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120.        Véase Summa Theol. 2ª 2ª,q. 47, a.11.y q. 58, a 77, ad 2ª

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121.        Véase Comm. in X Lib. Ethic., lib. I, lec 1 ª

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122.        Parodi, Le probleme et la pensée contemporaine [111] págs. 201 y 202, ed. cit. -Recientemente ha publicado M. Bayet un breve trabajo titulado La casuistique chrétienne contemporaine, en el que discute las ideas que acabamos de apuntar; una crítica acertada de él ha hecho J. Verdier en la Revue Pratique d'Apologétique, números de 1.º de Noviembre de 1913 y 1.º de Abril de 1914. Pero donde esta cuestión se encuentra ampliamente discutida es en la obra del Dr. Maussbach, traducida al francés por el abate Lazare Collin, La Morale Catholique, París, Lethielleux, 1907; en especial, véanse los capítulos II, III y IV de la primera parte y el último, que forma toda la tercera.

     Algunas consideraciones muy justas, pero partiendo de una hipótesis inadmisible, hace Fonsegrive en su libro Moral et Société (págs. 104-109, ed. cit.), sobre la necesidad de la casuística, pero no puede admitirse que ésta sea el único modo verdadero de considerar la legislación moral, la moral misma, como aquél pretende. [114] Salvadori, Saggio di uno Studio sui sentimenti morali, Florencia, F. Lumachi, 1903.

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123.        Un estudio amplio de la materia se encuentra en la obra de Alessandro Bonucci, L'orientazione psicologica dell'Etica e della Filosofia del diritto, Perugia, V. Bartelli, 1907; y en la de Guglielmo [114] Salvadori, Saggio di uno Studio sui sentimenti morali, Florencia, F. Lumachi, 1903.

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124.        Summa Theol., 1.ª 2.ae, q. 77, a. 2, ad 5. Es muy frecuente acusar a la escolástica de sobreponer en la moral la metafísica a la psicología, hasta el punto de quedar ésta anulada o impregnada enteramente de intelectualismo, como si la voluntad fuera una simple ejecutora de las deliberaciones del entendimiento. Determinadamente lo dice así Vidari, en sus Problemi generali di Etica (página 167, Milán, Hoepli, 1901), de Santo Tomás, como si hubiera descuidado el estudio de los elementos subjetivos de la conciencia, los sentimientos y voliciones. Hablar en este sentido de intelectualismo tomista o escolástico en general, es una inexactitud grandísima; los tratados de Actos humanos, de las pasiones y de las virtudes y vicios de la Suma Teológica, comentados por los grandes [115] maestros de la Escuela, si van iluminados por la única luz capaz de determinar la comprensión y la extensión de los conceptos, revelan un conocimiento profundo de los móviles más secretos del corazón humano, y como obra de conjunto no ha sido superada.

     Nada puede substituir al estudio directo de las fuentes; pero puede formarse un concepto suficiente de lo que es ese intelectualismo de Santo Tomás, en el libro del P. Sertillanges, Saint Thomas d'Aquin («Les Grands Philosophes», págs. 232-269; París, Alcan, 1910), y también el del abate Rousselot, L'intellectualisme de Saint Thomas (París, Alcan, 1908; 3.ª parte: L'intelligence et l'action humaine).

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125.        Véanse págs. 3-5.

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126.        Vidari, Problemi generali di Etica, pág. 174, ed. cit. -Sea esto dicho sin excluir la posible y real originalidad de ciertos individuos y de su influencia social.

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127.        Véase Defourny, La Sociologie positiviste, págs. 295 y 296, ed. cit «Una base histórica no es sólo necesaria para la pedagogía, sino para todas las ciencias morales. Éstas son de naturaleza a la vez filosófica e histórica. Para conocer la naturaleza del derecho es indispensable saber lo que ha sido el derecho; sin noción de sus formas históricas no se le podría enlazar a la naturaleza humana con precisión y solidez. Lo mismo ocurre a la Ética, para la que es un elemento indispensable la historia de las costumbres.» Trendelemburg, del que fue discípulo Willmann, había dilucidado muy exactamente la naturaleza de estas disciplinas en estos términos: «El principio de estas ciencias es la naturaleza humana en la profundidad de su idea y en la riqueza de su evolución histórica; los dos puntos de vista se sostienen mutuamente, porque el elemento histórico solo sería ciego y solo el ideal sería vacío; el verdadero progreso no es posible sino por la conexión de la historia y de la idea y por la unión de ésta con aquélla.» (De Hovre, «La Pédagogie sociale en Allemagne», pág. 113 de los Annales de l'Institut Superieur de Phllosophie de Louvain, 1913.)

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128.        De l'idée de loi naturelle, pág. 143; 2.ª edición, París, 1901.

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129.        G. Richard, La Sociologie générale et les lois sociologiques, pág. 343; París, O. Doin, 1912. En las páginas 334 y 335 muestra cómo el movimiento de la población, producto de la relación de dos fenómenos naturales, el nacimiento y la muerte, incluye el hecho de la nupcialidad, que es principalmente del orden ético y jurídico, pues «la frecuencia del matrimonio revela, en igualdad de circunstancias, el imperio de las costumbres y del derecho sobre las inclinaciones más fuertes de la naturaleza humana, inclinaciones que conducirían más bien a la inconstancia»; luego el movimiento de la población es un proceso biológico-social, pero en el que se descubre «más bien el poder creciente de las leyes sociales sobre los fenómenos fisiológicos».

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