Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.
 

31

Las hetairas eran cortesanas de alto nivel, normalmente se trataba de mujeres cultas que eran famosas por su belleza y talentos musicales. La palabra significa literalmente «compañera» y con frecuencia estaban unidas a un único hombre de buena posición («Hetairai», 2009: 45). Aspasia no era griega y esa situación es crucial para entender su estatus como hetaira o compañera de Pericles, ya que no podía casarse con un ciudadano ateniense por su condición de extranjera.

 

32

Rivera Garretas define la querella como «[...] un complejo debate filosófico, político y literario que se desarrolló en Europa durante parte de la Edad Media y a lo largo de la Edad Moderna, hasta la Revolución Francesa, es decir, hasta finales del siglo XVIII. Fue un debate filosófico y político en el que se discutió y muchos trataron de demostrar la "inferioridad natural" de las mujeres y la "superioridad natural" de los hombres» (1996: 27).

 

33

El neologismo juega con la sustitución de la primera sílaba de la palabra «history» (historia) que coincide con el pronombre posesivo masculino aunque no existe ninguna vinculación etimológica, de esta forma se genera un juego de palabras que contrasta la idea de «su historia (de él)» a «su historia (de ella)». El término se acuña a finales de los años sesenta para articular una categoría crítica feminista frente a la historiografía tradicional.

 

34

Abellán comenta que el positivismo constituyó el caldo de cultivo del movimiento regeneracionista que parte de la idea de que la sociedad es un organismo vivo y, en el caso de España, estaba enfermo de forma que «[...] se busca la regeneración de la patria mediante los diagnósticos precisos que permite el incipiente desarrollo de las ciencias sociales: sociología, demografía, antropología, estadística» (1998: 91). Esta situación propicia el surgimiento de toda una literatura regeneracionista. En 1860 se publica la obra de Fernando Garrido La regeneración de España seguida de otros textos como Los males de la patria (1890) de Lucas Mallada o El problema nacional (1899) de Macías Picavea de forma que «[...] en los cincuenta años siguientes, todo un género literario se desarrollaría sobre el problema de España» (Álvarez Junco, 2001: 588). Es indispensable mencionar también la obra Oligarquía y caciquismo (1901) de Joaquín Costa.

 

35

Gimeno realizó varios esbozos biográficos encomiásticos de Isabel la Católica, un personaje que le permitía subrayar la unión entre religión y monarquía para ofrecer un retrato histórico que aunaba ideales de progreso, imperio y religiosidad. Se hace palpable en los textos una visión nostálgica de este periodo interpretado como una época de despegue nacional que evidencia cierta añoranza de la pasada grandeza imperial: «Inconmensurable es el pedestal histórico sobre el que grandiosos sucesos sincrónicos colocaron a esta reina, encarnación de nuestro glorioso pasado. Pertenece a esa época en que, cayendo desmoronado todo lo caduco, se abrió senda al progreso, desenvolviéndose el espíritu nacional en importantes conquistas científicas, políticas y navales» (1907a: 36). Esta actitud no es atípica en su contexto histórico y literario pues en ese momento se ensalza con frecuencia la figura de la reina Isabel y autores como Modesto Lafuente en su Historia general de España la interpretan en términos idénticos, lo que demuestra el atractivo simbólico que poseía en una época marcada por la crisis y los resquemores asociados al desastre noventayochista.

 

36

La ideología monárquica de Gimeno se hace presente en su reiterada alusión a miembros de la familia real borbónica. El ensayo La mujer española está dedicado al rey Alfonso XII, de quien la autora dice haber recibido «halagadores elogios» (1877: 7). Para Gimeno los sentimientos monárquicos y el proyecto feminista eran perfectamente compatibles y, en este sentido, se manifestaba contraria a la Ley Sálica que hacía prevalecer los derechos hereditarios de los hombres (1891: 20). En Mujeres de regia estirpe aparece una semblanza de las mujeres de la monarquía española del período: las infantas Isabel, Paz, Eulalia y María Teresa de Borbón, así como las reinas María Cristina y Victoria Eugenia. Todas ellas están retratadas como mujeres inteligentes destacándose tanto el talento de las infantas como su labor de apoyo a la cultura. La escritora dedica a la infanta Eulalia de Borbón su breve ensayo El problema feminista y la identifica con los ideales del feminismo y la modernidad, una estrategia textual que le permitía afianzar su proyecto feminista al presentarse éste auspiciado y favorecido por una mujer de la realeza española: «Al tener s.a. la feliz idea de honrar con su presencia mi disertación en el Ateneo, asociándose entusiásticamente a la manifestación feminista, demostró que su elevado espíritu se halla abierto a los modernos ideales» (1903: 4), lo que evidencia su capacidad para encontrar apoyos prestigiosos que pudieran impulsar la causa de la mujer.