170. D. Thom., I, q. 79, a. 13; II, Dist. 24, q. 2.ª a. 4. -Suárez, De legibus, lib. II, cap. V, núms. 13-15.
171. Santo Tomás advierte que tanto la conciencia como la elección que concurren al acto moral son una conclusión particular sobre lo que se ha de hacer; pero la de la conciencia es de orden puramente cognoscitivo, y la de la elección del afectivo; por lo cual pueden discordar, corrompiendo el juicio de la segunda al de la primera y obrando en contra de éste.
Vide De Veritate, q. 17, a. I, ad. 4m.
172. Más que a la acepción restringida que suele tener en las escuelas filosóficas, nos referimos a la que en el uso corriente, aun de los mismos filósofos, se le da al hablar de alguno de los hechos de la vida moral; no sólo se califica, por ejemplo, de hombre sin conciencia o de conciencia falseado, extraviada, etc., al que sostiene juicios inmorales, sino al que revela sentimientos de dureza, crueldad, lujuria, etc., o en sus obras se aparta de las normas de rectitud que su razón tiene por verdaderas. El P. Gillet dice muy bien que la conciencia moral es una síntesis viviente, pues mientras que la ciencia moral no es otra cosa que el conjunto de las ideas más elevadas, destinadas por naturaleza a regular nuestra actividad de hombre, la conciencia moral tiene por objeto aplicar a cada uno de nuestros actos, bajo el impulso de la voluntad rectificada y libre, las ideas que le suministra la ciencia moral. Y la educación de [157] la conciencia debe terminar en la creación de esta síntesis viviente que es la conciencia moral, de un lado, desarrollando en cuanto es posible el objeto de la ciencia moral, y de otro, organizando la libertad en función de este objeto o de estas ideas, y del sujeto humano en que ellas deben encarnarse y tornar vida». (Devoir et Conscience, pág. 148; Lille, Desclée, 1910.)
El P. Cathrein, al tratar de la naturaleza y origen de la conciencia, enumera los diversos sentidos en que es tomada por varios filósofos; véase su Moralphilosophie, lib. VI, § 5, cap. I; Freiburg im Breisgau, 1911; 5.ª ed.
173. Acerca de la doctrina de Wundt negando la substancialidad del alma como principio o substratum de los estados de conciencia, véase Vidari, Problemi..., págs. 205-209.
174. Véase Vidari, Prolemi..., págs. 209 y 210, 239 y 240.
175. Interprétation sociale et morale des principes du développement mental, pág. 508, nota; París, V. Giard, 1899.
176. Véase en Deploige, ob. cit., la exposición histórica de esas doctrinas, caps. IV y V, y en Annales de l'Institut Superecur de Philosophie, de Lovaina, 1913, págs. 211-232.
En España han empezado a traducirse las obras de Natorp, que defiende el monismo social.
177. Citadas en los Annales, de Lovaina, 1913, pág. 217.
178. Literalmente significa echar fuera; para el sentido más preciso que tiene en Baldwin, véase la ob. cit., pág. 19.
179. Ob. y pág. cit.
