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11

Cfr. M. L. WAGNER: Lingua e dialetti dell'America spagnola. Firenze, 1949, pp. 161-163.

 

12

La voz significa, además, «español» e incluso «europeo» (W. E. RETANA: Diccionario de filipinismos. Nueva York-París, 1951, p. 73. Cito por la tirada aparte de la RHi, LI). El autor de este Diccionario consideraba castila como «el más noble, el más clásico, el más histórico de todos los filipinismos» (p. 10), y, según él, «no se concibe cómo no figura en el Diccionario. La Academia ha acogido ya el término».

 

13

A. CASTRO: Castilla la gentil. México, 1944, p. 11.

 

14

Testimonio del propio Espinosa en la RFE, XXII, 1935, p. 300. Creo que habrá que relacionar con el nombre de Castilla la designación del «trigo» en Michoacán (Méjico), ahtziri (vid. MATURINO GILBERTI: Diccionario de la lengua Tarasca o de Michoacán, ed. A. Peñafiel, México, 19ot, p. 502. La primera edición es de 1559). La pérdida de la k- apartaría el tratamiento tarasco de los que ha estudiado Espinosa.

 

15

Vid. M. ALVAR: Algunos aspectos fonéticos del español hablado en Oaxaca (México), § 8 (en prensa en la NRFH).

 

16

Cfr. JOSEPH MATLUCK: La pronunciación en el español del valle de México, 1951, p. 104, nota 348.

 

17

Para el proceso de adopción del castellano y su coexistencia con las lenguas indígenas, vid. A. TOVAR: «Español, lenguas generales, lenguas tribales en América del Sur», en Studia Philologica, Hom. a Dámaso Alonso, t. III, Madrid, 1963, pp. 509-525) y Los préstamos en matacoStrenae», Hom. a García Blanco, Salamanca, 1962, pp. 461-468).

 

18

Del mismo modo, en el reciente Diccionario de Americanismos, de MARCOS A. MORÍNIGO (Buenos Aires, 1966), se dice textualmente: «Castilla, F. Arg[entina], Par[a]g[uay] y Méx[ico]. El idioma español: Ella no habla la castilla» (p. 1310). Idénticos valor y construcción en FRANCISCO J. SANTAMARÍA: Diccionario general de americanismos (Méjico, 1942, p. 333b).

 

19

Disto mucho de poseer los medios para intentar una documentación exhaustiva. He puesto mi diligencia en búsquedas en las bibliotecas de Espacia y de Méjico. Los datos que siguen, creo, ayudarán a perfilar el problema.

 

20

De cachilla «trigo» y de hue «lugar, región». «Cachilla es corrupción de Castilla, de donde les vino a los araucanos el trigo» (FRANCISCO J. CAVADA: Diccionario manual isleño. Provincialismos de Chiloé (Chile). Santiago de Chile, 1921, p. 19b). Más tarde, otro lexicógrafo insiste, y amplía, en estas explicaciones: «cachilla: llámase así en el sur el trigo; cuando los conquistadores trajeron este cereal de su país, los mapuches lo distinguieron de su propio cereal, el maíz, uhua; denominándole uhua de Castilla, quedando con el correr del tiempo solamente el nombre de Castilla, mapuchizado en cachilla» (WALTERIO MEYER RUSCA: Voces indígenas del lenguaje popular sureño [de Chile]. Padre Las Casas, 1952, p. 16). Naturalmente, sólo se puede documentar un cambio semejante allí donde el trigo se introdujo. En Nueva Granada era desconocido todavía en 1788, cfr. Lenguas de América, t. I, Madrid, 1928 (Traducción de algunas voces de la lengua guama, pp. 388 y 393).

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