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Fuentes gauchescas textuales del «Martín Fierro»: Ascasubi, verdadero precursor de Hernández

Giovanni Meo Zilio





Jorge Luis Borges, en su El «Martín Fierro», Buenos Aires 1953, p. 16, afirmó que de los poetas que «han sido llamados precursores de Hernández», con excepción del uruguayo Antonio Lussich, «en verdad ninguno lo fue salvo por el común propósito de hacer hablar a gauchos con entonación o léxico campesino» (cito de la ed. de 1965). Se refería Borges al uruguayo Bartolomé Hidalgo y a los argentinos Hilario Ascasubi y Estanislao del Campo. Con todo, en la p. 14, al hablar del tono de Ascasubi, había dicho que «este rasgo [...] prefigura ciertas crudezas del Martín Fierro». Sucesivamente, en el Prólogo de su Poesía Gauchesca, 1 (en colaboración con Adolfo Bioy Casares), publicada en B. Aires el año siguiente, agregó que Hidalgo tiene «una voz mesurada y viril, una voz honesta y antigua, que no volveremos a oír hasta el Martín Fierro». Son sus dos únicas alusiones a cierta afinidad entre Hidalgo y Ascasubi, por un lado, y José Hernández por el otro. En cambio, en lo que respecta a Antonio Lussich, lo considera «muy precisamente precursor de Hernández (El «Martín Fierro» cit., p. 16) y cita un par de pasajes que «anticipan, casi verbalmente, el Martín Fierro» (ibid., 17).

Ahora bien, dejando a un lado, en esta sede, el problema de la indiscutible influencia de Lussich en Hernández, veamos aquí cómo la observación de Borges, si bien puede aplicarse, grosso modo, a Hidalgo y del Campo, me parece que no es aplicable a Ascasubi. Digo grosso modo porque también en aquéllos se pueden encontrar sueltas, acá y allá, algunas evidentes coincidencias y hasta identidades no sólo léxicas sino también de imágenes y situaciones contextuales. He aquí un par de ejemplos sintomáticos para cada uno de ellos (cito de Poesía Gauchesca cit., I y II, y de El gaucho Martín Fierro, edic. por Santiago M. Lugones, Buenos Aires, Centurión, 1948). [Los subrayados son míos].

HIDALGO


Nos golpiamos en la boca
y ya nos entreveramos;
y a éste quiero, a éste no quiero
los juimos arrinconando


(I, p. 19)                


HERNÁNDEZ


Y golpiándose en la boca
Hicieron fila adelante
[...]
Hicieron el entrevero
Y en aquella mescolanza
Este quiero, éste no quiero,
Nos escogían con la lanza


(Ida, vv. 545-64).                


Los elementos idénticos son: «nos golpiamos en la boca» y «golpiándose en la boca»; «(nos) entreveramos» y «(hicieron) el entrevero»; «a éste quiero, a éste no quiero» y «éste quiero, éste no quiero». Aquí Hernández, frente a Hidalgo, realiza una condensación y dramatización de la imagen puesto que, mientras en aquél la acción descrita es la de arriconar uno por uno a los enemigos para matarlos, en éste es la de escogerlos uno por uno con la lanza, matándolos en el mismo momento que se los escoge.

HIDALGO


Mi asunto es un poco largo;
para algunos será alegre,
y para otros será amargo


(I, p. 3).                


HERNÁNDEZ


Y si llegan a escuchar
lo que explicaré a mi modo
Digo que no han de réir todos
Algunos han de llorar»


(Vuelta, vv. 234 ss.).                


