50. Véase De Sarlo e Caló, Principii di Scienza Etica, páginas 142-149.
51. Véase Santo Tomás, 2.ª 2.ª, q. 81.
52. Lang, Culles, Mithes et Religions Pág. 307, traducción francesa de Marillier, 1896.
53. Le Roy, ob. cit., págs. 331-335, 463-466. -Lagrange, Etudes sur les religions semitiques pág. 14; París, Lecoffre, 1905; y toda la Introducción.
54. Lagrange, ob. cit., pág. 27. -No creemos necesario estudiar aquí la cuestión de la procedencia de la religión respecto de la magia. La hipótesis evolucionista, confundiendo lo más sencillo con lo más grosero, sostiene que la religión ha salido de la magia; el carácter complicado de ésta basta para pensar que ha de ser posterior al simple conocimiento de una Causa suprema, de la que todo depende y a la que se ha de servir. Como muy bien dice el autor citado: «El estado social del salvaje, no obstante sus incoherencias, es demasiado complicado para ser primitivo. Su religión misma, tan pobre en el fondo, está cargada de ritos minuciosos que atestiguan un largo desenvolvimiento» (pág. 5). La misma observación hace el sabio etnólogo R. P, Schmidt en su obra tantas veces citada: «A medida que nos alejamos de estos pueblos enteramente primitivos y se avanza en los semicivilizados y civilizados se ve a esas tres raíces de la magia, del culto de los muertos y del de la naturaleza tomar desarrollos cada vez más considerables y, hechos árboles grandes, ahogar bajo su hojarasca lujuriosa el antiguo culto del Ser supremo, hasta el punto que frecuentemente ha desaparecido casi por completo y parece no quedar huella alguna de él.» (Pág. 180.)
55. Véase Lagrange, ob. cit, pág 148. - Coincidiendo con [50] estos pensamientos, dice el P. Schmidt, hablando de los semang, los australianos del Sudeste y los andamaneses, que son los pueblos más antiguos hoy conocidos: «Se comprende fácilmente que un Ser omnisciente, soberanamente poderoso, pero que no emplea su poder para el mal, etc., sea capaz de ganar la veneración de estos pueblos...; lo que demuestran de un modo más característico el reconocerte expresamente como el Legislador de la vida moral y el Dueño. Este hecho alcanza toda su significación, cuando se considera la recelosa independencia de estos pueblos y la ausencia casi completa entre ellos de representantes individuales de la autoridad política y social.» (La Revélation primitive, páginas 183 y 184.)
56. Cultes, Mythes et Religions, 11, pág. 5; Paris, Leroux, 1905. No sorprenderá que una cuestión histórica sea tratada con el género de pruebas que ella consiente: las de autoridad; aduciremos las más reconocidas y, en cuanto cabe, las de aquellos que han hecho trabajos más originales, ya viviendo entre los pueblos no civilizados, ya recogiendo los datos que de éstos suministran los que los conocen directamente.
57. Citado por Lemonnyer en la Revue du Clergé f'rançais, 1º de Noviembre de 1912, págs. 280 y 281. De ese mismo artículo, que fue una Conferencia o I,ección dada en la Semana de Etnología Religiosa de Lovaina (31 de Agosto de 1912), tomaremos algunos datos, que aducimos aquí.
58. Acerca de las diferentes clases de Ordalias entre los no civilizados, y de su valor moral-religioso, véase A. Bros, La religion des peuples non civilisés, edición citada, pág. 45, nota 2, y págs. 125 y 126.
59. Citado por Lemonnyer, págs. 283 y 284, de la Revue du Clergé français, antes señalada.
