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1

En el capítulo XLII de la Historia de la conquista de la Nueva España cuenta su sorpresa: «desde que llegamos a la gran plaza, que se dice el Tatelulco, como no habíamos visto tal cosa, quedamos admirados de la multitud de gente y mercaderías que en ella había y del gran concierto y regimiento que en todo tenían... cada género de mercaderías estaban por sí, y tenían situados y señalados sus asientos. Comencemos por los mercaderes de oro y de plata y piedras ricas y plumas y mantas y cosas labradas, y otras mercaderías de indios esclavos y esclavas... Luego estaban otros mercaderes que vendían ropa más basta y algodón y cosas de hilo torcido, y cacahuateros que vendían cacao, y de esta manera estaban cuantos géneros de mercaderías hay en toda la Nueva España, puesto por su concierto de la manera que hay en mi tierra, que es Medina del Campo, donde se hacen las ferias, que por cada calle están sus mercaderías, por sí». L a descripción completa es espléndida y llena de color. Tenía razón el viejo soldado: «Para qué gasto yo tantas palabras de lo que vendían en aquella gran plaza, porque es para no acabar».

 

2

«En tiempos de la conquista, Mitla era la sede del gran Vija-Tao, sumo sacerdote zapoteca..., pero lo más probable fuera que los zapotecas del valle de Oaxaca, a semejanza de la gran mayoría de las naciones indias de la época, participaran del arte mixteco» (MIGUEL COVARRUBIAS: Arte indígena de México y Centro América. México, 1961, p. 342; vid., también, la p. 174). Sobre Mitla se verán con fruto las bellas páginas de J. PIJOAN en Summa Artis, t. X, páginas 213-220. (Este autor se pregunta: «¿No será Mitla pura obra mixteca?»), página 213.)

 

3

No sin hondísima emoción se ve persistir el arte prehispánico en las nuevas formas de vida, y este sincretismo hace desgarradora la respuesta que lejos, en el altiplano, dieron los sabios y sacerdotes aztecas a los franciscanos venidos a Nueva España:


   Somos gente vulgar,
somos perecederos, somos mortales,
déjennos pues ya morir,
déjennos ya perecer,
puesto que ya nuestros dioses han muerto.


(MIGUEL LEÓN-PORTILLA: El reverso de la conquista. México, 1964, p. 25.)                


 

4

El atributo iconográfico del santo suele ser la espada con la que le dieron muerte, y así se representa en Mitla (cfr. LOUIS RÉAU: Iconographie de l'art chrétien, t. III, 3, París, 1959, p. 1039).

 

5

El desarrollo de la palabra «Castilla» en la lengua de los indios queres de Nuevo Méjico (RFE, XIX, 1932, pp. 261-277).

 

6

La palabra «Castilla» en la lengua de los indios hopis de Arizona (RFE, XXII, 1935, pp. 298-300).

 

7

RFE, XIX, 1932, p. 262.

 

8

Ibidem, p. 263.

 

9

A. Alonso, que recoge hechos paralelos, dice que en la literatura gaucha hay «algunos ejemplos» de este empleo, a partir de Ascasubi (Castellano, español, idioma nacional, 1.ª ed., p. 130).

 

10

Kahtilla es «la lengua española», tanto en Paraguay como en Bolivia (cfr. MARCOS A. MORINIGO: Hispanismos en el guaraní. Buenos Aires, 1931, página 304, núm. 803).

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