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1

De los nombres de Cristo, ed. de Cristóbal Cuevas, Cátedra, Madrid, pp. 463-464 (también modernizo las grafías). Como muy bien advierte el editor, «la imagen de la Divinidad como Sol irradiante que todo lo ilumina tiene una larga tradición en la literatura espiritual; ya en el Pseudo Dionisio se expresa claramente...» (ibid.); se refiere al pasaje citado, supra, en el capítulo I (cf. mi artículo «Los platónicos Nombres de fray Luis de León», Anuari de Filologia, XV [1992], pp. 83-107; J. Lara Garrido, op. cit., pp. 86-92 y passim; véase la nota 1 del capítulo VII).

 

2

La perfecta casada, capítulo XVII (ed. de Félix García, I, pp. 348-349); para los antecedentes del motivo de la «figuración» del rostro del amado, véase F. Mancini, La figura nel cuore..., passim; véase también Ana Castaño Navarro, «La maternidad de Cristo en Los nombres de Cristo: el tema en textos anteriores y la formulación de fray Luis de León», Medievalia, IX (1991), pp. 18-26.

 

3

Cito por mi edición de la Poesía completa, Taurus, Madrid, 1990, p. 96. Véase Francisco García Lorca, De fray Luis a San Juan. La escondida senda, Castalia, Madrid, 1972.

 

4

No sería impensable que para describir el proceso hubiese tenido presente fray Luis el célebre pasaje de las Confesiones (IX, x, 23-25) en que San Agustín, junto con su madre, «recorrimos gradualmente todos los seres corpóreos, hasta el mismo cielo... Y subimos todavía más arriba... y llegamos hasta nuestras almas y las pasamos también, a fin de llegar a la región de la abundancia indeficiente, en donde tú apacientas a Israel eternamente con el pasto de la verdad...» (IX, x, 24). No sólo lo digo por la coincidencia temática, sino porque dicha regio ubertatis indeficientis agustiniana se parece mucho al «alma región luciente» con que empieza el poema; asimismo, el Pastor que encuentran en dicha región madre e hijo coincide con el «Pastor y pasto él solo» (v. 20) «de su hato ceñido» (v. 24).

 

5

Subida del Monte Carmelo, 3, 5, 2; en Obras, p. 566 b.

 

6

Lo indica Jean Daniélou: «c'est qu'aucune des choses qui tombent sous les sens ne subsiste réellement, hors de l'Être transcendant. L'être veritablement réel, c'est celui qui est immuable. Nous sommes ici en plein platonisme» (Platonisme et théologie mystique, Montaigne, Aubier, 19532, p. 32); para las derivaciones neoplatónicas, véase E. Maio, op. cit. pp. 97 ss.

 

7

Se refiere a Conf., VII, x, 16; véase simplemente P. Courcelle, «Tradition néoplatonicienne et tradition chrétienne de la "région de dissemblance"», Archives d'Histoire Doctrinale et Littéraire du Moyen Âge, XXXII (1957), pp. 5-33; el motivo pasa especialmente a través de Plotino, En., I, VIII, 13. El texto de fray Luis de Granada es del Libro de la oración y contemplación, en Obras, ed. Justo Cuervo, Gómez Fuentenebro, Madrid, 1906, II, pp. 28-29.

 

8

Son palabras de Joaquín Maristany, «Un curso inédito de 1569 de fray Luis de León sobre la Eucaristía», en C. Morón y M. Revuelta, eds., Fray Luis de León. Aproximaciones a su vida y su obra, y Sociedad Menéndez Pelayo, Santander, 1989, pp. 95-133, esp. 126-127; trae luego algunas frases de la Exposición de Job, que, según él, «está... transida de una esperanza inmanente de velada resurrección corporal. No puede dejar Dios que perezca la materia criada, ya que es originariamente la Naturaleza Humana del Hijo» (p. 128); ni que decirse tiene que el «curso inédito» incluido en el título del trabajo se refiere a lo mismo y, según él, depende del De naturali cum Christo unitate, de Francisco de Mendoza y Bobadilla, cuyas tres assertiones son muy claras: primera: «... nos per dignam corporis et sanguinis Christi sumptionem non tantum fidei et dilectione Christo ut Deo uniri, sed veram quandam et natualem unitatem cum eo ut nomine etiam consequi»; segunda: «... et quoniam horum nexuum uterque per naturam carnis est, non per solam coniunctionem voluntatem idcirco inter nos et Christum naturalis quaedam unitas est»; tercera: «Sequitur etiam Ecclesiam Christi sponsam quae corpus eius mysticum dicitur et ex fidelibus tamquam membris constat, praeter spiritualem unitatem quam fides et dilectio praestat, non carere vera naturalique cum Christo capite unitate mediantibus singulis quibusque suis membris» (fol. 88, apud Maristany, p. 111, la cursiva es suya); apunta el estudioso que acarrea a cuantos Padres griegos «ven la incoporación eucarística y el cuerpo eclesial... desde el paradigma de la Encarnación», pero «no se trata de un burdo materialismo, pues se desglosa el corpus triforme en "cuerpo histórico", "cuerpo glorioso" y "cuerpo eucarístico"» (ibid.); cf. Oreste Macrí, ed., Fray Luis de León, Poesías, Crítica, Barcelona, 1982, pp. 109-115; C. P. Thompson, The Strife of Tongues. Fray Luis de León and the Golden Age of Spain, University Press, Cambridge, 1988, pp. 172-176; David J. Hildner, Poetry and Truth in the Spanish Works of Fray Luis de León, Támesis, Londres, 1992, pp. 41-71.

 

9

Que reelaborará posteriormente en De los nombres de Cristo, «Pimpollo», en ocasión del hablar del reparto de bienes: «¿qué bienes o qué comunicación dellos fue aquella a quien como blanco enderezó Dios todo el oficio desta obra suya?... La Escuela [o sea, la teología escolástica] los suele reducir a tres géneros: a naturaleza y a gracia y a unión personal. A la naturaleza pertenescen los bienes con que se nasce, a la gracia pertenescen aquellos que, después de nascidos, nos añade Dios: el bien de la unión personal es haber juntado Dios en Jesuchristo su persona con nuestra naturaleza» (ed. cit., pp. 177-178).

 

10

De incarnatione tractatus, en Opera, ed. cit., tomo IV, 1893, pp. 25-26, la cursiva es mía. Son las lecciones del curso 1566-1567, a partir del comentario de Durando a Pedro Lombardo. No se olvide que fray Luis no fue catedrático de Biblia hasta 1579; desde 1561 hasta 1572 (su ingreso en prisión) regentó respectivamente las cátedras de Santo Tomás y Durando (esta, desde 1565); de esta época y actividad conservamos cuatro de los siete volúmenes de sus Opera latinas, a partir de las auctoritates jerárquicamente establecidas por Melchor Cano en su De locis theologicis.

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