Elementos equivalentes: «mi asunto» y «lo que explicaré a mi modo»; «alegre» y «réir»; «amargo» y «llorar». Poco más adelante, Hernández volverá a utilizar el mismo patrón formal (léxico-sintáctico-rítmico) y dirá: «Digo que mis cantos son / Para los unos [...] sonido / Y para otros [...] intención» (vv. 2374-6) en donde, con relación al modelo de Hidalgo, los elementos idénticos son: «para algunos (será)» y «(son) para los unos»; «para otros (será)» y «para otros»; los elementos equivalentes son «mi asunto» y «mis cantos»; los elementos análogos son «alegre» y «sonido»: «amargo» e «intención». En este caso, en Hernández se produce un desdoblamiento de la imagen sintética de Ascasubi derivándose, de una única, dos totalidades icónicas consecutivas: en la primera prevalece el contenido eidético de la de Ascasubi y en la segunda su modelo formal, su patrón sintáctico y fonorrítmico. Es un fenómeno de análisis frente a la síntesis ascasubiana.

DEL CAMPO


Tome el frasco, priendalé [...]
Sirvasé no más, cuñao.


(II, p. 326).                


DEL CAMPO


Y me alargó un medio frasco
Diciendo: «Beba cuñao


(Ida, vv. 1290-1).                


Elementos idénticos: «frasco»; «cuñao». Elementos equiv.: «tome» y «me alargó»; «sirvasé» y «beba». Aquí se produce, en la imagen hernandiana, una teatralización, una gestualización, frente a la de Del Campo, puesto que, en ésta, tan sólo está implícito el gesto de entregar el frasco («tome») para que el otro beba, mientras que en aquélla el gesto («me alargó») se halla explícito1.

DEL CAMPO


Que más que tengan cañones
con más rayas que el cotín


(II, p. 337).                


HERNÁNDEZ


que tráiba unos cañones
Con más rayas que un cotín


(Ida, vv. 957-8)                


Elementos equivalentes: «sin consuelo» y «afligida»; «recién nacido» y «tierna criatura». Elemento análogo: «chamuscao» y «degolló». La escena también es análoga, que se comparan las rayas internas de los cañones modernos con las de la tradicional tela para colchones, Hernández se diferencia de Del Campo tan sólo por la indeterminación del substantivo («un cotín») frente a la determinación ascasubiana («el cotín»). En suma, en éste hay una imagen más puntual, mientras que en aquél la hay más difuminada.

Si prescindimos de Hidalgo y Del Campo (cuya influencia en Hernández puede considerarse esporádica y ocasional) y pasamos a examinar ahora a Hilario Ascasubi, encontramos tales y tantas analogías y coincidencias que no pueden ser casuales.

A los efectos de nuestra documentación aquí dejaremos a un lado las coincidencias tan sólo léxicas o fraseológicas, o los juegos de palabras picarescos que pueden considerarse como tópicos o peculiares del lenguaje gauchesco y que estarían difundidos en el habla de las plebes rurales (y hasta urbanas) de la época, puesto que, para ellos, no es posible diferenciar lo que Hernández pudo haber tomado directamente del lenguaje popular de lo que pudo haber tomado por intermedio de sus antecesores gauchescos. Nos limitamos, pues, a registrar aquellas coincidencias y analogías en las que el elemento idéntico común sea, a la vez, léxico, eidético y situacional (contextual): en las que, por lo tanto, el grado de afinidad pueda considerarse como máximo. En nuestro registro seguimos el mismo orden de sucesión de los distintos pasajes en la obra de Ascasubi según la edición citada.

ASCASUBI


Le crucé los dos cachetes
con un tajo de mi flor.
[...]
entonces salí a la calle,
y atrás de mí se largó
el pulpero, dando gritos


(I, p. 49).                


HERNÁNDEZ


Lo dejé mostrando el sebo
De un revés con el facón.
[...] Y el pulpero pegó el grito,
Ya pa el palenque salí


(Ida, vv. 1305-11).                


Dentro de la analogía del contexto los elementos idénticos comunes son «salí (a la calle)» y «(pa el palenque) salí»; «El pulpero dando gritos» y «el pulpero pegó el grito». Los elementos equivalentes son: «Le crucé los dos cachetes / con un tajo de mi flor» y «Lo dejé mostrando el sebo / De un revés con el facón».

