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200.         Ideal et jeunesse d'ame, 4.ª ed., pág. 23; París, Lethielleux. -Esta preciosa obrita, aunque escrita en forma oratoria, como su autor es un filósofo competentísimo, y sin duda director de conciencias, merece la atención del moralista que no quiera limitarse a determinar las leyes abstractas de las costumbres, sino influir en la actuación eficaz de ellas, escudriñando los resortes del obrar humano, las dificultades que encuentra y el medio de vencerlas, todo lo cual constituye la formación de la conciencia moral, según aquí la entendemos. Conciencia práctica ha de ser conducida a la acción.

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201.        Véase Petrone, Problemi del mondo morale, pág. 274.

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202.        Le développement mental, ed. cit., pág. 316.

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203.        Véase Hugueny, art. cit, págs. 650-653.

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204.        Santo Tomás, 1.ª 2.ae, q. 49, a. 4.

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205.        La gráce à dix années, ed. cit., págs. 66y 67.

     Conviene advertir que, si bien en la formación del Ideal moral nos hemos fijado preferentemente en el aspecto que nos parece de capital importancia, el aspecto racional de la forma del Ideal, no queremos decir por esto que sea él la causa motora única, ni aun principal, de la voluntad; las disposiciones afectivas que se le incorporan influyen poderosísimamente en la actuación de la vida moral; y como los mismos sentimientos que le acompañan son tan diversos, el carácter individual y la educación hacen que en unos predomine un elemento, que para otros queda en la sombra; de ahí [187] también la diversidad de perfección que existe entre los hombres, llegando a quedar muchos de éstos en las más ínfimas escalas de la moralidad, por no dejarse influir sino por móviles más groseros, pero únicos quizá, que sienta y le hagan aceptar la regla ideal de las costumbres. Véase Bouyssonie, art. cit, págs» 25 y 26.

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206.        La credulidad infantil, tan necesaria para el desarrollo de la vida del niño, no impide que desde los primeros años forme juicios que corrigen las sugestiones recibidas y son como el despertar de la actividad de la propia razón. Cramaussel (ob. citada, pág, 150) ofrece de ello algún ejemplo, y más adelante advierte que si los juicios del niño son a veces falsos, es por falta de experiencia, no porque estén mal formados.

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207.        Morale, ed. cit., pág. 57. -Véase también Noble, Idéal et jeunesse d'âme, ed, cit., págs. 25-49.

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208.        Précis de Psychologie, págs. 189 y 190, trad. por Baudin y Bertier; 2.ª ed., París, Rivière, 1910. -Véase también Eymieu, El gobierno de sí mismo, págs. 260-262, trad, esp.; Barcelona, G. Gili, 1908.

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209.        Véase Compayré, La evolución intelectual y moral del niño, ed. cit., cap. XIII.

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