Clergy: Studies on the «Mocedades de Rodrigo», Londres, 1969, p. 30.

 

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D. Catalán, ed., Gran crónica de Alfonso XI, I, Madrid, 1976, p. 117, n. 145.

 

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El magistral estudio de don Rafael Lapesa sobre «La lengua de la poesía lírica desde Macías a Villasandino» (1953) figura ahora entre sus Estudios de historia lingüística española, Madrid, 1985, pp. 239-248 (la cita es de p. 247); complétese con V. Beltrán, «La cantiga de Alfonso XI y la ruptura poética del siglo XIV», El crotalón, II (1985), pp. 258-273. Las perspectivas que estoy esbozando pueden echar alguna luz sobre el problema (todavía no enfrentado globalmente) de la lengua literaria en el Trescientos, desde el Escurialense h-I-13 y las traducciones artúricas del hermano Vivas hasta el arquetipo del Libro de buen amor y aun quizá del Amadís primitivo.

 

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Pienso especialmente en los rasgos que subrayé en mi Breve biblioteca de autores españoles, Barcelona, 1990, pp. 37-43.

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