ASCASUBI


Y en medio de los tizones
hecho chicharrón Antero
y el pobre recién nacido
[...]
y entró a llorar sin consuelo
al ver su hijo chamuscao


(I, pp. 67-68).                


HERNÁNDEZ


Llora la pobre afligida;
Pero el indio en su rigor
Le arrebató con furor
Al hijo de entre sus brazos
[...]
A su tierna creatura
Se la degolló a los pies


(Vuelta, vv. 3403-20).                


Elementos idénticos: «(entró a) llorar» y «llora (la pobre)»; «su hijo» y «al hijo». Elementos equivalentes: «sin consuelo» y «afligida»; «recién nacido» y «tierna criatura». Elemento análogo: «chamuscao» y «degolló». La escena también es análoga; sólo que, en uno, el niñito blanco es degollado por el indio y, en el otro, es quemado. Podemos decir, pues, que en Hernández hallamos una intensificación y dramatización de la imagen con respecto a Ascasubi.

ASCASUBI


¡Qué hachazo!, ¡barbaridá!,
medio a medio lo partió
Y áhi no más como maletas
sobre el pingo lo dejó


(I, p. 223).                


HERNÁNDEZ


Áhi quedaban largo a largo
Los que estiraron la jeta;
Otro iba como maleta


(Ida, vv. 1639-41).                


La situación es la misma: se trata del cadáver del adversario dejado colgando del lomo del caballo como si fuera maleta. El elemento idéntico es: «como maleta(s)». Los elementos equiv. son: «lo partió» y «estiraron la jeta» ("fueron muertos"); «lo dejó» y «quedaban». Los elementos análogos desde el punto de vista formal (aunque no semántico) son «medio a medio» y «largo a largo».

ASCASUBI


Desde entonces, creamé,
ni de mi gaucha sé nada,
pues la dejé abandonada
con cuatro criaturitas,
mis ovejas y vaquitas
mi tropilla y mi manada.
Oiga no más mis lamentos


(I, p. 223).                


HERNÁNDEZ


Puedo asegurar que el llanto
[...]
largué
[...]
Al dirme dejé la hacienda
Que era todito mi haber,
[...]
Los pobrecitos muchachos
[...]
Si eran como los pichones
Sin acabar de emplumar!
[...]
Y la pobre mi mujer
Dios sabe cuanto sufrió.
Me dicen que se voló
[...]
Sin duda a buscar el pan
Que no podía darle yo,
[...]
Talvez no te vuelva a ver,
Prenda de mi corazón!


(Ida, vv. 1017-63).                


Elem. equiv. «Desde entonces [...] ni de mi gaucha sé nada» y «Talvez no te vuelva a ver, prenda de mi corazón»; «la dejé abandonada» y «se voló [...] a buscar el pan que no podía darle yo»; «cuatro criaturitas» y «pobrecitos muchachos [...] sin acabar de emplumar»; «mis ovejas y vaquitas, mi tropilla y mi manada» y «la hacienda que era todito mi haber»; «mis lamentos» y «el llanto largué».

ASCASUBI


Luego, en los brazos del sueño
los sentidos entregó
[...] batiendo el gallo las alas
la media noche cantó»


(I, p. 331);                



«antes del alba siguiente
[...]
cuando ya lúcidamente
venía clariando el cielo
la luz de la madrugada
y las gallinas al vuelo
se dejaban cáir al suelo
[...]
Al tiempo que la naciente
rosada aurora del día,
ansí que su luz subía
[...] nacía con la mañana
brillantísimo el lucero
[...]
. Y también las golondrinas
[...]
festejaban los albores
de la nueva madrugada;
y cantando sin cesar
todo el pago alborotaban
[...]
y entonces da gozo el ver
los gauchos sobre la loma
al campiar y recoger;
y se veían alegrones
[...]
y sus caballos saltando
fogosos [...]
y los potros relinchaban
[...]
y allá lejos encelaos los baguales contestaban
todos desasosegaos


(I, pp. 331-4).                


