60. Le Roy, La religion des primitifs, pág. 213; véase también pág. 258, en donde hace ver que las confusiones en esta materia se deben a tomar por religión primitiva el naturismo y el animismo, de los que indudablemente no procede la Moral; la influencia de los espíritus malos, a los que algunos, como el abate Bros, llaman «dioses», muy impropiamente, no puede menos de ser funesta para la conducta; pero ésos no pertenecen a la Religión, sino a la Magia (véase pág. 212).
En general, diremos que en las religiones paganas el sentimiento de lo divino, que es su fondo común, no toma, a la manera que en el Cristianismo, el carácter de imitación de la vida divina; se reduce a recibir preceptos y a esperar la recompensa o el castigo. En cuanto a la Mitología que acompaña a esas religiones, bien conocida es la influencia, casi siempre nefasta, de los ejemplos que en ella se ofrecen; pero lo que el fanatismo religioso imponía de inmoral en algunos actos del culto no se tomaba como norma de vida en el seno de la sociedad, mayormente en la familia. (Véase el origen de los mitos obscenos en Lagrange, obra citada, páginas 36 y 40.)
61. La palabra tabú deriva de la palabra ta, que significa señalado, y de bu, que es un adverbio de intensidad; equivale, pues, a señalado fuertemente, porque señala los seres, objetos, lugares, palabras y actos sagrados, o sea, sustraídos al uso común, es decir, prohibidos, por oposición a las demás cosas que pueden ser tocadas, miradas, dichas o hechas libremente, es decir, que son permitidas. -Tabús son, pues, el conjunto de prohibiciones religiosas cuya infracción va seguida de un castigo; su carácter es el inspirar temor, temor a lo sobrenatural; se diría mejor que es un imperativo categórico que se impone al espíritu humano, sin que él sepa siempre la causa. (Véase Lagrange, Études..., págs. 152 y 153.)
62. En el tomo I de Culles, Mythes et Religions decía: «Es un [55] conjunto de frenos espirituales que restringen la actividad y la brutalidad del hombre» (pág. 27); el pensamiento es idéntico en una y otra parte.
63. V. pág. 31.
64. V. Revue de Philosophie, septiembre y Octubre de 1911, artículo del P. Noble, «L'Évolution des États affectifs», páginas 281-316
65. ¿Cómo se forma el hombre primitivo este concepto? Mons. Le Roy, perspicaz observador de sus costumbres, describe así la filosofía de esos hombres: «El niño, cuando no se siente en cosa suya, se muestra primero tímido y reservado. Lo mismo ocurre al animal, y no sólo al doméstico, como el perro, sino a los salvajes. Cuando el leopardo es sorprendido en el recinto que alberga el rebaño, su primer movimiento es de escapar, como un ladrón sorprendido en flagrante delito de robo. Ahora bien, un sentimiento semejante se nota en el fondo del alma del primitivo en presencia de la Naturaleza; esos bosques profundos, silenciosos, sombríos, llenos de misterio; esas montañas majestuosas por donde pasan y repasan las nubes; esos llanos inmensos; esos libres rebaños de bestias; esos árboles, esas flores, esos frutos, esas aguas, todo este mundo, en fin, ¿de quién es?...
«Yo preguntaba un día a un jefe a quién, en su tribu, pertenecía la tierra. «¿La tierra?, me respondió con un gesto de extrañeza. ¿De quién es el aire? ¿de quién es el agua? ¿de quién la luz? A Aquel sólo pertenece la tierra.» Y me señalaba al cielo... (páginas 85 y 86).
»El primitivo se encuentra introducido en este mundo sin saber mucho ni cómo, ni por quién, ni por qué; él ha marchado y marcha en un dominio que le parece libremente abierto, y en él encuentra muchas cosas que apetece... Pero todo esto no es él, sin embargo, quien lo ha hecho; él no es su propietario; no tendría razón en disponer de ello como amo; y esto que la Naturaleza le presenta así, ¿no es una especie de cebo puesto al alcance de su mano para tentarle mejor?
»¿Quién sabe? -He aquí, por ejemplo, un árbol cubierto de frutos; prueba uno, le encuentra bueno, le come, y, alentado por la experiencia, toma los otros; éste es un fruto permitido. El día siguiente descubre otro árbol; confiado por la comida de la víspera toma otro fruto; pero éste no tiene el mismo gusto y le pone atrozmente enfermo; evidentemente éste era un fruto prohibido. No lo olvidará, y para evitar a sus hijos la misma contrariedad, tal vez la misma falta respecto del Dueño oculto de la Creación, se lo prohibirá: «Este fruto, hijos míos, es para nosotros un fruto prohibido; no tocaréis a él.» (La religion des primitifs, págs. 223 y 224.)
66. Quelques remarques sur l'Orpheus de M, Salomon Reinach, pág. 11; París, Lecoffre, 1910.
67. Véase Chantepie de la Saussayé, Manuel d'Histoire des Religions, pág. 49; París, A. Colin, 1904. -J Huby, Christus: Manuel d'Histoire des Religions, pág- 117 y 118; París, Beauchesne, 1912.
68. Véase Ch. F. Aiken, Boudhisme et Christianisme, páginas 10-16; traducido del inglés por el abate Collin; París, Lethielleux. -La pureza y elevación de muchas máximas morales del brahmanismo van unidas al sentimiento de la unión de Dios con el hombre, que se recuerda con frecuencia en Las leyes de Manu: «Nadie nos ve, dicen los pecadores en su corazón.¡Error! Los dioses los ven, así como el espíritu omnisciente que habita en su pecho. Tú piensas, oh amigo mío: «Yo estoy solo»; pero dentro de ti reside un ser que ve todos tus actos y conoce tu malicia y tu bondad.» Citado, con otros muchos textos dignos de admiración, en la obra dicha, pág. 46. -Véase todo el cap. III.- Véase también, Christus: Manuel d'Histoire des Religions, págs. 240-258, por J. Huby; Chantepie de la Saussaye, Manuel d Histoire des Religions, págs. 343-346; traducción de Hubert y Lévy.
69. Broglie, La morale sans Dieu, págs. 26 y 27; París, 1903.
