70. Chantepie de la Saussaye, ob. cit., pág. 369. Véase también Christus, págs. 258-296. -No ignoramos que la cuestión del budismo es una de las más arduas de esclarecer; pero no creemos que la índole de este libro nos consienta otra cosa que emitir nuestro juicio, sin entrar en las discusiones que puede suscitar. Las obras de Oldenberg, El Buda y La Religión del Veda, contienen enseñanzas de primer orden; pero los textos admiten y aun reclaman a veces otra interpretación que la del autor de aquéllos; como agudamente observa un indianista tan competente como Vallée Poussin, el concepto distinto que se tiene de la Religión influye en el juicio que se pronuncia sobre el valor de los dioses védicos y búdicos y de su influencia en la vida moral; aunque no sea menos verdad que la divergencia siempre existiría en un caso como en el presente, porque la multiplicidad de textos, nada armónicos entre sí, la produce hasta en los mismos budistas. Pueden verse indicaciones sumarias sobre lo dicho, en el Mouvement Sociologique, publicado por la Sociedad Belga de Sociología, año IV, fascículo 1.º, págs. 16-21.
Conviene también observar que el budismo no fue nunca en [67] la India una religión universal que suplantara al brahmanismo; como dice Vallée Poussin, para los laicos no pasó de una «devoción particular, a veces exigente, que se superpone a los deberes de la casta, todos penetrados de la religión común», aunque en alguna época y en alguna región llegara a ser exclusivamente la religión de todos. (Christus, pág. 238.)
71. Chantepie de la Saussaye, ob. cit., pág. 467. -Véase también el Christus, cap. V, en donde se determinan las diversas fases de la religión de la Persia con los distintos elementos morales que en cada una de ellas se encuentran. Por no creerlo necesario para nuestro propósito, hemos prescindido de hacer esa separación, y por evitar el tecnicismo; por esto hemos conservado también el nombre tradicional de Ormuz.
72. Christus: Manuel d'Histoire des Religions, cap. XI; en especial, [70] págs. 487-495. -Chantepie de la Saussaye, págs 106 y 107, 118 y 119. -Véase también Dufourq, Histoire comparée des religions païennes et de la religion juive, págs. 43-50; 3.ª edición, París, Bloud, 1908. -Puesto que Dufourq menciona la inscripción de la sexta dinastía, bien será advertir que en ella se encuentran fragmentos de la confesión negativa: «Yo seré juzgado por el Dios grande.. Yo no he mentido...»; lo que prueba que la idea de sanción no era desconocida de los egipcios primitivos, en contra de lo que creían muchos egiptólogos.
73. P. Dhorme, La religion assyro-babylonienne, págs. 211-241; París, Lecoffre, 1910. -La Loi morale. -Véase también Christus, cap. XII.-Chantepie de la Saussaye, cap. VI. Lagrange, Etudes..., Cap. XII.
74. Lagrange, Revue Biblique, pág. 50; 1903. -No debemos ocultar que en algunos casos la religión sancionaba las depravaciones morales del sacrificio de la virginidad y otras prácticas impuras. Esas caídas de la humanidad se encuentran, u otras de diversa índole, donde no resplandece la luz de la única verdadera revelación divina.
75. Delvolve, Rationalisme et tradition, pág. 47; París, Alcan, 1910.-Sobre el carácter religioso de la moral griega véase la obra de Broglie La Morale sans Dieu, págs. 34-51, que, si tal vez exagera el alcance de algunas ideas, en el fondo nos parece muy acertado. Consúltese la obra tantas veces citada de Chantepie de la Saussaye, cap. XII, para Grecia, y XIII, para Roma, como igualmente el Manual Christus, caps. VII y VIII.
76. Études de morale positive, pág. 65; París, Alcan, 1907.
77. Bulletin de la Société Française de Philosophie, año VI, páginas 25 y 26.
78. Année sociologique, t. II, pág. V, nota 1.
79. Lug. cit., pág. 126.