HERNÁNDEZ


Entonces, cuando el lucero
Brillaba en el cielo santo,
Y los gallos con su canto
Nos decían que el día llegaba
[...]
Y apenas la madrugada
Empezaba a coloriar,
Los pájaros a cantar
Y las gallinas a apiarse
[...],
Este se ata las espuelas,
Se sale el otro cantando
[...]
Y los pingos relinchando
Los llaman desde el palenque
[...]
¡Ah, tiempos! ... si era un orgullo
Ver jinetiar un paisano
[...]
Otros al campo salían
Y la hacienda recogían
[...]
Y ansí sin sentir pasaban
Entretenidos el día.
[...]
Era cosa superior
Irse en brazos del amor
A dormir como la gente
[...]
¡Ricuerdo! ¡qué maravilla!
Cómo andaba la gauchada
Siempre alegre y bien montada


(Ida, vv. 138-207).                


Elementos idénticos: «el gallo [...] cantó» y «los gallos con su canto»; «el cielo»; «la madrugada»; «las gallinas»; «brillantísimo el lucero» y «el lucero brillaba»; «cantando» y «cantar». Elementos equivalentes: «(las gallinas) se dejaban caír al suelo» y «(las gallinas) [empegaban] a apiarse»; «la naciente rosada aurora del día» y «la madrugada empezaba a coloriar»; «las golondrinas» y «los pájaros»; «da gozo el ver los gauchos sobre la loma» y «era un orgullo / Ver jinetiar un paisano»; «al campiar y recoger» y «al campo salían y la hacienda recogían»; «y los potros relinchaban [...] y allá lejos [...] los baguales contestaban» y «y los pingos relinchando los llamaban desde el palenque». Elementos análogos: «Y (los gauchos) se veían alegrones [...] y sus caballos saltando fogosos» y «Como andaba la gauchada, siempre alegre y bien montada».

ASCASUBI


Y atrás de esas madrigueras
que los salvajes espantan
campo ajuera se levantan,
como nubes polvaderas
preñadas todas enteras
de pampas desmelenaos,
que al trote largo apuraos,
sobre sus potros tendidos
cargan pegando alaridos [...]
y se pintan de manera
que horrorizan de fierazos
[...]
Viene la mancarronada
cargando la toldería,
y también la chinería
hasta de a tres enancada
[...]
los pueblos hechos pavesas
dejan entre otros horrores
y no entienden de clamores, porque ciegos atropellan.
Y ansí forzan y degüellan
niños, ancianos, y mozos
pues como tigres rabiosos
en ferocidá descuellan
[...]
y luego a la repartida
ningún cacique atropella


(I, p. 341-2).                


HERNÁNDEZ


Naides le pida perdones
Al indio
Pues donde dentra
Roba y mata cuanto encuentra
Y quema las poblaciones.
No salvan de su juror
Ni los pobres angelitos
Viejos, mozos y chiquitos
Los mata del mesmo modo
[...]
Tiemblan las carnes al verlo
Volando al viento la cerda
[...]
Hace trotiadas tremendas»


(Ida, vv. 477-493)                



«Se vinieron en tropel
Haciendo temblar la tierra
[...]
¡Qué vocerío! que barullo!
¡Qué apurar esa carrera!
La indiada todita entera
Dando alaridos cargó»


(ib., 552-6).                



«tendido en el costillar»
[...]


(ib. 547-583).                


Elementos idénticos: «todas enteras» y «todita entera»; «al trote (largo apuraos)» y «trotiadas (tremendas)»; «(sobre sus potros) tendidos» y «tendido (en el costillar)»; «cargan (pegando) alaridos» y «(dando) alaridos cargó»; «los pueblos (hechos pavesas)» y «(quema) las poblaciones»; «degüellan niños, ancianos y mozos» y «(viejos) mozos (y chiquitos los mata)». Elementos equivalentes: «salvajes» e «indio»; «(pampas) desmelenaos» y «volando al viento la cerda»; «horrorizan de fierazos» y «tiemblan las carnes al verlo»; «no entiende de clamores» y «Naides le pida perdones»; «ciegos atropellan» y «no salvan de su juror». Elementos análogos: «campo ajuera se levantan / [...] polvaderas / preñadas [...] de pampas» y «se vinieron en tropel haciendo temblar la tierra». La primera estrofa del pasaje de Ascasubi mencionado ha sido citada también por Borges y Bioy Casares2 pero sin relacionarla con el pasaje correspondiente del Martín Fierro. En cuanto a «viene la mancarronada / Cargando la toldería / y también la chinería [...]» de Ascasubi, en La Vuelta de Hernández hallaremos también una imagen análoga: «Vuelven las chinas cargadas con las prendas en montón» (vv. 2935-6). Lo mismo en lo que respeta a «y luego a la repartida / ningún cacique atropella» que halla su correspondiente análogo en «Antes que ninguno elija / Empieza con todo empeño / [...] A hacerse la repartija / Se reparten el botín / con igualdad [...] / Sólo en esto se somete / a una regla justicia» (ib., vv. 2949-58). En los dos últimos casos nos encontramos, pues, ante un fenómeno de analogía no por contigüedad sino a distancia (¡y a distancia de años!), debido (si no es casual) a la asombrosa memoria poética de Hernández.

ASCASUBI


La partida allí mesmito
hizo alto y se desmontó
[...] pues notó
que hacían ruído en la marcha
[...]
sables vainas de latón
[...]
A ese mesmo tiempo
un tigre
allí muy cerca bramó
[...]
y echándose sobre el pasto
de medio lao, afirmó
la oreja izquierda en el suelo
[...]
dijo: -Es un jinete solo»


(I, pp. 402-4).                


HERNÁNDEZ


Cuando el grito del chajá
Me hizo parar las orejas
Como lumbriz me pegué
Al suelo para escuchar
[...]
Y que eran muchos jinetes conocí sin vacilar
[...]
Y ya escuché sin tardanza
Como el ruído de un latón»


(Ida, vv. 1473-86);                



«Pero no aguardaron más y se apiaron en montón»


(ib. vv. 1573-8).                


Elementos idénticos: «(notó que hacían) ruído [...] de latón» y (escuché ... como) el ruído de un latón»; «(afirmó) la oreja [...] en el suelo» y «(me hizo parar) las orejas [...] al suelo»; «(dijo): -Es (un) jinete (solo)» y «(que) eran (muchos) jinetes (conocí)». Elementos equivalentes: «la partida [...] se desmontó» y «se apiaron en montón». Elementos análogos: «un tigre [...] bramó» y «el grito del chajá»; «echándose sobre el pasto, / de medio lao» y «come lumbriz me pegué / al suelo».

ASCASUBI


Virgen santa del Luján
¡madre de Dios soberano!
[...]
y vos también, madre mía
y señora del Rosario:
[...]
Dénmele a mi pecho voces
y expresiones a mis labios,
ahora al fin que explicar debo
los prodigiosos milagros
[...]
¡Señor de la Redención
[...]
yo, mal coplero y negado
a causa de la inorancia
que illuminéis mi memoria,
Dios mío os pido postrado; y también que a mis palabras
de expresivas les deis algo
porque no podré explicarme sino como un rudo gaucho
ahora que [...]
voy a contar los milagros


(I, pp. 587-8).                


HERNÁNDEZ


Pido a los santos del cielo
Que ayuden mi pensamiento
Les pido en este momento
Que voy a cantar mi historia,
Me refresquen la memoria
[...]
Vengan santos milagrosos
[...] que la lengua se me añuda
[...]
Pido a mi Dios que me asista
En una ocasión tan ruda
[...]
Que no se trabe mi lengua
Ni me falte la palabra
[...]
Yo no soy cantor letrao
[...]


(Ida, vv. 7-49).                


Elementos idénticos: «(virgen) santa (de Luján)» y «los santos (del cielo)»; «(Que iluminéis) mi memoria [...] os pido» y «Les pido [...] (me refresquen) la memoria»; «(sino como un) rudo (gaucho)» y «en una ocasión tan ruda»; «(que a mis) palabras / (de expresivas les deis algo)» y «(ni me falte) la palabra». Elementos equivalentes: «Dénmele [...] expresiones a mis labios» y «Que no se trabe mi lengua»; «yo, mal coplero [...] / a causa de la inorancia» y «yo no soy cantor letrao»; «voy a cantar los milagros» y «voy a cantar mi historia».

En lo que respecta a la invocación a la «Virgen santa (de Luján)», de Ascasubi, encontraremos, en cambio, un agradecimiento en La Vuelta de Hernández: «Gracias le doy a la Virgen / [...] / Porque entre tanto rigor / [...] No perdí mi amor al canto / Ni mi voz como cantor» (vv. 2353-8).

Los materiales verbales, eidéticos y contextuales que hemos presentado hasta aquí (y que representan una muestra significativa dentra del cotejo textual sistemático que hemos realizado en la entera obra de ambos autores) son suficientes para demostrar que el verdadero primer «precursor» del gran Hernández no fue Lussich, como lo juzgó Borges y como se vino repitiendo sucesivamente, sino que lo fue, efectivamente, Antonio Ascasubi. Por supuesto que no se pretende aquí agotar el tema sino simplemente replantear, en forma documentada y puntual, el problema historiográfico de las fuentes gauchescas del Martín Fierro, dejando por ahora a un lado el problema estilístico de cómo (esto es, con cuáles modalidades formales, con cuáles procedimientos estilemáticos) se realizó la imitación por parte de Hernández en determinados pasajes de su poema. De todos modos, podemos comprobar desde ahora, por los pasajes citados, que no se trata de mera imitación inerte sino de verdadera reinvención, a partir de los materiales dados, que aquél elabora a nivel altísimo reconstruyendo, a su manera, sub specie aeternitatis, los elementos eidéticos, verbales y fonomelódicos del modelo. En esto lo facilitó, paralelamente a su naturaleza poética y a sus específicas emociones intuicionales y estéticas, caso por caso, su prodigiosa memoria (y no tanto su monstruosa memoria mecánica, que conocemos por la biografía, cuanto su profunda memoria poética). Desde ahora podemos comprobar también que esta imitación-recreación tiende no sólo a la adopción (dentro de contextos análogos) de imágenes y materiales léxicos puntuales a nivel sintagmático, sino también a la de enteras constelaciones de elementos léxico-eidéticos que se hallan dentro de extensos pasajes orgánicos. Se desintegra, en suma, el modelo poético para reintegrarse inmediatamente en forma personalísima. Habrá que cotejar sistematicamente (siguiendo la huella trazada por Borges que se limitó a señalar la analogía de un par de pasajes sintomáticos) los textos de Antonio Lussich con el Martín Fierro antes a llegar a conclusiones definitivas y completas. Con todo, desde ya se puede adelantar que la influencia del uruguayo ha sido efectivamente importante aunque éste no representó su fuente primera. Por ahora podemos adelantar un hecho que parece curioso y que hasta hoy, que sepamos, no ha llamado la atención de la crítica: el hecho de que, mientras el argentino imitó (a su manera) al uruguayo, éste, en la segunda etapa de su producción poética, imitó a su vez (y s su manera) al primero. Es un caso de vaivén, de empatía y sincretismo poético, bastante insólito en la historia literaria de la época; habrá que profundizarlo.





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